Como coronación de una obra verdadera

Por Fernando Sánchez Sorondo.

04 Septiembre 2005
Los poemas de Rodolfo Godino que integran su último libro, Lengua Diferente, trasuntan la acogedora plenitud de aquellos que, al decir de Denise Levertov "parecen tener un aura de autoridad, de algo incontrovertible, el aire de estar misteriosamente iluminados desde dentro de su sustancia". La culminación de una lengua no sólo "diferente" de por sí como es su voz poética, sino por coronar, en un sentido antológico, toda una obra verdadera: Centón, Elegías breves, Ver a través, Estado de reverencia, Tríptico, Viaje favorable, entre otros.
Si Godino difirió siempre por su decir poético contundente y en voz baja, como al oído, en este libro acentúa en un sentido y en otro esa característica paradojal, polarizando, incluso, su acento, la pródiga peculiaridad de su dicción:

"Irresponsable verbal, / la vida entera fui entregado / por mi boca. / Las palabras / siempre estuvieron fuera de mí, / tres segundos delante de los labios, / de la razón que la negaba a deshora".

Separado, Godino, de Godino, ajeno y enajenado, distante crítico de una poesía que sucede a través de él y de quien se constituye en lector -primer lector, es cierto, pero nunca autor- propietario, sino más bien testigo de los frutos. Y sobre todo "Ahora, cuando el sentimiento llamado / descubrir a mi riesgo / pierde a veces lumbre y se muestra / como exceso, carga, estorbo / terminal".
Lengua diferente -de cuidado diseño gráfico- abarca cinco partes: "Devociones", "Ah, el pasado perfecto", "A los cuerpos ausentes", "Difícil voz aérea" y "Autorretrato".
"A los cuerpos ausentes", dedicado a la memoria de Isidoro Blaisten, incluye algunos poemas profundamente conmovedores, en los que el poeta recuerda, entre otros, a los escritores David J. Vogelmann, H.A. Murena, Basilio Uribe, Silvina Ocampo, Wallace Stevens y Jorge García Sabal. Su homenaje tiene la calidez de lo inmediato y cotidiano, unida al dramatismo siempre austero de un duelo silencioso, íntimo. Así, por ejemplo, "La Grabación", "A la memoria de Jorge García Sabal":

"Sus últimos gramos / de identidad fueron corteses. / Eso y una fotografía donde sus ojos / revuelven, revolverán durante décadas / el mundo de los otros. / Y la pista falsa, / la voz muerta en el contestador".

Se trata, en suma, de un libro consagratorio en un sentido interno, el de un poeta en la plenitud de un oficio cumplido a conciencia, como oficio sagrado. (c) LA GACETA

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