Encuentro con Juan Felipe Labrousse

Por María Eugenia Valentié, para LA GACETA - TUCUMAN.

JUAN FELIPE LABROUSSE CONVERSANDO CON LA AUTORA DE ESTA NOTA.(LA GACETA / José Nuno) JUAN FELIPE LABROUSSE CONVERSANDO CON LA AUTORA DE ESTA NOTA.(LA GACETA / José Nuno)
09 Octubre 2005
Cuando escuché en el teléfono la voz de Juan Felipe el pasado se hizo presente; volví a los veranos de Santa Catalina con Elisabeth trabajando su tesis sobre Bayle y Roger, escribiendo el curso que daría el año próximo, los paseos por las serranías y el aire tierno y cálido de las vacaciones. Después nos encontramos y hablamos mucho, salvo en el momento en que debíamos hacerlo. El fotógrafo de LA GACETA que había venido a tomar una foto para ilustrar la entrevista, después de retratar a Juan Felipe, nos dijo que quería hacer algo más íntimo, y nos pidió amablemente que siguiéramos conversando; entonces nos quedamos mudos. No sé qué puedo decir, articuló Juan Felipe. No sé, le contesté, y él agregó: yo tampoco. Supongo que en ese preciso instante se tomó la fotografía.Juan Felipe Labrousse (actualmente uno de los más prestigiosos matemáticos de Francia) llegó por primera vez a Tucumán el 12 de mayo de 1946, cuando tenía 11 años. Venía para encontrarse con sus padres, dos distinguidos intelectuales franceses que dictaban clases en la Universidad Nacional de Tucumán. El viaje duró 40 días con episodios propios de una novela de Julio Verne. Juan Felipe salió del norte de Francia con una tía abuela a la que debía acompañar durante todo el viaje y llegaron a París en tiempos difíciles. Imposible conseguir pasajes. Por fin lograron embarcarse rumbo a Nueva York. El barco estaba preparado para alojar trescientos pasajeros, pero llevaba seiscientos y, por supuesto, las incomodidades eran muy grandes. En Estados Unidos consiguieron pasajes de avión. Pero los viajes eran distintos, no existían los vuelos directos; luego, buscar combinaciones; las escalas eran numerosas y largas. En Lima esperaron diez días y por fin llegaron a Tucumán pasando por Arequipa y por Salta, entre otras ciudades.
En Tucumán su primera maestra fue la profesora Teresa Suppa de Pelli, la madre del famoso arquitecto César Pelli. Después de aprobar un examen, se inscribió en sexto grado en el Colegio del Sagrado Corazón, fundado por una orden de religiosos franceses; terminó su bachillerato en el Colegio Nacional y luego obtuvo el título de Licenciado en Matemática en la Universidad Nacional de Tucumán. Volvió a Europa a continuar sus estudios y más tarde obtuvo dos doctorados, uno en Francia y el otro en Estados Unidos.
Le pregunté: ¿por qué las matemáticas, una ciencia tan formal y abstracta? Me contestó: no creas, no es así, es como el arte. Uno se encuentra con datos aparentemente inconexos; se empieza a trabajar con ellos y al final se llega a la solución. Aunque no siempre es así, desgraciadamente. Pero es un hermoso trabajo. De sus estudios en Tucumán, recuerda con admiración y cariño al profesor Félix Herrera, actualmente colaborador de estas columnas. También advirtió que, en el campo de su especialidad, había una cierta declinación debido a un menor acceso a la matemática moderna.Los padres de Juan Felipe, Roger Labrousse y Elisabeth Goguel, tuvieron una gran influencia en la cultura tucumana: formaron discípulos, publicaron libros, colaboraron en revistas y en la actual LA GACETA Literaria. Eran maestros y amigos; su casa estaba siempre abierta para consultas y visitas. Espontáneamente se realizaban reuniones donde se discutían los más diversos temas. Pero además nos enseñaron el rigor y la constancia en el trabajo intelectual.
Roger Labrousse era doctor en Derecho, pero su interés principal eran las ideas políticas. Su tesis de doctorado fue La doble herencia política de España. Durante su estadía en Tucumán publicó los siguientes libros: Ensayo sobre el jacobinismo, En torno a la Teodicea Historia de las ideas políticas, Del mago al burócrata. Para la editorial Yerba Buena, que fundó en Tucumán el profesor Juan Adolfo Vázquez, hizo la traducción, introducción y notas del libro La razón y la fe, de San Anselmo, y escribió Rousseau y su tiempo. Y además escribió una novela policial: Viaje al terror, que publicó Hachette.
Era el tiempo del primer peronismo y los universitarios, profesores y alumnos, éramos, en su gran mayoría, antiperonistas acérrimos. Era también el tiempo de las pintadas "alpargatas sí, libros no", "haga patria, mate a un estudiante". Recuerdo un día en que Labrousse nos explicó con toda tranquilidad y objetividad lo que era el peronismo. Sin embargo, fue el gobierno que lo dejó cesante. En ese tiempo Roger escribía para LA GACETA las notas sobre política internacional y al perder su cargo en la Universidad, entró en el diario como corrector de pruebas. Para devenir encargado de la primera página. La Revolución Libertadora lo reincorporó, pero la noticia le llegó en vacaciones y Roger Labrousse murió en Santa Catalina, Córdoba, en 1956. Tenía 46 años.
Elisabeth era una mujer excepcional, hija de Maurice Goguel, especialista en el primer siglo del Cristianismo; se había criado en un ambiente de estudio e investigación. Su inteligencia era notable, pero también lo era su sentido de la solidaridad hacia el prójimo. Ya conté en estas páginas que cuando en Tucumán apareció un pedido de donación de piel, Elisabeth fue la primera en presentarse. Esto le valió una difícil operación y una larga y dolorosa convalecencia en cama, durante la cual no perdió su sentido del humor, ni su interés en la búsqueda de datos sobre la biografía de Pierre Bayle para su tesis.
También se ocupó de los exiliados argentinos en Francia e hizo gestiones a favor de los perseguidos por sus ideas políticas o ideológicas. Todo esto sin descuidar su trabajo intelectual.
En Tucumán publicó sus libros: El problema del mal, Descartes y su tiempo, y una edición anotada de Las Cartas sobre la moral de Descartes. Y, por supuesto, siguió trabajando sobre su tesis. A la muerte de su marido, volvió a París, donde vivía su familia. Allí ocupó un cargo de investigadora en el CNRF (Centro de Investigación Francés). Su carrera fue muy exitosa y recibió homenajes de varias universidades europeas, entre ellas la de Oxford.
Después la visité en su departamento de Saint Germain de Prés, lleno de libros hasta en el suelo. Nos acordábamos de nuestras largas conversaciones en Tucumán en las cuales terminábamos hablando cada una en su propio idioma, ella en francés y yo en castellano. Elisabeth siempre tuvo algunas dificultades con nuestra lengua: no me olvido de cuando pedía a su mucama que le trajera la bandera con el desayuno o cuando contaba su operación con un gran ciruja (por cirujano).Para sus trabajos tuvo que consultar antiguos documentos y descubrió que su hijo tenía una gran habilidad para descifrar la letra de los escritos de los siglos XVI y XVII. Esto hizo que Juan Felipe se entusiasmara con la historia y llegara a publicar algunos trabajos eruditos en colaboración con su madre. Elisabeth murió en el año 2000 y la prensa francesa publicó los elogios de esta amiga inolvidable.Juan Felipe está ya jubilado como profesor de Matemáticas y, ya libre de su tarea de dictar clases, ha continuado con las investigaciones históricas. No se trata -me dice- de nada importante; es pura erudición, pero me interesa conocer la vida cotidiana de los hombres comunes de otras épocas. Para esto ha elegido el pueblo de Mauvezin, cercano a las tierras heredadas por los Labrousse. No se trata de un pueblo muy antiguo, me aclara; sus documentos empiezan en el siglo X, pero posee un gran archivo. Por él se enteró, entre otras cosas, de que las guerras de religión ni llegaron hasta él. Católicos y protestantes vivían en gran armonía. El único problema hubiera podido ser el de los casamientos mixtos, pues la Iglesia Católica exigía la comunión previa no aceptada por los protestantes, pero el cura los casaba lo mismo.
Dado su prestigio académico y su afición por los viajes, Juan Felipe ha llegado a conocer 50 países. Entonces, aparece la pregunta obligada en muchos reportajes: ¿cómo ves la Argentina actual? Me advierte que sus conocimientos son limitados, pues siempre se mueve en ambientes académicos. Puedo saber lo que piensan los universitarios, pero no sé lo que piensan los empresarios, los políticos o los obreros. Y agrega: he percibido una gran desilusión, una desesperanza.
Yo creía que después de volver a la democracia habría una gran euforia. Pero esa euforia parece haber sido breve y ya se ha agotado y ha sido reemplazada por el pesimismo. Es una situación muy parecida a la de Rumania, pero opuesta a la de Polonia, que ha crecido mucho en los últimos tiempos. Argentina, como Rumania, no es un país pobre, sino empobrecido.
Después se despide y promete visitarnos el año próximo. (c) LA GACETA

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