28 Agosto 2005 Seguir en 

Esta reedición de Rebeldes, soñadores y fugitivos, de Osvaldo Soriano, contiene 27 notas periodísticas publicadas por el autor en medios argentinos (como "Página/12" y "El periodista") y extranjeros (como en "Il manifesto", de Italia, y "Le monde" de Francia, entre muchos otros). En todo el libro, a diferencia de lo que pasaba en Artistas, locos y criminales (donde la apuesta era claramente narrativa), Soriano intenta pensar el mundo convulsionado de los 70 y los 80 a través de personajes e historias que él considera paradigmáticas (a través de artículos y crónicas cuya contextualización el mismo autor se encarga de hacer con poco éxito). El volumen, de esta forma, después de algunas viñetas autobiográficas con un excesivo culto a su personalidad, contiene una pequeña e instructiva historia de la Coca Cola ("Coca Cola es así"), crónicas políticas (como "Nicaragua, la revolución más vigilada del mundo") y varios perfiles de personalidades como Carlos Gardel, Fidel Castro, Borges, Cortázar y García Márquez (todas bastante pobres, por cierto). Hacia el final del libro los artículos se vuelven aún menos interesantes, no sólo por su brevedad sino también porque aparecen demasiado pegados al momento en que fueron escritos. El problema de todo el volumen es que el mismo Soriano es un personaje omnipresente y no puede dejar de acotar siempre algo fuera de lugar sobre todo tema que cae en sus redes, ocasionando que el lector se canse de su rol de opinólogo universal, confirmando la sospecha de que no puede hacer lo que siempre han podido los grandes del periodismo y la literatura que él jura y perjura admirar, es decir, dejar que las cosas hablen por sí solas. La similitud con Artistas, locos y criminales (su otro libro de crónicas) es que ambos son un muestrario de ciertos tópicos nacionales y/o nacionalistas (fútbol, política y tango, entre otros) que el autor utiliza para regodearse decadentemente. Así, la lectura del libro suscita una y otra vez la sospecha (certera) de que estos artículos deberían haber quedado en los medios para los que fueron escritos, ya que ni siquiera hay en ellos ese algo cuasi indefinible llamado estilo que a veces lo puede justificar casi todo. (c) LA GACETA
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