Con gente ignota y también con personajes conocidos

Por Rodolfo Modern. Prosa experimentada, amable y amena, con un contenido que a veces resulta inquietante.

30 Octubre 2005

El autor de este volumen es un hombre viajado, sin duda. Y ya lleva publicados más de quince libros, con premios importantes que han trascendido desde su patria chica, la República Oriental del Uruguay. Un rioplatense, en suma, de los varios que hemos tenido y apreciado. Esta vez nos ofrece una cantidad no despreciable de relatos (o cuentos, tanto da en este caso), que muestran su manejo de una prosa experimentada, amena y amable, aunque el contenido resulte, no en pocas ocasiones, inquietante. Los conflictos de la amistad, el amor, la nostalgia, la melancolía suelen resolverse en una forma más bien difusa, y no siempre Loza Aguerrebere los cierra de un modo definitivo, de modo que muchos finales son abiertos, en beneficio siempre del lector.Hay muertes violentas y otras se insinúan, pero el interés de su lectura no decrece, como si su autor quisiera y supiera sazonar su prosa, que suena asordinada, por un rasgo de estilo seguramente. El autor se muestra dueño de una imaginación copiosa, y los distintos escenarios en que transcurren sus cuentos prestan un peculiar colorido a sus múltiples personajes. Loza Aguerrebere hace transitar por sus páginas a personas ignotas, pero también a personajes conocidos con igual eficacia, y no defrauda.El libro no contiene cuentos flojos, lo que es un mérito; sus influencias no son demasiado perceptibles y, entre los que nos han parecido mejores, se cuentan algunos como el que se relaciona con ese escritor original, también pianista, que se llamó Feliberto Hernández. No se levantará con la fuerza original de un Borges, por ejemplo, pero su presencia es difícil que pase inadvertida en el panorama de nuestra literatura actual. (c) LA GACETA

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