Un trabajo histórico singular sobre el ex presidente Perón

Por Angel Anaya. Los primeros pasos del líder justicialista por la historia, revelados por un testigo de sus intimidades.

09 Octubre 2005
Bonifacio del Carril dejó al morir, hace 11 años, un trabajo histórico singular constituido por la compaginación de dos obras suyas editadas en 1959 y en 1984, sobre el ascenso de Perón al poder y su derrocamiento, del cual se ha cumplido medio siglo. La publicación llega precisamente en este tiempo, tras una intensa labor correctiva que completa y actualiza conceptos para convertirse en un documento muy valioso sobre la personalidad del ex presidente y las causas que provocaron su caída. Del Carril, por cierto, aporta su notoria condición intelectual para penetrar en espacios inéditos de una historia donde, seguramente, lo más valioso es la ausencia de la habitual carga ideológica con que todavía se analiza al personaje. El autor puede hacerlo en virtud de su relación con aquel en los albores de su vida pública, cuando "la política era para Perón la lucha por el poder como un ladrillo que cae sobre su cabeza; pero no el poder formal de las instituciones constitucionales, sino el poder real de las estructuras corporativas de la sociedad: el Ejército, las entidades profesionales, patronales y obreras, la jerarquía eclesiástica". Esa estructura mental corporativa se despliega mediante un pragmatismo que habrá de sostenerse después hasta la declinación del gobierno que provocará la crisis.
Es el Movimiento de Renovación que dirigía Del Carril en 1941 el que definió los cinco puntos básicos de la "tercera posición" que tomó Perón como propios en sus diálogos con aquel, especialmente en cuanto a la justicia social, agregándole el neologismo "justicialista". El GOU, el intento por "tomar" el radicalismo y las cercanías a las experiencias del fascismo europeo se detallan en el relato hasta conformar un cuadro de la estructura heterogénea que el ex presidente organizó, muchas veces tras las cortinas de un período político extraordinariamente agobiante para la República. "Yo gano porque cuando los otros se ocupan del primer acto estoy pensando en el segundo y en el tercero", explica el futuro personaje histórico a su interlocutor, quien describe cómo llegó a ocupar simultáneamente la vicepresidencia de Farrell, la cartera de Guerra y la Secretaría de Trabajo y Previsión. Las intimidades de ese intenso proceso hasta la llegada al sillón presidencial evidencian objetivamente el grado de decadencia institucional de la República, y están expuestas sin recurrencias literarias, como un diario de bitácora que ayuda a navegar por la historia.
Es ajeno al objeto de este libro -señala su autor al poner fin al primer tiempo del peronismo, 1946/55- analizar los actos de gobierno de Perón, observados como una progresiva dictadura de la que Del Carril tomó distancia a poco de entronizarse. "En medio de sus grandes contradicciones destruyó la obra de su gobierno", afirma el ensayo consiguiente y se pasa a explicar el momento en que comienza a incubarse el clímax que conducirá al derrocamiento. Según datos particularmente referenciales, el factor inicial es la ruptura con la Iglesia, que ha tomado distancia a partir de la fundación de la Unión de Estudiantes Secundarios, tras la muerte de Evita. Una organización preferentemente femenina, con militantes de entre 14 y 16 años, que debían concurrir a Olivos a practicar ejercicios físicos mediante el silbato presidencial. A partir de ese punto, la historia es conocida, y el autor coprotagoniza circunstancias críticas de la Revolución Libertadora, cuyos detalles acumulan de nuevo, aunque desde la otra orilla, situaciones de discordia y de pequeñez políticas que sobrecargan el largo drama histórico que les ha tocado vivir a generaciones de argentinos. Documento trascendente la obra de Bonifacio del Carril para quienes se acercan al pasado sin cargas prejuiciosas. (c) LA GACETA

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