11 Septiembre 2005 Seguir en 

Cuando los grandes y aplastantes medios de comunicación nos aturden con su ruido y nos enceguecen de luces que se prenden y se apagan, la aparición de variaciones en la niebla, de María Malusardi, se vuelve un hecho significativo. La obra plantea la necesidad del silencio para ingresar en su mundo estético, el cual se halla dentro de una tradición que se remonta a Heráclito de Efeso -y quizá mucho más atrás también- y que pasa inevitablemente por René Char. Este gran poeta francés formó parte del movimiento surrealista junto a André Breton, Antonin Artaud, Paul Eluard, Jacques Prévert, entre otros, y es asimismo uno de los más altos exponentes del género que podríamos llamar -porque el hombre necesita nombrarlo todo- aforismo poético. Por ejemplo, entre los fragmentos de Heráclito nos sorprenden: "El sol grande como el pie de un hombre" o "Transformaciones del fuego: primera, el mar, del mar una mitad tierra, y la otra niebla ardiente". Allí aparece la niebla, un elemento que forma una constante o leit motiv dentro de las variaciones. De la obra de René Char, palabra inagotable, cabe citar, por ejemplo: "A la vez que el pan que parte el hombre, ser la belleza del alba", "Poder caminar, sin engañar al pájaro, desde el corazón del árbol hasta el éxtasis del fruto", "No te curves sino para amar. Si mueres, amas todavía" o "Nuestra amistad es la nube blanca preferida por el sol".
María Malusardi ha publicado anteriormente tres libros de poemas, Payaso rojo (1989), El accidente (2001) y La carta de Vermeer (2002); también ha escrito cuentos y ha producido programas televisivos. Este es su cuarto libro, impecable edición a cargo de Alción Editora, donde los espacios en blanco se abren y nos sumergen en la calma y en el silencio necesarios para lograr el ritmo, la respiración de estos aforismos-poemas. Algunos de ellos parecen un único verso que se expande y concluye abruptamente: "en la niebla no nos perdíamos estábamos simplemente abiertos al roce de la montaña desesperaba la ropa en la caída". Una música suave nace entre las palabras, por ejemplo en el alejandrino: "tu boca en el pezón redondea la nevada", donde la forma se incorpora a la palabra, o, más adelante: "bellezas de la infancia asustan en la niebla". La poeta aquí se introduce en un lenguaje que intenta sacar más que poner, y ensaya el camino más difícil, arriesgado y, al mismo tiempo, el más intenso y despojado: concentrar el sentido sin perder por ello el sonido, la música inherente a toda obra de estas características, es decir la llamada poesía, un género que requiere en sus lectores oídos muy sutiles, acostumbrados al silencio. (c) LA GACETA
María Malusardi ha publicado anteriormente tres libros de poemas, Payaso rojo (1989), El accidente (2001) y La carta de Vermeer (2002); también ha escrito cuentos y ha producido programas televisivos. Este es su cuarto libro, impecable edición a cargo de Alción Editora, donde los espacios en blanco se abren y nos sumergen en la calma y en el silencio necesarios para lograr el ritmo, la respiración de estos aforismos-poemas. Algunos de ellos parecen un único verso que se expande y concluye abruptamente: "en la niebla no nos perdíamos estábamos simplemente abiertos al roce de la montaña desesperaba la ropa en la caída". Una música suave nace entre las palabras, por ejemplo en el alejandrino: "tu boca en el pezón redondea la nevada", donde la forma se incorpora a la palabra, o, más adelante: "bellezas de la infancia asustan en la niebla". La poeta aquí se introduce en un lenguaje que intenta sacar más que poner, y ensaya el camino más difícil, arriesgado y, al mismo tiempo, el más intenso y despojado: concentrar el sentido sin perder por ello el sonido, la música inherente a toda obra de estas características, es decir la llamada poesía, un género que requiere en sus lectores oídos muy sutiles, acostumbrados al silencio. (c) LA GACETA
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