Sobre un fotógrafo, en la "Ciudad de las diagonales"

Una conocida novela de Adolfo Bioy Casares con el misterio en lo cotidiano.

11 Septiembre 2005
"La aventura de un fotógrafo en La Plata", como muchos de los textos de Adolfo Bioy Casares, aparenta ser un fresco cotidiano, la historia de un muchacho inocente (Nicolás Almanza) al que se le encomienda un trabajo: fotografiar la ciudad de La Plata. El encuentro casual en la estación con una familia desconocida desencadena la historia. Ese gesto banal y la semejanza de Nicolás con el hijo desaparecido de Juan Lombardo, el padre de familia, propician la primera situación extraña: esa tarde, Nicolás carga con las valijas de ellos y termina donándoles su sangre.
El mundo misterioso de Lombardo y la seducción de sus hijas (Griselda y Julia) se apoderan del fotógrafo. Un grupo de amigos intenta persuadirlo para que abandone esas relaciones peligrosas, pero como sucede en los cuentos infantiles, las palabras no pueden lo que el deseo. Nicolás no es la Rosemary de Polanski, ni tampoco la familia esos diabólicos viejitos adorables, pero la analogía brilla con la fuerza de lo macabro. Un personaje transparente, entre medio de personajes marginales que parecen lo que no son y que, peor aún, nunca se sabrá quiénes son en verdad. Manejado como un títere por la familia, todo sugiere que el fotógrafo camina displicentemente hacia la muerte.
Bioy Casares es uno de esos escritores que hacen de lo cotidiano una presencia misteriosa, casi sobrenatural. Sin embargo, nada sobrenatural sucede aunque siempre está al borde de irrumpir. Es imposible dejar de leerla; el lector supone que en la página siguiente el fotógrafo Nicolás Almanza será víctima de una conspiración diabólica ejecutada por Juan Lombardo y por su amigo, el funebrero Lo Pietro.
Estructurada a la manera del relato clásico y con un final abierto, la novela cautiva desde el comienzo. Ahora bien, cuando las lecturas de una novela superan las intenciones del escritor y este, casi incrédulo, recibe los comentarios sobre ella, no como propietario sino como inquilino, es porque la obra está sustentada en importantes valores estéticos, aun sin ser esta de las mejores novelas de Bioy. El satanismo, anteriormente enunciado, confluye como presagio de lo que sucedería tiempo después en la Argentina: el terror de los años ?70. La delación, un viejo anarquista, un ambiguo policía, una revolucionaria, Lo Pietro -un brujo como aquel asesino de argentinos- y, si vamos aún más lejos, don Juan Lombardo, quien podría ser la imagen interior que Bioy conservaba de Juan Perón. Todos los personajes, envueltos en la neblina, casi fantasmales, recorren un camino de verdades difusas. Pero una verdad surgirá, tardíamente, y es el amor entre Nicolás y Julia. El amor disuelve la niebla, pero no hay tiempo para finales felices porque la novela se acaba y nos revela que todo fue una historia sencilla, la de una aventura de un fotógrafo en la "Ciudad de las diagonales". (c) LA GACETA

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