Reportajes a dramaturgos de diferentes generaciones y regiones

Por Pablo Parolo

07 Noviembre 2004
Esta edición del Instituto Nacional del Teatro presenta siete entrevistas a dramaturgos argentinos de diferentes generaciones y regiones del país, en las que se reflexiona sobre el quehacer teatral a la vez que se recorre la producción artística de cada uno de los entrevistados. Distintas voces dan cuenta de sus "imaginarios", como adelanta la nota de presentación de Cuadernos del Picadero, aproximando al lector a diferentes miradas sobre el rol del dramaturgo en el teatro actual.Hacia fines del siglo XX la dramaturgia dejó de ser patrimonio exclusivo del autor. Tanto es así que en "Nuevo teatro argentino" Jorge Dubatti señala que el texto dramático "no es sólo aquella pieza teatral que posee autonomía literaria y fue compuesta por un ?autor?, sino todo texto dotado de virtualidad escénica o que, en un proceso de escenificación, ha sido atravesado por las matrices constitutivas de la teatralidad (considerando esta última como resultado de la imbricación de tres acontecimientos: el convivial, el lingüístico-poético y el expectatorial)". Este fenómeno de multiplicación del concepto de escritura teatral permite reconocer diferentes tipos de dramaturgias: la del autor (producida por escritores de teatro antes de la labor de dirección o actuación); la del director (diseñada por este último a partir de la escritura escénica); y la del actor (producida por los actores en forma individual o grupal, fruto de la investigación de sus posibilidades de expresión y comunicación).
Estas nuevas miradas sobre el hecho teatral se perciben en el libro que nos ocupa. Es así como dos autores de la ciudad de Buenos Aires construyen conceptos en este sentido: según Ricardo Monti, el director y el actor sólo deberían hacer una reescritura de la obra en un sentido simbólico, un "volver a traer a la corriente del tiempo esa obra virtual, retraducir esa imagen que han tenido como lectores a una serie de imágenes especializadas" a través de los instrumentos propios del quehacer teatral. Luis Cano, por su parte, se refiere al autor y reconoce su importancia en el marco del complejo proceso de creación teatral, pero al mismo tiempo limita su incidencia en el momento de la concreción artística: "trato de reducirlo a su justa medida, que no se agrande... la escritura dramática es de una parcialidad enorme, y el lugar del director me permite obtener ese extrañamiento que producen el ver y el escuchar... el dramaturgo debe ofrecer un lugar de mirada, un tratamiento poético sobre la materialidad.
Desde Tucumán, Carlos Alsina opina que en una propuesta teatral convergen varios escritores: "el dramaturgo hace un texto al que llamaríamos ?hablado?, a él se suman la reescritura del director y, aun más, la escritura del actor. Pero debemos convenir quienes hacemos teatro que el verdadero poeta del teatro es el autor".
El santafesino Jorge Ricci distingue un colorido abanico de componentes geográficos, históricos, culturales que se "meten" inconscientemente en el trabajo de la escritura teatral y dan como resultado ese aspecto genuino, que puede diferenciar a los autores. En este sentido afirma: "cuando nosotros hablamos de los actores de provincia o de los personajes de nuestra región, estamos hablando de personajes que a la vez son universales y de los que inmediatamente la gente hace su traducción".Alejandro Finzi (Neuquén) produjo un ciclo de obras que están involucradas con la geografía en la que vive. "Acá, resulta que el viento viene de noche y te cuenta historias. La Patagonia es el territorio de lo diminuto", expresa poéticamente.
El porteño Jorge Accame, radicado en Jujuy desde 1982, señala que en Buenos Aires la gente vive prisionera de su clase social. "La gente que ves es más o menos como vos, que ha tenido una educación parecida. Al llegar a Jujuy -dice- tuve la posibilidad de relacionarme con gente de distintos sectores... y las vidas más intensas están casi siempre en la gente más humilde".
Es preciso señalar que el entrevistador Mauricio Tossi confronta acertadamente al escritor Alsina con sus textos, reproduciendo parte de ellos y haciendo dialogar al autor con sus personajes. Habría sido interesante que esta edición de Cuadernos del Picadero incluyera fragmentos de las obras de los otros entrevistados para que el lector pudiera completar el acercamiento al mundo interior del "escritor teatral" accediendo a su producción artística concreta. Es allí donde el autor habla de sí mismo a través de las palabras de sus personajes, de sus silencios y de su modo particular de escribir que, como afirma Griselda Gambaro, es "el acto que transmite el deseo de alguien".
La mayoría de las antologías, compilaciones o escritos sobre historia del teatro argentino hace referencia a los autores porteños o en algunos casos rioplatenses, incluyendo a los dramaturgos uruguayos y excluyendo a los del interior del país. Esta edición nos permite conocer autores de distintas regiones, que expresan sus particularidades y muestran un mapa vasto y heterogéneo de nuestro teatro nacional. (c) LA GACETA

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