08 Febrero 2006 Seguir en 

Cuando el niño pierde interés en el aprendizaje y nada lo motiva en el aula, hay que buscar los motivos. Por lo general, la vida vertiginosa que llevan los adultos en estos tiempos influye tanto en el rendimiento intelectual como en el campo laboral. Una alimentación deficiente, no dormir ni descansar bien, mantener horarios desordenados para las actividades y el abuso con celulares y computadoras pueden conducir al fracaso en la escuela y hasta en la universidad, ya que favorecen la dispersión, el cansancio, la falta de sentido común y hasta de razonamiento, según especialistas en el tema.
La tecnología y el comer y el dormir mal afectan el razonamiento y el sentido común. Pueden ser causa del fracaso escolar y laboral, y también de la falta de concentración y memorización en los adultos.
Si hay que hablar de cansancio y bajo rendimiento, primero habría que enumerar los elementos que hacen posible el cansancio para luego formular sus consecuencias. El agotamiento mental, como se suele denominar, es consecuencia del trajín diario.
En la vida escolar, el razonamiento suele estar agazapado pero sin lanzarse. Suele estar latente, quieto, a la espera, no sólo por el bagaje de herramientas que pueden reemplazarlo (y de hecho lo hacen): a veces también por la imposibilidad de contar en casa con un adulto para que guíe las tareas escolares. O, en el caso de los estudiantes adultos, de contar con tiempo de dedicación que le permita la preparación de las materias.
Tentaciones que desvelan
Hay que ir paso a paso para llegar al nudo que hace eclosión y desencadena una catarsis de problemas como somnolencia en el aula, falta de atención, errores inconcebibles, tropezones, caídas e irritabilidad en el carácter, que explican el bajo rendimiento.
Las calculadoras pueden reemplazar la resolución de una consigna a partir del razonamiento lógico; las páginas web descartan la búsqueda e investigación de material para la preparación de trabajos prácticos. Y la información ya elaborada en páginas de Internet no estimula la redacción ni la lectura, consecuencia nefasta para mejorar escritura y faltas de ortografía. Así es posible pasar por los programas de idiomas en la computadora y todo el abanico que hoy posee el campo informático, hasta llegar a los celulares tan sufribles para maestros y profesores, que cada día tienen más funciones. Estas herramientas escolares hasta son atractivas y se vuelven un pasatiempo, pero serían las causantes del desvelo de los niños en edad escolar.
No significa perder tiempo
"Hay una concepción social relacionada con el sueño, y es la que considera que dormir es perder el tiempo. Gran error ?señala Margarita Blanco, jefa de Neurofisiología Clínica y Medicina del Sueño del Hospital Francés y directora médica del Club del Sueño de la Fundación Thomson, ubicado en la Ciudad de Buenos Aires. "El sueño es la tercera parte de nuestra vida. Es necesario dormir para poder seguir despierto", afirma
"La mayor parte de la población laboral, y mucho peor si es estudiante porque vuelve muy tarde a su casa, pasa el día casi en ayunas, con un cortado y galletitas. No comen al mediodía porque temen tener luego sueño o porque el presupuesto no les alcanza. Ingieren cualquier cosa para engañar al estómago y dejan la comida para la casa."
En el modelo de vida cotidiana que se describió y que llevan niños y adultos, la comida importante y suculenta, entonces, tiene lugar a la noche. Luego se acuestan después de cenar y duermen con pesadillas; es decir, no han podido ser recuperadas las horas de sueño que necesita un adulto (de 6 a 8 horas, depende del organismo) para recobrar energías y subirse nuevamente al ring del mercado laboral.
Un contexto que no ayuda
"Parto diciendo que la educación sufre una gran crisis. Está surcando una de las etapas más deficitarias que se ha visto ?comenta desde un principio Blanco?. Los chicos, principalmente, no saben estudiar o cada vez cuesta más hacerlo. Cuesta concentrarse, aplicar el razonamiento o el sentido común. La informática o las herramientas tecnológicas reemplazan la voluntad propia del niño para resolver cualquier problema intelectual por sí mismo. La época de la comodidad puede ser positiva para el estímulo pero decadente en las capacidades ?opina?; les quita a nuestros estudiantes toda capacidad de razonar, reflexionar y resolver".
Falta de organización
A esto se agregaría, según indica, el horario de entrada: "En otros países el horario de entrada es a las nueve. No se elige el horario al azar: se ha comprobado que los niños no pueden reaccionar hasta las 9 de la mañana ?asegura la neuróloga?. Todo el contenido que se predica con anterioridad a esta hora, es vacío."
"Ahí hay un desorden que se promueve desde la falta de organización institucional de la educación, más aún en esta época que existen una gran cantidad de actividades informáticas que los mantienen despierto hasta pasado la medianoche", sostiene.Ante la presión que impone el trabajo, entre otras cosas, y las exigencias que cada uno se impone para superarse, se reducen las horas de sueño, se desorganizan los horarios de comida o directamente hay comidas que se suprimen. Por ende, el rendimiento baja. Acomodar las actividades que tiene una persona que trabaja y estudia es el problema de la sociedad actual.
La vida desordenada baja el rendimiento intelectual
La tecnología y el comer y el dormir mal afectan el razonamiento y el sentido común. Pueden ser causa del fracaso escolar y laboral, y también de la falta de concentración y memorización en los adultos.
Si hay que hablar de cansancio y bajo rendimiento, primero habría que enumerar los elementos que hacen posible el cansancio para luego formular sus consecuencias. El agotamiento mental, como se suele denominar, es consecuencia del trajín diario.
En la vida escolar, el razonamiento suele estar agazapado pero sin lanzarse. Suele estar latente, quieto, a la espera, no sólo por el bagaje de herramientas que pueden reemplazarlo (y de hecho lo hacen): a veces también por la imposibilidad de contar en casa con un adulto para que guíe las tareas escolares. O, en el caso de los estudiantes adultos, de contar con tiempo de dedicación que le permita la preparación de las materias.
Tentaciones que desvelan
Hay que ir paso a paso para llegar al nudo que hace eclosión y desencadena una catarsis de problemas como somnolencia en el aula, falta de atención, errores inconcebibles, tropezones, caídas e irritabilidad en el carácter, que explican el bajo rendimiento.
Las calculadoras pueden reemplazar la resolución de una consigna a partir del razonamiento lógico; las páginas web descartan la búsqueda e investigación de material para la preparación de trabajos prácticos. Y la información ya elaborada en páginas de Internet no estimula la redacción ni la lectura, consecuencia nefasta para mejorar escritura y faltas de ortografía. Así es posible pasar por los programas de idiomas en la computadora y todo el abanico que hoy posee el campo informático, hasta llegar a los celulares tan sufribles para maestros y profesores, que cada día tienen más funciones. Estas herramientas escolares hasta son atractivas y se vuelven un pasatiempo, pero serían las causantes del desvelo de los niños en edad escolar.
No significa perder tiempo
"Hay una concepción social relacionada con el sueño, y es la que considera que dormir es perder el tiempo. Gran error ?señala Margarita Blanco, jefa de Neurofisiología Clínica y Medicina del Sueño del Hospital Francés y directora médica del Club del Sueño de la Fundación Thomson, ubicado en la Ciudad de Buenos Aires. "El sueño es la tercera parte de nuestra vida. Es necesario dormir para poder seguir despierto", afirma
"La mayor parte de la población laboral, y mucho peor si es estudiante porque vuelve muy tarde a su casa, pasa el día casi en ayunas, con un cortado y galletitas. No comen al mediodía porque temen tener luego sueño o porque el presupuesto no les alcanza. Ingieren cualquier cosa para engañar al estómago y dejan la comida para la casa."
En el modelo de vida cotidiana que se describió y que llevan niños y adultos, la comida importante y suculenta, entonces, tiene lugar a la noche. Luego se acuestan después de cenar y duermen con pesadillas; es decir, no han podido ser recuperadas las horas de sueño que necesita un adulto (de 6 a 8 horas, depende del organismo) para recobrar energías y subirse nuevamente al ring del mercado laboral.
Un contexto que no ayuda
"Parto diciendo que la educación sufre una gran crisis. Está surcando una de las etapas más deficitarias que se ha visto ?comenta desde un principio Blanco?. Los chicos, principalmente, no saben estudiar o cada vez cuesta más hacerlo. Cuesta concentrarse, aplicar el razonamiento o el sentido común. La informática o las herramientas tecnológicas reemplazan la voluntad propia del niño para resolver cualquier problema intelectual por sí mismo. La época de la comodidad puede ser positiva para el estímulo pero decadente en las capacidades ?opina?; les quita a nuestros estudiantes toda capacidad de razonar, reflexionar y resolver".
Falta de organización
A esto se agregaría, según indica, el horario de entrada: "En otros países el horario de entrada es a las nueve. No se elige el horario al azar: se ha comprobado que los niños no pueden reaccionar hasta las 9 de la mañana ?asegura la neuróloga?. Todo el contenido que se predica con anterioridad a esta hora, es vacío."
"Ahí hay un desorden que se promueve desde la falta de organización institucional de la educación, más aún en esta época que existen una gran cantidad de actividades informáticas que los mantienen despierto hasta pasado la medianoche", sostiene.Ante la presión que impone el trabajo, entre otras cosas, y las exigencias que cada uno se impone para superarse, se reducen las horas de sueño, se desorganizan los horarios de comida o directamente hay comidas que se suprimen. Por ende, el rendimiento baja. Acomodar las actividades que tiene una persona que trabaja y estudia es el problema de la sociedad actual.
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