
La frontera se ha convertido, en la historiografía de las últimas décadas, en un recurrente objeto de estudio. Si bien ya desde finales del siglo XIX los investigadores elaboraron diferentes concepciones del término, hace algunos años se comenzó a discutir respecto de los alcances y de las formas de abordaje de esta categoría. En este sentido, el esquema tradicional de "frontera", que generalmente se consideraba un ámbito delimitado con una línea divisoria neta o difusa, fue abordado desde nuevas perspectivas: se la entiende como un espacio de contacto o relación interétnica; de estrategias en relación con la territorialidad y recursos; de situaciones de armonía y conflicto entre grupos culturalmente diferenciados, etcétera. Por lo tanto, la noción de frontera adoptó un carácter plural, ya que en ella convergen diversos aspectos geográficos, políticos, económicos, y se afirma en una conciencia cultural. La "frontera" se convirtió, entonces, en un poderoso instrumento analítico que invita a considerar la movilidad que se manifiesta en el avance y el retroceso, tanto real como simbólico, de acuerdo con las prácticas de dominación.
Indudablemente, los aspectos que interactúan en la conformación de una frontera requieren un análisis en profundidad de la situación planteada en cada región en particular. Esa es la propuesta de La zanja de la Patagonia.
A partir de fuentes privilegiadas (relatos de viajeros, diarios personales, autobiografías, crónicas, notas periodísticas, entrevistas, informes militares, etcétera). Vanni Blengino replantea la noción de frontera en la Patagonia argentina a fines del siglo XIX. Para ello dedica cada uno de los cinco capítulos que componen el libro a analizar diferentes imaginarios gestados en torno de esta mística región. Recorre, entonces, la visión promovida desde el discurso liberal del ochenta, que concibió la Patagonia como una frontera interna entre la identidad nacional ("civilización") y el "otro" (la "barbarie"). Por otra parte, reconstruye la mirada extranjera de Ebelot -plasmada en sus notas publicadas en la Revue des Deux Mondes-, quien percibía esta región como un espacio de lucha entre una realidad anacrónica y una sociedad moderna. Simultáneamente, el autor analiza la perspectiva científica del Perito Moreno, que se introdujo en el mundo indígena y rescató sus valores culturales. Indaga también las visiones religiosa y militar, a través de la preocupación de los salesianos por salvar las almas de los indios y de la perspectiva diplomática de Mansilla, quien concebía la Pampa india como un espacio de integración y recíproca influencia en el que debía primar la negociación. Por último, V.B. explora la imagen de la patagonia institucionalizada por la literatura, a la que le cupo la responsabilidad de expresar una identidad cultural que aún debía construirse.Con un manejo impecable de las fuentes, Blengino refuerza la idea de que las sociedades no son totalidades homogéneas ni unitarias; por ello, las fronteras son permeables, avanzan y retroceden, cambian de una época a otra y se modifican al ritmo de los diferentes imaginarios que sobre ella se construyen.
"La zanja de la Patagonia" propone, entonces, una forma diferente de analizar este proceso de conquista tardía y demuestra, magníficamente, que no se trató sólo de ocupar tierras y expulsar hombres para criar ovejas y vacas, sino que implicó un problema cultural con profundas connotaciones. En palabras del autor: "La forma física asumida por todo tipo de frontera se configura como la materialización de proyecciones políticas, emotivas, culturales y económicas de una sociedad". (c) LA GACETA







