Amena "tournée" en lugar del discurso admonitorio

Por Samuel Schkolnik. Fernando Savater sostiene una "visión progresista" de los pecados capitales.

09 Octubre 2005
El difundido autor español nos ofrece una amena tournée a través de un paisaje que, según la costumbre, reclama un discurso grave y admonitorio. Y es que, aunque se detenga aquí y allá para reflexionar seriamente sobre lo que se ve cuando se mira a fondo en la condición humana, Savater nunca abandona el aire festivo de quien es, como él, un celebrante de la vida.
Ese ánimo que mezcla, en proporciones iguales, la seriedad y la alegría, se manifiesta sobre todo cuando el escritor conversa con el propio Satanás, cuya voz recuerda explícitamente la del Mefistófeles imaginado por Goethe.
Además de aquella, Savater deja oír otras voces, más terrenales. En especial frecuentes son las del sacerdote católico Hugo Mujica, el especialista en temas islámicos Omar Abboud y el rabino Daniel Goldman. Por cierto, cita también a muchos autores clásicos, modernos y contemporáneos, pero los nombrados parecen haber sido consultados ex profeso, y sus opiniones resultaron ser no dogmáticas, salvo en materias en las que casi todo el mundo lo es, como el anticapitalismo y el elogio de los pobres. Savater, que hace contrapunto con ellos y se aparta a menudo de sus opiniones, asume sin embargo como propios esos cánones de la corrección política.
El criterio de valor que campea en el libro coincide con la doctrina aristotélica del "justo medio", matizada por un hedonismo que Savater defendió con mayor enjundia en obras anteriores. He aquí una declaración del pensamiento central del autor: "No es malo disfrutar, pero sí es censurable causar mal a otro. Antes se condenaba al placer, ahora al daño y el dolor que se producen. Es la visión progresista de los pecados".
Cabe ciertamente la pregunta de si la noción de pecado y la de progreso no pertenecen a campos semánticos distintos. (c) LA GACETA

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