11 Septiembre 2005 Seguir en 

Este libro de Eduardo Muslip está compuesto por una nouvelle (que le da título al libro, Plaza Irlanda) y tres relatos ("Los pájaros", "El dibujo en el agua" y "La vida perdurable"). Todos estos relatos, salvo el primero de los cuentos -"Los pájaros"- están dotados de una increíble capacidad para aburrirnos. La sensación es contundente y homogénea. Y si eso no es un estilo, el estilo, ¿dónde está?Plaza Irlanda comienza con un hecho que golpea y atrapa al lector allí donde ese lector no lo espera. Una muerte violenta en un remoto lugar de la ciudad (Plaza Irlanda) lleva al narrador-protagonista a recuperar, como en un permanente feed back, las imágenes de esa mujer con la que ha compartido parte de su vida y que poco a poco se le va volviendo extraña. Hasta allí lo interesante, pero después la nouvelle cae en un nadismo en donde no-pasa-nada... Y entonces, nada. Allí es donde vienen las ganas de hundirse en la nada hueca y vacía de ese tedio impostado del peor minimalismo argentino.
Cuando el lector ha transitado -si es que logra cruzar el desierto de esa profunda nada de la nouvelle- el largo camino de la primera historia, se introduce en una buena trama, en donde un argentino recibe a una turista desprejuiciada que viene a la Argentina y está dispuesta a vivir amplias experiencias... Experiencias, claro, que él no se atreverá a explorar. Conclusión: una buena historia de amor, sexo, deseo y erotismo donde no hay amor, ni sexo ni deseo. Y esta es -a nuestro criterio- una buena historia que captura ese tedio urbano de los jóvenes del siglo XXI.
¿Las otras dos historias? Una más aburrida que la otra. Y quizá el adjetivo "aburrida" termine por enjuiciar nuestra propia valoración estético-ideológica sobre lo que consideramos "literatura". Con todo, creemos que esta tan mentada corriente del "nadismo" derivado de cierto minimalismo argentino cinematográfico tiene como espectadores a público reducido: otros narradores que buscan experimentar nuevos caminos para salirse del canon realista objetivista de las novelas de tesis. Es cierto: a nosotros también las novelas históricas, al estilo Cristina Bajo, nos tienen un poco saturados; pero pasarse al otro extremo no nos parece el ejercicio más afortunado.
Plaza Irlanda es un libro de narrativa experimental, y como tal es digno de ser atendido, pero no por ello recomendado como un ejercicio afortunado de renovación literaria. Por el contrario, después de intentar entrar en estas historias, el lector -hablamos de nuestra experiencia- sale corriendo a que le cuenten un cuento... Porque de eso se trata la literatura... Que alguien más nos cuente un cuento. ¿O no? (c) LA GACETA
Cuando el lector ha transitado -si es que logra cruzar el desierto de esa profunda nada de la nouvelle- el largo camino de la primera historia, se introduce en una buena trama, en donde un argentino recibe a una turista desprejuiciada que viene a la Argentina y está dispuesta a vivir amplias experiencias... Experiencias, claro, que él no se atreverá a explorar. Conclusión: una buena historia de amor, sexo, deseo y erotismo donde no hay amor, ni sexo ni deseo. Y esta es -a nuestro criterio- una buena historia que captura ese tedio urbano de los jóvenes del siglo XXI.
¿Las otras dos historias? Una más aburrida que la otra. Y quizá el adjetivo "aburrida" termine por enjuiciar nuestra propia valoración estético-ideológica sobre lo que consideramos "literatura". Con todo, creemos que esta tan mentada corriente del "nadismo" derivado de cierto minimalismo argentino cinematográfico tiene como espectadores a público reducido: otros narradores que buscan experimentar nuevos caminos para salirse del canon realista objetivista de las novelas de tesis. Es cierto: a nosotros también las novelas históricas, al estilo Cristina Bajo, nos tienen un poco saturados; pero pasarse al otro extremo no nos parece el ejercicio más afortunado.
Plaza Irlanda es un libro de narrativa experimental, y como tal es digno de ser atendido, pero no por ello recomendado como un ejercicio afortunado de renovación literaria. Por el contrario, después de intentar entrar en estas historias, el lector -hablamos de nuestra experiencia- sale corriendo a que le cuenten un cuento... Porque de eso se trata la literatura... Que alguien más nos cuente un cuento. ¿O no? (c) LA GACETA
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