11 Septiembre 2005 Seguir en 

Ya sea porque le dan vuelo a la imaginación hacia lo posible, o por ser un maleable medio de evasión, los textos de ciencia ficción suplen la necesidad y la capacidad del hombre de crear mundos alternativos.
También son, gracias al poder visionario del arte, un llamado de alerta al que no le hemos dado demasiado crédito, a juzgar por los acontecimientos de las últimas décadas. Recordemos que algunos de los scientific romances de H.G. Wells fueron algo más que proféticos, podríamos afirmar que hasta "inspiradores". Uno de los científicos que trabajaron en la construcción de la bomba de Hiroshima, el físico estadounidense de origen húngaro Leo Szilard, comentó que, en 1934, cuando se le ocurrió la idea de la reacción en cadena, estaba influenciado por la novela de Wells, The World Set Free, que había leído el año anterior.
El género de C.F., como tal, cada vez elude más ser definido. Por un lado, sus límites han alcanzado gran flexibilidad y por otro, a medida que el ritmo de los avances tecnológicos y científicos se acelera, la brecha entre lo que consideramos ciencia ficción y lo que vivimos como realidad se reduce cada día. Pensemos, por ejemplo, en la clonación.
Si bien distante del poder alegórico de las obras de Wells, distante también de la fuerza alucinatoria de la narrativa de J.G. Ballard, el texto que reseñamos se encuadra dentro del género. Carbono alterado es la primera novela publicada del escritor inglés Richard Morgan (1967) con la que ganó el premio Philip K. Dick de 2003. Los productores de Matrix ya han comprado sus derechos para la versión fílmica. En una entrevista con Stephen Hunt (febrero, 2002), el autor la define como "una tragedia ultraviolenta y de alto impacto acerca de la naturaleza del poder y de cómo la tecnología del futuro la va afectar". La desmesura en los episodios de violencia, morbosidad y sexo la emparenta con la estética de lo que hoy se conoce como "cyberpunk" (Blade runner).
La novela está dividida en cinco partes y un epílogo. Con innegable habilidad narrativa, Morgan nos ofrece una visión futurista. En el siglo XXV, los humanos han colonizado la galaxia. La memoria cerebral se almacena en un puerto digital ubicado en la base del cráneo. Esta "pila cortical" es transferible de cuerpo a cuerpo. Los ricos pueden acceder a sus propios clones, que se desarrollan en bolsas gigantes que cuelgan en los laboratorios. La gente corriente es "reenfundada", antes de la vejez, en cuerpos ajenos. En este contexto, el detective Kovacs, en conmutación por una condena pasada, es reenfundado y enviado desde su planeta, Harlan, a la Tierra, contratado por un millonario para investigar sobre su asesinato.La visión es distópica e intenta un replanteamiento sobre el valor de la vida, del cuerpo y de la personalidad del individuo. En este mundo, la muerte es un mero accidente digital, como un disparo frente a una pantalla para apagar el sistema, con la posibilidad de "reinicio". "Ellos son los dioses con los que alguna vez soñábamos, los agentes míticos del destino. Tan implacables como la muerte, esa pobre jornalera trabajadora, apoyada en su guadaña que hoy ya no le sirve..." (323). Carbono alterado muestra una sociedad con rostros de jóvenes y miradas de ancianos, afectivamente desplazados, donde las desigualdades sociales, la violencia y las luchas por el poder persisten vigorosas en sus nuevas "fundas". (c) LA GACETA
También son, gracias al poder visionario del arte, un llamado de alerta al que no le hemos dado demasiado crédito, a juzgar por los acontecimientos de las últimas décadas. Recordemos que algunos de los scientific romances de H.G. Wells fueron algo más que proféticos, podríamos afirmar que hasta "inspiradores". Uno de los científicos que trabajaron en la construcción de la bomba de Hiroshima, el físico estadounidense de origen húngaro Leo Szilard, comentó que, en 1934, cuando se le ocurrió la idea de la reacción en cadena, estaba influenciado por la novela de Wells, The World Set Free, que había leído el año anterior.
El género de C.F., como tal, cada vez elude más ser definido. Por un lado, sus límites han alcanzado gran flexibilidad y por otro, a medida que el ritmo de los avances tecnológicos y científicos se acelera, la brecha entre lo que consideramos ciencia ficción y lo que vivimos como realidad se reduce cada día. Pensemos, por ejemplo, en la clonación.
Si bien distante del poder alegórico de las obras de Wells, distante también de la fuerza alucinatoria de la narrativa de J.G. Ballard, el texto que reseñamos se encuadra dentro del género. Carbono alterado es la primera novela publicada del escritor inglés Richard Morgan (1967) con la que ganó el premio Philip K. Dick de 2003. Los productores de Matrix ya han comprado sus derechos para la versión fílmica. En una entrevista con Stephen Hunt (febrero, 2002), el autor la define como "una tragedia ultraviolenta y de alto impacto acerca de la naturaleza del poder y de cómo la tecnología del futuro la va afectar". La desmesura en los episodios de violencia, morbosidad y sexo la emparenta con la estética de lo que hoy se conoce como "cyberpunk" (Blade runner).
La novela está dividida en cinco partes y un epílogo. Con innegable habilidad narrativa, Morgan nos ofrece una visión futurista. En el siglo XXV, los humanos han colonizado la galaxia. La memoria cerebral se almacena en un puerto digital ubicado en la base del cráneo. Esta "pila cortical" es transferible de cuerpo a cuerpo. Los ricos pueden acceder a sus propios clones, que se desarrollan en bolsas gigantes que cuelgan en los laboratorios. La gente corriente es "reenfundada", antes de la vejez, en cuerpos ajenos. En este contexto, el detective Kovacs, en conmutación por una condena pasada, es reenfundado y enviado desde su planeta, Harlan, a la Tierra, contratado por un millonario para investigar sobre su asesinato.La visión es distópica e intenta un replanteamiento sobre el valor de la vida, del cuerpo y de la personalidad del individuo. En este mundo, la muerte es un mero accidente digital, como un disparo frente a una pantalla para apagar el sistema, con la posibilidad de "reinicio". "Ellos son los dioses con los que alguna vez soñábamos, los agentes míticos del destino. Tan implacables como la muerte, esa pobre jornalera trabajadora, apoyada en su guadaña que hoy ya no le sirve..." (323). Carbono alterado muestra una sociedad con rostros de jóvenes y miradas de ancianos, afectivamente desplazados, donde las desigualdades sociales, la violencia y las luchas por el poder persisten vigorosas en sus nuevas "fundas". (c) LA GACETA
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