Perogrullada y lapalissade

Por Julio Ardiles Gray, para LA GACETA - BUENOS AIRES.

SANCHO PANZA, oleo de moreno carbonero. Hombre cuya muchedumbre de refranes contenía, con frecuencia, perogrulladas. SANCHO PANZA, oleo de moreno carbonero. Hombre cuya muchedumbre de refranes contenía, con frecuencia, perogrulladas.
02 Octubre 2005
Una tarde me vino a la memoria la palabra Perogrullo. Y, curioso, recurrí al diccionario de la Real Academia Española para saber algo de este personaje. Pero la palabra Perogrullo me llevó a otras: ver Verdades de Perogrullo, que a su vez me remitió a Perogrullada, cuya definición ya sabía: "Verdad o certeza por notoriamente sabida, es necedad o simpleza el decirla". Pero del personaje, nada.
Entonces recurrí a los oficios de mi sobrina Hebe Avila, que sabe manejar la computadora con gran habilidad y maestría; esa bendita máquina me causa un temor reverencial, dado que en materia de aparatejos modernos, he llegado tan sólo a la máquina de escribir y al teléfono.
No le fue fácil. Pero algo es algo y peor es nada. Lo poco que logró conseguir fue que Perogrullo era un personaje de creación popular, nacido entre los siglos XV y XVI. Otra noticia afirmaba que "el personaje había existido y que tenía la costumbre de decir obviedades y por preocuparse de dar explicaciones inútiles acerca de algo que resulta de fácil comprensión para cualquiera". Su nombre, o mejor su nombre y sobrenombre era Pedro el Grullo, es decir el macho de la grulla, zancuda famosa por ser tonta y descansar sobre una pata cada vez.
Más adelante me informé que nuestro tonto de capirote había saltado del buen humor popular a la literatura, como es el caso de don Francisco López de Ubeda, quien lo menciona en su novela La pícara Justina y le da por patria el principado de Asturias.
Una copla popular bastará para comprender lo que es una "perogrullada": "Son esas las profecías / de Perogrullo / que a la mano cerrada / llamaba puño".
Y el diablo de Quevedo no pudo resistir la tentación de componer una perogrullada, en forma de octosílabos: Volárase con las plumas, / andárase con los pies. / En Inglaterra habrá brumas / serán seis, dos veces tres. / Y si lloviera habrá lodos y será cosa de ver / que nadie podrá correr / sin echar atrás los codos.
En el capítulo XLIII de la segunda parte de Don Quijote de la Mancha, antes de que Sancho asumiera el cargo de gobernador de la Insula Barataria, el ingenioso hidalgo prosigue sus consejos: "También, Sancho, no has de mezclar en tus pláticas la muchedumbre de refranes que sueles; que puesto que los refranes son sentencias breves, muchas veces los traes tan por los cabellos que más parecen disparates que sentencias".
Es que Sancho, en su afán por lanzar refranes a tontas y a locas, incurre muchas veces en perogrulladas. Como es el caso en que dice que en casas de abundancias, se come en abundancia ("En casa llena, presto se guisa la cena").
Casi siempre Sancho Panza, el incontenible paremiólogo o conocedor de refranes, utiliza para construirlos la tautología que consiste en que el predicado de la sentencia afirma el concepto de lo que afirma el sujeto. Lo cual convierte el refrán en una perogrullada.
Cruzando los Pirineos, en Francia, a las "perogrulladas" se las llama "lapalissades". Y ello proviene del caballero Jacques de Chabannes, señor de La Palice, gentilhombre, nacido en 1470 y muerto en 1525, en la batalla de Pavía en la cual Carlos V derrotó a Francisco I y lo tomó prisionero. No tenía nada de bobo. Por el contrario, era muy culto, noble con castillo y escudo de armas. Murió rodeado por el dolor de sus compañeros y del de sus feudatarios. Pero, ¿por qué los disparates llevan su nombre? Por un caso fortuito y con el cual no tuvo nada que ver porque ya estaba muerto. Ocurre que en su homenaje se compusieron unos versos que exaltaban su valentía, su generosidad y su lealtad al rey. Pero el copista se equivocó al copiar los dos últimos dísticos que traduzco malamente: "Y murió un viernes / Si hubiera muerto un sábado habría vivido un día más".
Las "lapalissades" desde entonces fueron muy populares y fuente de mucha comicidad. En nuestros días, la segunda generación de surrealistas, congregados en el OULIPO (Obrador de Literatura Potencial), a quienes les encantaba jugar con el idioma, utilizaban las "lapalissades" en sus calembours. Basta con leer algunas de las obras de Raymond Quenau, para cosechar a granel "lapalissades" ingeniosas. (c) LA GACETA

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