Cuando la confesión se desdobla, y la sonrisa deja traslucir cierta mueca

"Muy señor mío". Crítica de libros, por Rodolfo Modern.

16 Octubre 2005
A veces cabe desconfiar de los poetas que se visten con ropajes distintos en cada libro. Como también de los que emplean un mismo tono para todo. En último término, sin embargo, es la dosis de poesía lo que cuenta. Como en este nuevo libro de Fernando Sánchez Sorondo. La desenvoltura está bien, le sienta. Lo que no sabemos es cuánto, ni cómo debió comprimir el chorro poético. Sea como fuere, lo que cuenta es el resultado, y este es espléndido. En pocas líneas, en pocos versos, Sánchez Sorondo condena tomos de sabiduría para llegar a resultados análogos, toda una proeza. Los variados sentimientos que lo atraviesan, con una melancolía bastante amarga que los años han venido acentuando, se compensan en parte con una última gracia que atempera sus efectos. Un buen ejemplo es este poema: "De lo clandestino / -que es lo que somos- qué me quedaría / sin estas madrugadas / terminales / la hora genital / del alba, / el prematuro corazón / derramándose / la fe vacía de las iglesias / los restos / las migajas del rico de Dios, / y de los hijos pródigos husmeándolas, / la erección de la palabra en caliente // sin autocrítica, / sin la angustia de las influencias, / sin las confluencias con uno / y siempre el mismo".
Sin circunloquios, valiéndose de imágenes exactas, Sánchez Sorondo va hacia lo esencial, se apodera de ello, lo convierte en su propia sustancia. De este modo, además de apreciarla, saboreamos la ida y vuelta de su poesía, en su relación de sujeto con sujeto. Y valoramos su esfuerzo por salir del marasmo en que las convenciones suelen envolvernos. Sólo así, aventando las sombras malignas, aprendemos a respirar el aire limpio que el poeta viene elaborando, también para sus lectores.
(c) LA GACETA

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