La compulsión por el juego es peor que la adicción

Sostienen que el cerebro funciona diferente. Control de impulsos

30 Noviembre 2005
Con el aporte de técnicas de neuroimágenes y un mayor conocimiento de la actividad de los neurotransmisores, se está descubriendo una diferencia en el funcionamiento del sistema de recompensas cerebral entre los jugadores compulsivos y los ocasionales. La investigadora Marianne Szegedy Maszak, autora de un trabajo titulado "En las garras del juego", publicado recientemente por el Consejo del Juego Responsable de Toronto (Ontario, Canadá), reafirma que más que una adicción ?como podría ser, por ejemplo, el alcoholismo?, el juego compulsivo es un desorden en el control de los impulsos.En su trabajo incluye esta cita de Timothy Fong, psiquiatra y codirector del Programa de Estudio sobre el Juego de la Universidad de Los Angeles: "estamos descubriendo que el juego patológico es una enfermedad mental". Y también, una duda: "No sabemos si los jugadores compulsivos nacieron con una predisposición genética o si la desarrollaron al excederse con el juego". Asimismo, entre las declaraciones de Jon Grant, profesor universitario de psiquiatría, especialista en el tema y autor del libro "Stop Me Because I Can't Stop Myself" ?"Deténganme porque no puedo detenerme"?, reproduce la siguiente: "El cerebro puede ser adicto a cualquier cosa que nos otorgue recompensa; y si la percibimos muy placentera, la haremos una y otra vez. Aun cuando pierden todo el dinero y sus tarjetas de crédito, los jugadores compulsivos describen un deseo insaciable, superior al que refieren los drogadictos."
A partir del estudio de las neuroimágenes obtenidas en las resonancias magnéticas funcionales hechas durante un juego de cartas "virtual" a personas con compulsión al juego, comparadas con las de personas que no la padecen, se observó que se activaba un área del cerebro que se relaciona con el placer y la búsqueda de recompensas. Se vio así que la experiencia del placer era mucho menos pronunciada en los jugadores patológicos. Y se comprobó que cuanto más serio era su problema con el juego, menos se activaba la región.
También menciona una investigación presentada en la Academia Americana de Neurología, donde se mostró que el circuito cerebral que relaciona la inhibición con el autocontrol estaba profundamente dañado en los jugadores patológicos. De ahí se concluiría que estos deterioros impiden comprender cabalmente la diferencia entre "recompensa a corto plazo" y "consecuencias negativas a largo plazo". Maszak también cita estudios que muestran diferencias en la estructura del gen receptor de la dopamina entre jugadores compulsivos y no-jugadores: los compulsivos necesitarían más dopamina para sentir satisfacción: "Cuando el juego es el gatillo para el torrente de dopamina, se crea un círculo vicioso", indica la investigadora.
Mientras muchos aún esperan que mayores conocimientos de la neurobiología puedan conducir a tratamientos más efectivos, las terapias cognitivas orientadas a controlar los impulsos, entre otras, son exitosas cuando una persona decide pedir ayuda. El trabajo de Maszak cita como droga promisoria al naltrexone, un opioide antagonista de la dopamina, que reduciría la urgencia de jugar. No obstante, señala que los efectos colaterales suelen ser desagradables y hasta puede resultar tóxica para el hígado.
Según Richard Rosenthal, director del Programa de Estudios sobre el Juego de la Universidad de Los Ángeles, dice que "la medicación debería ser considerada como un complemento del tratamiento de los jugadores compulsivos", pero que "la mayoría puede ser tratada con éxito sin ella".
La psiquiatra Marcela Waisman Campos, coordinadora del Programa de Adicciones del Hospital de Clínicas José de San Martín de Buenos Aires, sostiene que os jugadores compulsivos, al igual que los que abusan de sustancias, se curan. Reconoce que hay alteraciones a nivel de algunas zonas cerebrales, que tendrían un cierto déficit de actividad por falta de dopamina y necesitarían más satisfacción para obtener el mismo nivel de placer que los demás.

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