Cuentos muy breves

De la vida.

18 Septiembre 2005
Aunque no siempre se dé cuenta, quien reseña un libro asume, entre otras, una responsabilidad moral. Así, debe atenerse a un cierto criterio de verdad, por relativa que esta sea, en la exposición de su saber, por relativo que este también sea. También, una responsabilidad estético-afectiva. No puede acumular ditirambos ni condenas arbitrarias sobre las páginas del libro sometido a su consideración. Y una responsabilidad social, puesto que se debe tanto al autor como a los virtuales lectores de la obra. Y jamás debería asumir una actitud similar a la de Catón el Censor. Quien escribe tiene derecho a ser publicado, eso es incuestionable. La ley establece los límites debidos. Y quien adquiere un libro tiene derecho a una mínima recompensa, aunque sea, la de ser, en alguna medida, enriquecido por su texto. Esas son las reglas, a pesar de que el mercado editorial viene creciendo en una forma que prácticamente excede lo imaginable. Por otra parte, todos sabemos lo que cuesta publicar un libro, especialmente dentro del área de la literatura. Entonces el reseñador se plantea esta pregunta: ¿valió la pena el esfuerzo? Y todos esperamos una respuesta afirmativa porque el esfuerzo, la pena, son a veces gigantescos.
Virginia Ciotola estudió en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Nacional de Tucumán, y ejerce la docencia. Los cuentos que integran Hasta que la muerte los separe son breves, brevísimos, y se sumergen en la realidad cotidiana, en las múltiples relaciones que pueden establecerse entre las personas. Pero esa realidad (también la de los seres humanos que la integran), para que alcance una significación estéticamente válida debe asumir, creemos, un perfil más hondo, más subrayado, por decirlo así, que el que exponen. Una reproducción no siempre sirve de mucho, porque lo cotidiano suele ser chato, liso, plano y es incapaz de mostrar los planos más hondos de la existencia. (c) LA GACETA

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