Palabras, ideas, complejo perfectamente estructurado

Por Rodolfo Modern. El filósofo Raúl Nader es alguien que sabe escribir con claridad y con elegancia.

09 Octubre 2005
Afortunadamente, en nuestro país algunos profesionales de la Filosofía pueden expresarse en un castellano donde la profundidad se fusiona con la claridad y la elegancia propias de los mejores prosistas. Víctor Massuh y Santiago Kovadloff son un ejemplo para ello. A este tipo de prosa pertenece la que Palabras azules, de Raúl Fernando Nader, ofrece. A los fragmentos que integran el breve volumen (que en rigor no lo son) le va adecuadamente el título.
"Palabras", aunque son mucho más que palabras, y al término "azules", en cuanto que el adjetivo alcanza a incluir la aspiración a lo hondo, hermoso y perfecto, a la transparencia que trasciende de algunos objetos y actitudes, vistos con perspicacia e imaginación creadora. O, para decirlo de otra manera, este edificio, aparentemente suelto, está compuesto de mosaicos elegidos y exquisitamente trabajados. Y se exhiben en el territorio de una alta poesía. Se refieren, además el subtítulo es definitorio, a la vida cotidiana esa que es común a los hombres y mujeres del montón y también a los filósofos, cuya obligación primera es darse cuenta de lo que es el mundo y dar cuenta de ello. O, de otro modo, intentar la abolición de lo que nos separa de la crueldad, lo feo, el abuso y la estupidez, para adherirnos a lo noble y bueno.Por otra parte, la trayectoria de Nader lo califica para esta empresa. Profesor de Filosofía en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Nacional de Tucumán, autor de libros que hacen sus variados intereses, los lectores de LA GACETA Literaria también lo conocen a través de sus valiosas y siempre inteligentes colaboraciones. Concluyamos con uno de estos alardes que lo anudan a los presocráticos. En "Sentido" se lee: "La existencia humana es inexplicable, no se puede dar razón de ella. No se la puede definir, ni medir, ni pesar. La matemática, las computadoras, la tecnología, son insuficientes y precarias para dar cuenta de este cielo insondable. Una existencia lógica es algo homogéneo, gris. Una existencia sin sentido es un absurdo, un vacío. Lo humano parece iluminarse desde el abismo, desde el misterio. Llega un momento en que no importan las explicaciones científicas, importa el sentido". (c) LA GACETA

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