07 Noviembre 2004 Seguir en 

La publicación de Losada de estas dos obras de Williams -editorial que retoma la tarea emprendida a mediados del siglo pasado con su colección Gran Teatro del Mundo, mediante la cual accedimos a la lectura de sus representativos textos dramáticos El zoo de cristal y Un tranvía llamado deseo, junto a Verano y humo (Losada, Buenos Aires, 1956)- está precedida por un prólogo donde este autor del sur norteamericano se sincera asumiendo que "una porción grande del trabajo creativo está estrechamente relacionada con la personalidad de quien lo hace". Reconoce en él -tal vez "parábola de todos los artistas"- una necesidad de gritar con su creación "¡Mírenme! Observen lo que hago para darles un posible placer y para hacerles conocer cosas que creo conocer mejor que ustedes -porque mi mundo es diferente del de ustedes, tan diferente como el mundo de cada hombre lo es del de los demás-". El mundo que Tennessee Williams nos permite observar en La gata sobre el tejado de zinc caliente contiene oscuros, profundos y primitivos elementos que se mueven bajo la superficial civilización mostrada por los componentes del clan de un riquísimo plantador de algodón del Mississippi. El mundo de una familia atada a su pasado que se desintegra entre acusaciones de lujuria, codicia y envidia; de un padre dominante; su mujer, típicamente norteamericana; el hijo, que está casado pero tiene inclinaciones homosexuales, y su joven esposa, que lucha con pasión, como una gata, por poseerlo. En No sobre ruiseñores -obra inédita y desconocida hasta ahora en nuestro país, escrita en 1938, representada por el teatro ambulante de Vanessa Redgrave, en Inglaterra, en 1997 y estrenada recién en 1999, en Nueva York- nos introduce en el mundo carcelario. Basada en una historia real, su conflicto se narra en varios cuadros y distintos ámbitos simultáneos. Consagrado en 1944 por el estreno de El zoo de cristal, en Chicago, y legitimado por los premios Pulitzer por Un tranvía llamado deseo, en 1947, y por La gata sobre el tejado de zinc caliente, en 1955, Tennessee Williams fue considerado por críticos e historiadores como uno de los grandes dramaturgos estadounidenses del siglo XX, junto a Eugene O?Neill y Arthur Miller. Este último, apenado ante la muerte de su colega, acaecida el 25 de febrero de 1983 de manera imprevista y trágica, proclamó: "Mientras haya actores en el mundo, las obras de Tennessee Williams vivirán. El autocrático poder del gusto veleidoso no importará en su caso; su textura, sus personajes, su personalidad dramática son únicos y están firmemente asentados en el panorama teatral de este siglo como las estrellas en el cielo". Los actores argentinos han frecuentado hasta ahora sus obras, que ofrecen a la interpretación dramática grandes desafíos, además de gratificaciones.
La compañía de Francisco Petrone estrenó, con su dirección, la primera de las obras de esta publicación, en 1956, pero bajo el título traducido como El gato sobre el tejado de zinc caliente.
En Tucumán se recuerdan las puestas de Un tranvía llamado deseo (1967), dirigida por Raúl Serrano, y El zoo de cristal (1968) puesta en escena por Boyce Díaz Ulloque con el elenco del Teatro Universitario.
Los elevados costos de los derechos de representación de las obras extranjeras imposibilitan, en la actualidad, su reposición en los escenarios de provincia, sumada esta dificultad al gusto de las nuevas generaciones de actores que pareciera que prefieren asumir otras poéticas. La edición de estos textos nos permite ingresar al inefable mundo de Tennessee Williams, compuesto por intrincadas e intensas emociones, "para dar(nos) un posible placer", placer estético que se hace cada vez más hipotético poder concretar desde una platea. (c) LA GACETA
La compañía de Francisco Petrone estrenó, con su dirección, la primera de las obras de esta publicación, en 1956, pero bajo el título traducido como El gato sobre el tejado de zinc caliente.
En Tucumán se recuerdan las puestas de Un tranvía llamado deseo (1967), dirigida por Raúl Serrano, y El zoo de cristal (1968) puesta en escena por Boyce Díaz Ulloque con el elenco del Teatro Universitario.
Los elevados costos de los derechos de representación de las obras extranjeras imposibilitan, en la actualidad, su reposición en los escenarios de provincia, sumada esta dificultad al gusto de las nuevas generaciones de actores que pareciera que prefieren asumir otras poéticas. La edición de estos textos nos permite ingresar al inefable mundo de Tennessee Williams, compuesto por intrincadas e intensas emociones, "para dar(nos) un posible placer", placer estético que se hace cada vez más hipotético poder concretar desde una platea. (c) LA GACETA







