Un rostro de Winnicott que es distinto del tradicional

Por Juan de Olaso. Familiaridad insospechada con el dolor, la locura y la angustia, en particular la del otro.

23 Octubre 2005

Donald W. Winnicott, ese genial psicoanalista británico, siempre exhibió una marcada propensión a desenvolverse "por oposición a". Ya fuera en el plano teórico, en el técnico, en el institucional e inclusive en el político, no dejó de resistirse a su maestra, Melanie Klein, al freudismo más puro, al aparato psicoanalítico de la IPA (International Psychoanalytical Association), o la rigidez del encuadre terapéutico (de hecho, no aceptaba la duración prefijada de las sesiones, tampoco la idea de la "neutralidad" del analista).
De una manera ciertamente parecida, los autores de Winnicott insólito presentan un rostro del inventor de los objetos transicionales que procura oponerse a la imagen -si se quiere, algo light- que en general han difundido los biógrafos y los comentadores: "Winnicott no fue, ni mucho menos, el hombre tranquilo cuya empatía genial y bonachona desenvoltura fructificaba en ejemplos clínicos paradigmáticos, transmitidos en un lenguaje cotidiano, aparentemente accesible a todo el que se interesara por ellos", leemos en las primeras líneas.
Y los diferentes artículos que componen este libro irán mostrando algunos aspectos que efectivamente descubren a un autor -si se quiere, más heavy- que presenta una familiaridad insospechada con el dolor, la locura y la angustia, en particular la del otro. Precisamente, en el artículo "El árbol de Winnicott", de Jean-François Rabain, se transcribe The Tree, un poema escrito por el propio Winnicott a los sesenta y siete años: "Mi madre bajo el árbol llora, llora, llora / Así la conocí yo / Un día, tendido sobre sus rodillas / como hoy sobre el árbol muerto / Aprendí a hacerla sonreír / a detener sus lágrimas / a remover su culpa / a curar su muerte interior / Reanimarla me daba vida".
En el libro de Jacques Bouhsira y Marie-Claire Durieux se trazan algunas conjeturas tendientes a dar cuenta, a partir de los datos biográficos, de ciertas vicisitudes teóricas de la obra winnicotteana.
El lector, que ha celebrado determinados pasajes novedosos de esta obra, sabe que no está obligado a acompañar sus conclusiones. (c) LA GACETA

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