
El sistema nervioso central (SNC) es el responsable del equilibrio. Para mantenerse erguido y equilibrado, el sistema nervioso recibe información del exterior a través de los ojos, oídos, músculos, huesos y articulaciones. Esta información es analizada e interpretada por el cerebro, dándole al cuerpo referencias sobre su posición en el espacio. De esta manera, aunque uno no esté mirando sus pies o sus manos en este momento, sabe perfectamente en qué posición los tiene. En síntesis, el equilibrio se da cuando el SNC lee correcta y sincronizadamente la información que recibe del exterior.
Pero el sistema del equilibrio puede alterarse temporalmente si estas señales del exterior transmiten información confusa al SNC.
Cuando, por ejemplo, se viaja en un medio de transporte terrestre estando sentados, los ojos aportan diferentes datos sobre el exterior, ya que los objetos que se observan se mueven a gran velocidad. Esto crea confusión entre los sistemas de orientación (vista, oído, huesos y músculos), haciendo que los datos que llegan al cerebro no puedan ser interpretados de forma normal y parezcan incoherentes.
Esta "confusión" se manifiesta a través de la aparición de síntomas como mareos, náuseas, vómitos, palidez, malestar general, incremento en la salivación y sudoración.
Existen medidas que pueden adoptarse para evitar estas sensaciones desagradables; de todos modos, se recomienda consultar siempre al médico.
Las principales claves
Minimizar la exposición al movimiento colocándose en el lugar más estable del medio de transporte (por ejemplo, la parte media del barco, las alas del avión).
Restringir los movimientos de la cabeza y el cuello durante el viaje, por ejemplo, colocando una almohadilla alrededor del cuello.
Evitar la lectura durante el viaje.
Mantener la mirada fija en el horizonte, evitar observar los objetos en movimiento.
Asegurar una buena ventilación permitiendo la entrada de aire fresco durante el viaje.
Evitar el exceso de alimentos antes del viaje o durante el mismo. El alcohol y el tabaco incrementan las posibilidades de padecer los síntomas.
Consumir pequeñas cantidades de líquidos y comidas ligeras.
Existen medicamentos disponibles, aprobados para ser utilizados para la prevención o el tratamiento de la enfermedad del movimiento. La necesidad de implementar un tratamiento, al igual que la elección adecuada de acuerdo a cada caso en particular, queda a criterio del médico. (Especial)







