Cómo se hace para recordar y olvidar

Una investigación acerca del funcionamiento de la memoria detalla que esta se activa con los objetos que aparecen en los alrededores y que están ligados a la experiencia original.

25 Enero 2006
Muchas psicoterapias se han valido del recuerdo como herramienta fundamental. Antes de Sigmund Freud se buscaba la cura induciendo la vuelta de los recuerdos reprimidos mediante hipnosis. Después, el médico vienés descubrió que esto era posible también sin recurrir a esa técnica: el ejercicio de recordar, por sí solo, puede tener importantes efectos terapéuticos al hacer consciente lo que permanecía olvidado, pero "guardado" en el inconsciente. Así creó el psicoanálisis.También el filósofo alemán Friedrich Nietzsche se había referido a la relación entre el recuerdo, el olvido y la salud en su Genealogía de la Moral. Y no hay que olvidar al Martín Fierro, quien sagazmente advertía que este mecanismo no es zonzo, porque "olvidar lo malo también es tener memoria".
Pero cuando las fallas en la memoria pueden transformarse realmente en un problema, se ponen otro tipo de esperanzas en encontrar los mecanismos biológicos de los que depende. Un equipo de neurocientíficos de la Universidad de Princeton, en Estados Unidos, afirma haber descubierto el mecanismo de las conexiones que se establecen en el cerebro cada vez que se hace el esfuerzo por recordar algo. En el Health Day News, una publicación de novedades médicas de ese país, donde se anunció este supuesto hallazgo, los especialistas sostienen que a través de la investigación será posible algún día "ayudar a las personas con problemas de memoria, como los que causa la enfermedad de Alzheimer".
"Nuestra meta es entender lo que en realidad sucede en el cerebro cuando se rememoran eventos pasados", expresó el profesor asistente de Psicología de la universidad, Kenneth Norman, quien fue autor principal del informe que dio cuenta del descubrimiento, publicado a su vez en la edición del 23 de diciembre pasado de la revista Science.
Así fue como, convencido de que "mientras mejor entendamos cómo funciona eso cuando da resultados, mejor podremos comprender qué va mal con las personas cuando el proceso no tiene éxito", Norman y sus colaboradores se pusieron a estudiar los mapas de actividad cerebral de nueve personas.
Una de las conclusiones centrales del estudio de Norman fue que lo que uno intenta hacer cuando recuerda, es rescatar el estado mental que tenía durante aquella experiencia original.Durante la experiencia, los investigadores hicieron que los voluntarios miraran tres conjuntos de fotos: uno con caras famosas, otro con lugares reconocidos y, por último, objetos comunes. Mientras tanto, un programa de computadora registraba sus patrones de actividad cerebral.
Cuando a las personas se les pidió, después, que recordaran sin ver determinados objetos específicos de los que se les habían mostrado, se vio que los mapas de las zonas activas de sus cerebros tendían a tomar gradualmente las mismas formas que cuando habían estado viendo la fotografía correspondiente a ese objeto.
Los investigadores de Princeton dieron un paso más y, a la manera de quien busca leer los pensamientos del otro, lograron mediante exploraciones "segundo a segundo" predecir el tipo de objeto en el que un voluntario pensaría después. "Esto nos da una nueva herramienta para entender cómo la gente normal reconstruye los recuerdos", aseguró Norman.
"Lo más importante que hemos aprendido es que lo que uno puede extraer de la memoria se encuentra muy influido por las cosas que están a nuestro alrededor, como toparse con un objeto viejo, o recordar un lugar", puntualizó, agregando que esperan dar un paso más en sus investigaciones: el de comprender la información que la gente usa para sacudir recuerdos perdidos.

Las huellas más viejas están en los 4 años
¿Cuál es el recuerdo más antiguo que una persona adulta es capaz de tener? Lo más probable es que se ubique alrededor de los 4 años. ¿Y un niño? El primer estudio sistemático que se realizó para responder estas preguntas, que dio sus primeros resultados sobre fines del año pasado, afirmó que en principio no habría demasiada diferencia entre el recuerdo más antiguo de un adulto y el de un niño de 10 años, ya que para estos últimos, sus memorias preescolares ya se habrían desvanecido.A esta conclusión arribó la psicóloga canadiense Carole Peterson, de la Universidad Conmemorativa de Terranova.
Peterson afirmó que su estudio ?realizado con 136 niños entre los 6 y 19 años de edad? ahonda el misterio alrededor de la amnesia infantil, esa imposibilidad de los adultos para recordar sucesos anteriores a los cuatro años.
Los niños de 3 y 4 años recuerdan fácilmente eventos de su segundo año de vida. Sin embargo, para cuando los niños tienen 10 años, esas memorias tempranas han desaparecido, señala Peterson, quien sin embargo reconoció que no tiene ningún modelo para explicar este fenómeno que describe.
La investigadora cree entonces que los padres pueden influir sobre los recuerdos que quedarán marcados de por vida, ya que mientras más hablan los padres con sus niños sobre experiencias particulares, más probable sería que ese "refuerzo verbal" ayude a preservar las memorias iniciales. Sin embargo, afirma: "esto no resuelve el misterio de por qué algo que uno podía recordar y comentar en una etapa desaparece más adelante".

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