25 Enero 2006 Seguir en 

Médicos que estudian la epidemiología de los accidentes han elaborado una serie de recaudos para que tanto los niños como los adultos tengan en cuenta si van a bañarse en la playa del mar o en el río. Las claves: conocer el lugar y no quedarse nunca solo.
Las aguas naturales del mar, del río o de un arroyo, a veces demasiado impetuosas o caprichosas, requieren un poco más de experiencia y de cuidados que las tranquilas aguas de una pileta para darse un chapuzón. Al riesgo de las correntadas se suma la posibilidad de picaduras o mordeduras de animales o de cortaduras o lastimaduras con objetos arrastrados por la corriente. Por eso, se recomienda tener la vacuna antitetánica al día.
A la recomendación de aprender a nadar se agrega saber respetar las fuerzas de la naturaleza. Para prevenir accidentes al bañarse en el mar o en el río, la regla de oro es no estar nunca solo cuando se está en el agua.
En segundo lugar, está la necesidad de averiguar, conocer y evaluar los riesgos que presenta el lugar particular donde uno va a bañarse: pozos, piedras, plantas (que pueden no verse desde fuera de la superficie), remolinos, correntadas, inclusive la temperatura del agua.
Aún cuando todo esto sea controlado, existe una tercera regla fundamental: "No sobrevalorar las capacidades personales", sentencia Alberto Iñón, pediatra del Hospital Italiano de Buenos Aires.
Los datos disponibles del año 2003 del Estadísticas Vitales del Ministerio de Salud y Ambiente de la Nación revelan que en el país, sobre 18.953 muertes debidas a "lesiones por causas externas" ?las que genéricamente se denominan accidentes?, el 4% fue por ahogamiento accidental. "Si tomamos el porcentual de muertes por esta causa entre el año de vida y los 24 años, esta cifra sube al 7,5% ?alerta el médico?. Y si consideramos la franja entre 1 a 4 años, la cifra es del 27%".
Las aguas naturales del mar, del río o de un arroyo, a veces demasiado impetuosas o caprichosas, requieren un poco más de experiencia y de cuidados que las tranquilas aguas de una pileta para darse un chapuzón. Al riesgo de las correntadas se suma la posibilidad de picaduras o mordeduras de animales o de cortaduras o lastimaduras con objetos arrastrados por la corriente. Por eso, se recomienda tener la vacuna antitetánica al día.
A la recomendación de aprender a nadar se agrega saber respetar las fuerzas de la naturaleza. Para prevenir accidentes al bañarse en el mar o en el río, la regla de oro es no estar nunca solo cuando se está en el agua.
En segundo lugar, está la necesidad de averiguar, conocer y evaluar los riesgos que presenta el lugar particular donde uno va a bañarse: pozos, piedras, plantas (que pueden no verse desde fuera de la superficie), remolinos, correntadas, inclusive la temperatura del agua.
Aún cuando todo esto sea controlado, existe una tercera regla fundamental: "No sobrevalorar las capacidades personales", sentencia Alberto Iñón, pediatra del Hospital Italiano de Buenos Aires.
Los datos disponibles del año 2003 del Estadísticas Vitales del Ministerio de Salud y Ambiente de la Nación revelan que en el país, sobre 18.953 muertes debidas a "lesiones por causas externas" ?las que genéricamente se denominan accidentes?, el 4% fue por ahogamiento accidental. "Si tomamos el porcentual de muertes por esta causa entre el año de vida y los 24 años, esta cifra sube al 7,5% ?alerta el médico?. Y si consideramos la franja entre 1 a 4 años, la cifra es del 27%".
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