21 Diciembre 2005 Seguir en 

De la capacitación para la atención de las urgencias dependerá la suerte, la evolución y, en muchos casos, la propia vida de las personas afectadas. En el último congreso de Emergentología, precisamente, se insistió en la necesidad de que los contenidos de esta disciplina sean incluidos como especialidad en el pregrado de las carreras de medicina.Cómo enfrentar las consecuencias de los accidentes, catástrofes y atentados con mayor calidad de asistencia sanitaria fue el tema preponderante de este XIX Congreso Argentino de Patología de Urgencia y Emergentología, que sesionó recientemente en la ciudad de Buenos Aires.
La preocupación no es menor. Tan sólo en la capital argentina, los accidentes de tránsito aumentaron un 15% en el transcurso del primer trimestre de este año en comparación con el mismo período de 2004. "En sus horas pico, circulan alrededor de 6 millones de personas y las emergencias no son sólo traumas, sino infartos, paros cardíacos o accidentes muy graves. Por lo tanto, la preparación del médico que atendien de esas situaciones es fundamental", sostiene Hugo García, especializado en cirugía de urgencia y presidente del congreso, que fue organizado por la Sociedad Argentina de Patología de Urgencia y Emergentología (Sapue).
En general, el médico emergentólogo que va en la ambulancia a buscar a los heridos es joven y tiene poca experiencia. "De cómo se le den los primeros auxilios dependerá la evolución que tenga en el hospital", declara García, agregando que "si no sabe cómo hacerlo sobrevivir, nada podemos hacer en el hospital".
Esa es la razón por la cual buscan introducir la especialidad en las facultades de Medicina que todavía no la incluyen: "esto se acelera con Cromañón, pero nosotros ya tuvimos los accidentes de Lapa y Austral", recuerda el entrevistado.
García opina que falta prevención y planes de evacuación y, consecuentemente, no hay práctica de simulación de situaciones de emergencia. Pero el trauma es apenas uno de los posibles casos de emergencia: "un choque, un descarrilamiento o una explosión, causan impresión y por eso, tienen más prensa. El otro gran grupo está formado por los accidentes cerebrovasculares. Es en los momentos iniciales cuando nosotros tenemos que agudizar la sospecha. Hay indicios -la edad de la persona, el peso, el aliento- para sospechar que el paciente pueda tener hipertensión o ser diabético, fumador o alcohólico", precisó García.
También subrayó que el emergentólogo tiene que ser muy sagaz para intuir una arritmia cardíaca, un infarto o una intoxicación por consumo de droga, en el caso de un desvanecimiento en la calle. "La alarma y la desconfianza inicial rápida -señaló el cirujano- es imprescindible para un diagnóstico certero."En los cursos prácticos de resucitación se enseña a los profesionales la manera de sacar las prótesis dentales, de masajear el corazón y de hacer la respiración boca a boca, o de inmovilizar una fractura con lo que se tiene a mano.
El alto grado de exposición legal que enfrentan los médicos en los servicios de urgencia es otro de los temas que atañen a esta especialidad. "Como en la guardia hay mucho que resolver, se escribe poco", dice García. El caso parece ser que después, quienes se atendieron declaran detalles que no se tuvieron en cuenta en la vorágine y los abogados juzgan de acuerdo con lo que queda documentado.
La preocupación no es menor. Tan sólo en la capital argentina, los accidentes de tránsito aumentaron un 15% en el transcurso del primer trimestre de este año en comparación con el mismo período de 2004. "En sus horas pico, circulan alrededor de 6 millones de personas y las emergencias no son sólo traumas, sino infartos, paros cardíacos o accidentes muy graves. Por lo tanto, la preparación del médico que atendien de esas situaciones es fundamental", sostiene Hugo García, especializado en cirugía de urgencia y presidente del congreso, que fue organizado por la Sociedad Argentina de Patología de Urgencia y Emergentología (Sapue).
En general, el médico emergentólogo que va en la ambulancia a buscar a los heridos es joven y tiene poca experiencia. "De cómo se le den los primeros auxilios dependerá la evolución que tenga en el hospital", declara García, agregando que "si no sabe cómo hacerlo sobrevivir, nada podemos hacer en el hospital".
Esa es la razón por la cual buscan introducir la especialidad en las facultades de Medicina que todavía no la incluyen: "esto se acelera con Cromañón, pero nosotros ya tuvimos los accidentes de Lapa y Austral", recuerda el entrevistado.
García opina que falta prevención y planes de evacuación y, consecuentemente, no hay práctica de simulación de situaciones de emergencia. Pero el trauma es apenas uno de los posibles casos de emergencia: "un choque, un descarrilamiento o una explosión, causan impresión y por eso, tienen más prensa. El otro gran grupo está formado por los accidentes cerebrovasculares. Es en los momentos iniciales cuando nosotros tenemos que agudizar la sospecha. Hay indicios -la edad de la persona, el peso, el aliento- para sospechar que el paciente pueda tener hipertensión o ser diabético, fumador o alcohólico", precisó García.
También subrayó que el emergentólogo tiene que ser muy sagaz para intuir una arritmia cardíaca, un infarto o una intoxicación por consumo de droga, en el caso de un desvanecimiento en la calle. "La alarma y la desconfianza inicial rápida -señaló el cirujano- es imprescindible para un diagnóstico certero."En los cursos prácticos de resucitación se enseña a los profesionales la manera de sacar las prótesis dentales, de masajear el corazón y de hacer la respiración boca a boca, o de inmovilizar una fractura con lo que se tiene a mano.
El alto grado de exposición legal que enfrentan los médicos en los servicios de urgencia es otro de los temas que atañen a esta especialidad. "Como en la guardia hay mucho que resolver, se escribe poco", dice García. El caso parece ser que después, quienes se atendieron declaran detalles que no se tuvieron en cuenta en la vorágine y los abogados juzgan de acuerdo con lo que queda documentado.







