
Si Godino difirió siempre por su decir poético contundente y en voz baja, como al oído, en este libro acentúa en un sentido y en otro esa característica paradojal, polarizando, incluso, su acento, la pródiga peculiaridad de su dicción:
"Irresponsable verbal, / la vida entera fui entregado / por mi boca. / Las palabras / siempre estuvieron fuera de mí, / tres segundos delante de los labios, / de la razón que la negaba a deshora".
Separado, Godino, de Godino, ajeno y enajenado, distante crítico de una poesía que sucede a través de él y de quien se constituye en lector -primer lector, es cierto, pero nunca autor- propietario, sino más bien testigo de los frutos. Y sobre todo "Ahora, cuando el sentimiento llamado / descubrir a mi riesgo / pierde a veces lumbre y se muestra / como exceso, carga, estorbo / terminal".
Lengua diferente -de cuidado diseño gráfico- abarca cinco partes: "Devociones", "Ah, el pasado perfecto", "A los cuerpos ausentes", "Difícil voz aérea" y "Autorretrato".
"A los cuerpos ausentes", dedicado a la memoria de Isidoro Blaisten, incluye algunos poemas profundamente conmovedores, en los que el poeta recuerda, entre otros, a los escritores David J. Vogelmann, H.A. Murena, Basilio Uribe, Silvina Ocampo, Wallace Stevens y Jorge García Sabal. Su homenaje tiene la calidez de lo inmediato y cotidiano, unida al dramatismo siempre austero de un duelo silencioso, íntimo. Así, por ejemplo, "La Grabación", "A la memoria de Jorge García Sabal":
"Sus últimos gramos / de identidad fueron corteses. / Eso y una fotografía donde sus ojos / revuelven, revolverán durante décadas / el mundo de los otros. / Y la pista falsa, / la voz muerta en el contestador".
Se trata, en suma, de un libro consagratorio en un sentido interno, el de un poeta en la plenitud de un oficio cumplido a conciencia, como oficio sagrado. (c) LA GACETA







