Una sola mirada posible, que es tal vez la menos consistente

POLEMICA. Por Cristina Bulacio, Tucumán.

25 Septiembre 2005
Quisiera precisar algunos conceptos vertidos por mi colega y amigo Coriolano Fernández en su crítica al libro de Jorge Estrella, "¿Naturaleza o cultura?", del 28/8/05. Sostiene en ella que el papel dominante de la biología en la nueva concepción del hombre "implica descartar la antropología filosófica". Como el tema me concierne señalaré lo que considero un error. La antropología filosófica actual trabaja codo a codo con los datos de la ciencia y, por tanto, con la teoría de la evolución. La antropobiología asevera -con datos fehacientes- que la aparición del homo sapiens es el resultado de un proceso evolutivo de millones de años, en el cual llega a su plenitud su sistema nervioso central, el que, a su vez, hará posible la emergencia de lo mental. El hombre es, quizás, la realidad más compleja de la naturaleza; pero no deja de ser naturaleza.
La aparición de la mente en la evolución de las especies es el claro testimonio del surgimiento de un novum respecto del estado anterior de la materia de la cual emerge.
Representa una innovación de tal magnitud que no podría ser determinada en todos sus aspectos en las condiciones anteriores del universo. Al menos dos notas dominantes de lo mental inquietan al investigador: 1) su condición de algo distinto al cerebro, del cual depende su funcionamiento, tratándose más bien de un plus no explicable por los mecanismos de la biología; y 2) su real existencia como algo intangible capaz de generar efectos.
Como se sabe por la biología, toda especie está condicionada por los informes que recibe del mundo circundante; esos datos se codifican según cómo son recogidos por las estructuras perceptivas de cada una; esto nos hace diferentes del perro o de la mosca. Si bien somos frágiles e indefensos, la capacidad de abstracción de nuestra mente, el poder de despegarse de lo sensible, nos dota de una gran fortaleza. Las neuronas del neocortex son las responsables de este mecanismo que desemboca en una peculiar experiencia del mundo, que luego se transformará en palabras. Lo que inicialmente era señalado, olfateado o saboreado, luego podrá ser dicho, creando así un espacio de comunicación. Y cuando el homo sapiens es dueño de la palabra, cuando articula un nombre, se dispara su capacidad creativa. La aparición del lenguaje será el advenimiento de la cultura. A mi criterio, en ningún caso un estudio serio sobre el hombre, realizado desde la filosofía, puede prescindir de estos temas. La antropología filosófica como disciplina metafísica es sólo una mirada posible y tal vez, la menos consistente de todas en el estado actual del saber.

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