07 Diciembre 2005 Seguir en 

"Las técnicas corporales buscan aumentar la capacidad de las personas para aprender sobre ellas mismas, mejorar sus posibilidades aprendiendo a usar más de sí mismo, conocer los hábitos y a través de ello generar nuevas oportunidades que amplían el repertorio de sus movimientos pero también su capacidad de pensar y pensarse a sí mismos", define la profesora del método Graciela Orfeo cuando se le pregunta por los objetivos generales de la disciplina que practica.
Quienes más concurren son bailarines, deportistas, señoras con dolor de cervicales, ancianos a quienes les contaron que pueden recuperar movimientos, acostarse o volver a sentarse en el piso, y niños a los que sus padres mandan por problemas posturales. En general, se los separa por grupos según los intereses que persigan.
También hacen Feldenkrais personas con lesiones severas, hemiplejias, parálisis cerebral, problemas ortopédicos severos, escoliosis graves, a quienes les facilita mucho su vida cotidiana. Girar la cabeza para mirar hacia un costado -en la posición en que se esté, llegando hasta donde se pueda sin forzar- puede suponer una operación muy sencilla. Luego de repetirla lentamente, se puede probar mirando hacia el otro lado, un par de veces también. ¿Hacia cuál de ambos lados resulta más fácil? ¿Es fácil darse cuenta? No sólo no es habitual, sino que además suele haber un gran potencial de movimientos desaprovechado en cada persona? Las ventajas de descubrirlo pueden ocasionar desde la simple satisfacción hasta posibilidades terapéuticas específicas para un mal que la aqueja.
Atienden particularidades He aquí algunas claves recomendadas por los especialistas:
Los movimientos de cada persona no tienden a un ideal, sino que atienden a las particularidades de cada persona, sean cuales sean su edad, su contextura o sus limitaciones actuales.
Cuanto menos esfuerzo insume un movimiento, será más fácil darse cuenta de cuándo va cambiando la calidad del movimiento.
Llevar un esfuerzo al límite implica que no exista la posibilidad de hacer otra cosa, disminuye la libertad de movimiento.
Nadie deja de mover algo porque lo decida, sino como mecanismo de defensa adquirido a lo largo de la vida y transformado en hábito. Pero esos mecanismos, en algún momento, suelen dejar de ser útiles, quedando sólo el hábito.
No hay una meta para alcanzar : lo más importante es sentir el proceso por el que cada cual va pudiendo mejorar sus movimientos.
El docente no interpreta los procesos particulares que va atravesando cada alumno. Cada cual sabe qué parte de sí mismo está involucrando en cada actividad o técnica.
Quienes más concurren son bailarines, deportistas, señoras con dolor de cervicales, ancianos a quienes les contaron que pueden recuperar movimientos, acostarse o volver a sentarse en el piso, y niños a los que sus padres mandan por problemas posturales. En general, se los separa por grupos según los intereses que persigan.
También hacen Feldenkrais personas con lesiones severas, hemiplejias, parálisis cerebral, problemas ortopédicos severos, escoliosis graves, a quienes les facilita mucho su vida cotidiana. Girar la cabeza para mirar hacia un costado -en la posición en que se esté, llegando hasta donde se pueda sin forzar- puede suponer una operación muy sencilla. Luego de repetirla lentamente, se puede probar mirando hacia el otro lado, un par de veces también. ¿Hacia cuál de ambos lados resulta más fácil? ¿Es fácil darse cuenta? No sólo no es habitual, sino que además suele haber un gran potencial de movimientos desaprovechado en cada persona? Las ventajas de descubrirlo pueden ocasionar desde la simple satisfacción hasta posibilidades terapéuticas específicas para un mal que la aqueja.
Los movimientos de cada persona no tienden a un ideal, sino que atienden a las particularidades de cada persona, sean cuales sean su edad, su contextura o sus limitaciones actuales.
Cuanto menos esfuerzo insume un movimiento, será más fácil darse cuenta de cuándo va cambiando la calidad del movimiento.
Llevar un esfuerzo al límite implica que no exista la posibilidad de hacer otra cosa, disminuye la libertad de movimiento.
Nadie deja de mover algo porque lo decida, sino como mecanismo de defensa adquirido a lo largo de la vida y transformado en hábito. Pero esos mecanismos, en algún momento, suelen dejar de ser útiles, quedando sólo el hábito.
No hay una meta para alcanzar : lo más importante es sentir el proceso por el que cada cual va pudiendo mejorar sus movimientos.
El docente no interpreta los procesos particulares que va atravesando cada alumno. Cada cual sabe qué parte de sí mismo está involucrando en cada actividad o técnica.
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