GILBERT KEITH CHESTERTON (1874-1936).

¿Quién es este tipo?
Gilbert Keith Chesterton (1874-1936) no puede ser resumido en una sola frase. Ni siquiera en un párrafo. De hecho, a pesar de las excelentes biografías que se han escrito sobre él, nunca se ha logrado capturarlo entre las tapas de un libro. Pero más que esperar a separar los cabritos de los corderos, permítasenos decirlo sin tapujos: G.K. Chesterton fue el mejor escritor del siglo XX. Dijo algo sobre cada tema que existe, y lo dijo mejor que cualquier otro. Pero no era meramente un artesano de las palabras. Si era excelente expresándose, es mucho más importante decir que tenía algo muy bueno que decir. La razón por la que fue el mejor escritor del siglo XX es que también fue el mejor pensador del siglo XX.
Nacido en Londres, Chesterton fue educado en el colegio Saint Paul, pero nunca fue a una universidad. Hacia 1900 se le pidió que contribuyera en una revista con artículos sobre crítica artística, y desde allí continuó hasta llegar a convertirse en uno de los más prolíficos escritores de todos los tiempos. Escribió un centenar de libros, contribuyó a otros 200 o más, compuso centenares de poemas, incluyendo la Epica "The Ballad of the White Horse", cinco obras de teatro, cinco novelas y alrededor de doscientas historias policiales, incluyendo la popular serie del cura detective, el Padre Brown. A pesar de sus logros literarios, se consideraba fundamentalmente un periodista. Escribió más de cuatro mil ensayos periodísticos; durante treinta años fue columnista semanal del Illustrated London News, y trece años, en el mismo carácter, en el Daily News. También editó su propio periódico, G.K.?s Weekly (Para ponernos en perspectiva, 4000 ensayos equivalen a escribir un ensayo por día, todos los días, durante once años. Si no se siente impresionado, trate de hacerlo por un tiempo. Pero tienen que ser buenos ensayos -todos-, tan graciosos como serios, y tan legibles y gratificantes un siglo después como en el momento en que los escribió).
Chesterton se sentía igualmente cómodo en la crítica literaria como en la social, en historia como en política, en filosofía como en teología. Su estilo es inconfundible, siempre notable por su humildad, su consistencia, su paradoja, su ingenio y su admiración. Sus escritos son tan oportunos e imperecederos hoy como cuando aparecieron, aunque muchos de ellos fueron redactados para diarios que uno tira al día siguiente.
El hombre que compuso líneas tan perfectas como "El ideal cristiano no ha sido probado y encontrado en falta; se lo ha encontrado difícil y se lo ha dejado sin probar" medía 1,93 m y pesaba cerca de 120 kilos. Usualmente con un cigarro en la boca, caminaba envuelto en una amplia capa, tocado con un sombrero deforme, los pequeños lentes cabalgando en la punta de su nariz, blandiendo un bastón-estoque, con la sonrisa resoplando a través de su bigote. Y generalmente no tenía idea de cuándo ni dónde sería su próximo compromiso. Una anécdota famosa cuenta que envió un telegrama a su mujer: "Estoy en Market Harborugh, ¿dónde debería estar?". Su fiel esposa, Frances, atendía todos los detalles de su vida cotidiana, ya que él había probado en innumerables ocasiones ser incapaz de hacerlo. Más adelante fue ayudada por una secretaria, Dorothy Collins, quien se convertiría en la hija adoptiva de la pareja y llegaría a ser la ejecutora literaria del escritor, continuando la difusión de su obra después de muerto.
Este gigantesco elfo distraído, que se reía de sus propios chistes y divertía a los chicos en las fiestas de cumpleaños atrapando bollitos con la boca, es el hombre que escribió un libro llamado "El hombre eterno", que llevó a un joven ateo llamado C.S. Lewis a convertirse al cristianismo. Este es el que escribió una novela llamada "El Napoleón de Notting Hill", que inspiró a Michael Collins a iniciar un movimiento por la independencia irlandesa. Este es el hombre que escribió un ensayo para el Illustrated London News, que inspiró a Mohandas Gandhi un movimiento para acabar con el dominio colonial inglés en la India. Este es el hombre que, encargado de escribir un libro sobre Santo Tomás de Aquino, encargó a su secretaria una pila de libros sobre el santo, abrió el primero sin sacarlo de la pila, lo hojeó, lo cerró y procedió a dictar su libro. No fue cualquier libro. El renombrado especialista en filosofía tomística Etienne Gilson dijo de esta obra:La considero, sin ninguna comparación posible, la mejor que se haya escrito sobre Santo Tomás. Nadie menor que un genio pudo llevar a cabo este emprendimiento. Todos estarán de acuerdo en que es un libro inteligente, pero sólo los pocos lectores que han pasado veinte o treinta años de su vida estudiando a Santo Tomás podrán percibir que el llamado "ingenio" de Chesterton ha puesto en vergüenza sus estudios. El descubrió todo lo que hemos tratado de demostrar, y dijo todo lo que los estudiosos más o menos torpemente hemos tratado de expresar en fórmulas académicas.
Chesterton fue uno de los pensadores más profundos que hayan existido, pero no podía evitar ser modesto y caritativo, por lo que dejó saber a aquellos que lo podían entender la certeza y profundidad de su pensamiento; y a los otros se disculpó por estar en lo cierto, siendo ingenioso. Y eso es todo lo que pueden ver de él.
Chesterton debatió con muchos de los más celebrados intelectuales de su época. George Bernard Shaw, H.G. Wells, Bertrand Russell, Clarence Darrow. De acuerdo con los relatos de la época, Chesterton generalmente salía ganador de estos torneos. Sin embargo, el mundo ha inmortalizado a sus oponentes y ha olvidado a Chesterton, y hoy oímos sólo un lado del argumento; y aguantamos los legados del socialismo, el relativismo, el materialismo y el escepticismo. Irónicamente, todos sus opositores lo consideraron con el mayor de los afectos. Y George Bernard Shaw pudo decir: "Este mundo no está lo suficientemente agradecido por la existencia de Chesterton".
Sus escritos fueron aclamados por Ernest Hemingway, Graham Greene, Evelyn Waugh, Jorge Luis Borges, Gabriel García Márquez, Karel Capek, Marshall Mac Luhan, Paul Claudel, Dorothy L. Sayers, Agatha Christie, Sigrid Unser, Roland Knox, Kingsley Amis, W.H. Auden, Anthony Burgess, E.F. Schumacher, Neil Gaiman y Orson Welles, para mencionar sólo unos pocos.
T.S. Elliot dijo que Chesterton "merece nuestra permanente lealtad".
¿Y por qué no he oído hablar de él?
Hay tres respuestas a esta pregunta:
1) No lo sé.
2) Usted ha sido engañado.
3) Chesterton es el escritor más injustamente olvidado de nuestro tiempo.
Quizás esto prueba que la educación es demasiado importante para dejársela a los educadores, y el negocio editorial, demasiado importante para dejarlo en manos de los editores, y por eso es que sus escritos no son más ampliamente reimpresos y especialmente incluidos en antologías universitarias. Bien; esto es una excusa.
Parece que Chesterton es difícil de clasificar, y si un escritor no puede ser considerado rápidamente dentro de una categoría, o una descripción de una frase, se arriesga a desaparecer por los agujeros. Aunque pese 140 kilos. Pero hay otro problema. Los críticos y comentadores modernos han encontrado mucho más conveniente ignorar a Chesterton que involucrarse en argumentaciones con su pensamiento: porque discutir con Chesterton es perder.
Chesterton discutió elocuentemente contra todas las tendencias que predominaron en el siglo XX: materialismo, determinismo científico, relativismo moral y agnosticismo cobarde. También polemizó tanto con el socialismo como con el capitalismo, demostrando por qué ambos han sido los enemigos de la libertad y de la justicia en la sociedad moderna.
¿Y cuáles eran sus argumentos? ¿Qué era lo que defendía? Defendió al "hombre común" y el sentido común. Defendió al pobre y a la familia. Defendió la belleza. Y defendió el cristianismo y la fe católica. Estos ideales no tienen éxito en las universidades, ni en los medios, ni en el debate público.
Probablemente por eso es olvidado. El público moderno prefiere escritores esnobs que tienen ideas exóticas y extravagantes, que glorifican la decadencia, que se burlan del cristianismo, que denigran la dignidad del pobre y que piensan que libertad significa ausencia de responsabilidades.
Pero a pesar de que Chesterton no es enseñado en las universidades, usted no puede considerarse educado realmente hasta que haya leído Chesterton a fondo. Además, leerlo a fondo es casi una completa educación en sí misma. Chesterton es realmente un maestro, y de la mejor clase. No se contenta con meramente asombrarnos; logra la maravilla de hacernos pensar. Va todavía más allá: nos hace reír. (c) LA GACETA







