Filósofo que ofrece motivos para consenso y disenso

Por Coriolano Fernández.

28 Agosto 2005
Polemista, razonador, agudo conocedor de la historia de la ciencia, simpatizante del relativismo y ácido con la metafísica (sobre todo si es heideggeriana y hegeliana).
El filósofo Jorge Estrella es eso y bastante más; por ejemplo, profesor en la Facultad de Filosofía y Letras de la UNT, discípulo predilecto del historiador de la ciencia Desiderio Papp, excursionista, escritor de cuentos...
Y desde la ex Reina del Plata, donde vivo, lo imagino intelectual independiente, meditador solitario y docente algo decepcionado. Y bien, las características de Estrella -como en todos los autores que en el mundo son- están presentes en este pequeño libro donde reúne trece ensayos breves.
El mejor y más extenso es sobre Karl Popper (1902-1994), quien somete a una severa crítica la teoría de la predicción en la historia, o sea que hay leyes históricas.
Según Popper, la predicción produce consecuencias sobre los mismos hechos vaticinados por la predicción, y a esto llama el "Efecto Edipo", expresión, de paso, alusiva a los psicoanalistas que habían permanecido extrañamente ciegos ante esa situación.
Estrella asume en lo esencial la tesis popperiana, refuerza el argumento, mas rechaza la metáfora elegida por Popper.
¿Cómo es esto? En el Génesis, el Faraón sueña que está a la vera de un río y ve siete vacas macilentas devorando a siete vacas hermosas y lustrosas. Sólo el judío José es capaz de descifrar el sueño: anuncia siete años de abundancia y siete de pobreza.El Faraón ordena ahorrar al máximo durante la abundancia y, así, cuando llega la hambruna hay pan para todos. La historia bíblica, dice Estrella, muestra que si se conociera anticipadamente el futuro... ello permitiría modificar ese futuro y esto es contradictorio con la predicción.
La expresión elegida por Popper, "Efecto Edipo", no es apropiada, pues pese a que Layo, padre de Edipo, intenta evitar la profecía, esta finalmente se cumple. Estrella propone entonces hablar del "Efecto José".
En los restantes ensayos trata diversos temas: a raíz de sendas encuestas, en uno se ocupa de las expectativas de las mujeres jóvenes sobre la vida sexual, y en otro subraya que la libertad no es un don ofrecido sin condiciones y por eso nos equivocamos tan a menudo.
En "Idas y vueltas del tiempo" dice que el azar y no la necesidad sería responsable de la ruptura de las simetrías originarias y si esto es así, acaso Dios estuvo jugando a los dados con el universo, contrariamente a la célebre afirmación de Einstein "Dios no juega a los dados".
También aparece la identidad como la noción o principio en virtud del cual la ciencia ha logrado el conocimiento de la naturaleza. Y en otro de los textos, Estrella da consejos para la enseñanza de las ciencias.
Fustiga, acertadamente, las acrobacias de cierta intelligentsia francesa, siempre dispuesta a condenar a Heidegger por su nazismo, pero siempre presta a absolver a Sartre, pese a los crímenes comunistas que el autor de El Ser y la Nada nunca denunció.El libro se abre con un homenaje a Papp y se cierra con el artículo "¿Naturaleza o Cultura?", de donde toma su título el volumen. El autor ve en el ser humano un animalito pretencioso, jactancioso de sus virtudes morales y creyéndose el rey del universo.A juicio de Estrella el problema de cuánto de cultura y cuánto de naturaleza hay en nosotros lo irá despejando la biología, y esto, entiendo, implica descartar a la antropología filosófica.Hacia el final se pregunta Estrella, no sin ironía, cómo pudo Aristóteles sostener que el ser humano es animal racional y cómo pudimos creerle. Lo primero, contesto yo, Aristóteles lo sostiene tras un análisis ontológico donde el lenguaje, la palabra, es la diferencia específica del ser humano, el hombre es el ser que posee la palabra.
Por lo tanto, el hombre es animal racional porque posee la palabra o, si se quiere, posee la palabra porque es animal racional. No es un círculo vicioso sino el conocido círculo virtuoso.
Y en lo que respecta a cómo pudimos creerle, la obra del propio Estrella lo prueba: no da un paso sin razonar. Y en esto, razonar, al Estagirita seguimos creyéndole cuantos ejercemos de un modo u otro el oficio del pensamiento.
El lector encontrará en Estrella motivos para el consenso y para el disenso. Yo, por ejemplo, no comparto su alergia hacia la metafísica y la antropología filosófica, ni su adhesión al relativismo. Es leal reconocer que en Estrella nunca faltará el argumento pertinente en que se apoya y no apelará al criterio dogmático de autoridad.
El estilo es demasiado seco y si acaso ello se debe al origen periodístico de más de un ensayo (la exigencia de concisión, pues se trabaja con un espacio limitado), a la hora de agruparlos en libro nada impediría suavizar la sequedad.
La edición presenta erratas y los títulos de libros no figuran en cursiva, pero creo que esto escapó de la voluntad del autor, pues la obra fue impresa fuera de la Argentina. (c) LA GACETA

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