Escritos recorridos por gracia, compasión, sarcasmo e ironía

Por Rodolfo Modern. Oscilan entre crónica, memoria y autobiografía.

23 Octubre 2005

La personalidad de Julio Llinás no es la de un autor cualquiera. Ofrece perfiles -o aristas- que pocos autores ostentan. En parte, porque no tiene pelos en la lengua. En parte, porque ha hecho lo que contados escritores son capaces de hacer: ha vivido intensamente. Nació en Buenos Aires en 1929 y tuvo una infancia feliz. En 1950, vinculado tempranamente a la literatura surrealista, publicó su primer libro. Eran los poemas de "Panta Rhei". Con largos intervalos, fue dando a conocer otros, poesía y prosa, como "Fiat Lux" (1994), "Sombrero de perro" (1999), "Sonrisa de gato" (2003), "Cuentos para grandes y chicos" (2005). Fundó revistas literarias y participó activamente en la actividad literaria de nuestro país. Una estadía prolongada en Francia lo relacionó con los popes del surrealismo, y la pintura no le fue ajena. Al regreso abandonó su vocación primera durante más de veinte años, entre 1966 y 1986. Fue motociclista apasionado y en un accidente automovilístico perdió un brazo. Desde su retorno a la literatura, interrumpido por empleos numerosos, entre ellos algunos debidos a su incursión en el mundo de la publicidad, ha recuperado con éxito el tiempo volcado en aquellas actividades, y ahora, a los setenta y seis años, se encuentra más enraizado que nunca en el ejercicio de la literatura. Prueba palpitante de ello es su hasta ahora último libro, "Querida vida".
Se trata de unos escritos de no fácil calificación, porque, sin sujeción a un rigor cronológico, oscila entre la crónica, las memorias y la autobiografía. La compasión y la gracia, el sarcasmo y una ironía no pocas veces plena de ingenio, lo recorren. Llinás no se toma nada con una seriedad excesiva, y sus retratos son en ocasiones inolvidables, no siempre referidos a la literatura. Anécdotas como las aludidas a Manuel Mujica Lainez, al ex presidente Cámpora, Boris Vian, Marcello Mastroianni, Porchia, Bioy Casares, Pettoruti, entre muchos más, resultan memorables tanto por su franqueza como por su verdad relativa. En su conjunto el libro se torna regocijante y tiene el efecto de una bocanada de aire fresco en el núcleo de una literatura generalmente contenida y no pocas veces falsa. (c) LA GACETA

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