16 Noviembre 2005 Seguir en 

La hepatitis C (diferente a la A y B) es una infección del hígado causada por el virus C. Se trata de una de las principales causas de la hepatopatía crónica. El infectado puede no tener síntomas, pero es potencialmente capaz de trasmitir la afección a través del semen, y falta determinar si también se contagia con la saliva o con la leche materna. Pero la gran cantidad de infectados que hay ha sido por transfusiones de sangre contaminada con el virus C. Son grupos de riesgo los que usan drogas inyectables, los pacientes en hemodiálisis y los profesionales de la salud. El mal fue reconocido en los ?70, y a fines de los ?80 se identificó el virus que causa infecciones crónicas, y se relaciona con la cirrosis y el carcinoma hepatocelular.
Desde los ?80, las infecciones nuevas por año, que por entonces eran 240.000, habían bajado en 2001 a 25.000 (casi el 10%). Esto se debe a que en aquella década no había ciertos criterios de seguridad para las transfusiones. Las medidas de seguridad surgieron a raíz de la epidemia de sida, porque los infectados con hepatitis C corren el riesgo de contraer el virus de la hepatitis B y el HIV, porque el contagio es similar. Más de un 70% de las personas con el virus C de la hepatitis desarrolla insuficiencia hepática, proporción que aumenta en los coinfectados con HIV. Los casos crónicos que evolucionan desfavorablemente -un 20%- pueden llegar a una cirrosis hepática, cuya única posibilidad de sobrevida es el trasplante. Hasta la fecha no hay vacuna para la hepatitis C, y las terapias se basan en la administración de drogas del tipo de la ribavirina y del interferón, que cumple función antiviral e inmunomoduladora.
Precisamente, la gran urgencia que hay por implementar la cobertura del diagnóstico y tratamiento de los pacientes con hepatitis C, se debe a la reducción de la mortalidad asociada al HIV. A raíz de la solicitud de personas infectadas por el virus, el Defensor del Pueblo de la Nación, Guillermo Mondino, le recomendó al Ministerio de Salud de la Nación "que implemente un programa nacional que cubra los estudios médicos, insumos y drogas para la detección, tratamiento y control de la hepatitis C", y a la Superintendencia de Servicios de Salud, que tal cobertura sea incorporada al Programa Médico Obligatorio (PMO), que hasta ahora no incorpora patologías explícitas, mas allá de las citadas por los Programas Nacionales.
El Defensor del Pueblo solicitó un informe a los responsables del Programa Nacional de Lucha Contra los Retrovirus Humanos/Sida; de la Superintendencia de Servicios de Salud; de los hospitales porteños Muñiz y Fernández; y de la Secretaria de Programas Sanitarios del Ministerio de Salud de la Nación. De tales fuentes surgió que se ha estado trabajando para la incorporación de la medicación necesaria para atender a pacientes con hepatitis C y portadores del HIV ( ambas infecciones suelen presentarse juntas) pero que a nivel general, los pacientes "no acceden a la cobertura integral de estudios y medicamentos para hepatitis C".
"Quienes carecen de obra social tienen como único recurso tramitar un subsidio en el Ministerio de Desarrollo Social, pero este recurso no es válido porque los mencionados subsidios se otorgan ?por única vez?, es decir: no financian la continuidad de un tratamiento médico", señaló el ombudsman nacional. A la vez, hubo reuniones con los dos laboratorios que comercializan el interferón "Es necesario asegurar la sustentabilidad de su entrega, una vez que se incorpore al vademécum", agrega el informe del ombudsman.
Desde los ?80, las infecciones nuevas por año, que por entonces eran 240.000, habían bajado en 2001 a 25.000 (casi el 10%). Esto se debe a que en aquella década no había ciertos criterios de seguridad para las transfusiones. Las medidas de seguridad surgieron a raíz de la epidemia de sida, porque los infectados con hepatitis C corren el riesgo de contraer el virus de la hepatitis B y el HIV, porque el contagio es similar. Más de un 70% de las personas con el virus C de la hepatitis desarrolla insuficiencia hepática, proporción que aumenta en los coinfectados con HIV. Los casos crónicos que evolucionan desfavorablemente -un 20%- pueden llegar a una cirrosis hepática, cuya única posibilidad de sobrevida es el trasplante. Hasta la fecha no hay vacuna para la hepatitis C, y las terapias se basan en la administración de drogas del tipo de la ribavirina y del interferón, que cumple función antiviral e inmunomoduladora.
Precisamente, la gran urgencia que hay por implementar la cobertura del diagnóstico y tratamiento de los pacientes con hepatitis C, se debe a la reducción de la mortalidad asociada al HIV. A raíz de la solicitud de personas infectadas por el virus, el Defensor del Pueblo de la Nación, Guillermo Mondino, le recomendó al Ministerio de Salud de la Nación "que implemente un programa nacional que cubra los estudios médicos, insumos y drogas para la detección, tratamiento y control de la hepatitis C", y a la Superintendencia de Servicios de Salud, que tal cobertura sea incorporada al Programa Médico Obligatorio (PMO), que hasta ahora no incorpora patologías explícitas, mas allá de las citadas por los Programas Nacionales.
El Defensor del Pueblo solicitó un informe a los responsables del Programa Nacional de Lucha Contra los Retrovirus Humanos/Sida; de la Superintendencia de Servicios de Salud; de los hospitales porteños Muñiz y Fernández; y de la Secretaria de Programas Sanitarios del Ministerio de Salud de la Nación. De tales fuentes surgió que se ha estado trabajando para la incorporación de la medicación necesaria para atender a pacientes con hepatitis C y portadores del HIV ( ambas infecciones suelen presentarse juntas) pero que a nivel general, los pacientes "no acceden a la cobertura integral de estudios y medicamentos para hepatitis C".
"Quienes carecen de obra social tienen como único recurso tramitar un subsidio en el Ministerio de Desarrollo Social, pero este recurso no es válido porque los mencionados subsidios se otorgan ?por única vez?, es decir: no financian la continuidad de un tratamiento médico", señaló el ombudsman nacional. A la vez, hubo reuniones con los dos laboratorios que comercializan el interferón "Es necesario asegurar la sustentabilidad de su entrega, una vez que se incorpore al vademécum", agrega el informe del ombudsman.
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