31 Octubre 2004 Seguir en 

Perteneciente a una familia de escritores, entre ellos su abuelo, el escritor y dramaturgo Gregorio de Laferrère, autor de las célebres obras Las de Barranco y Jettatore, la autora presenta un libro integrado por 14 cuentos de nivel narrativo elevado y parejo. Aflora en ellos el cuidado de la palabra y la expresión descriptiva minuciosa, desde una voz imaginativa y cultivada. El título elegido para su obra -que es justamente el de uno de sus cuentos- sugeriría "a priori" un recurso del derecho penal. Pero no. Se trata de una señorita de nombre Amparo, con incontables y valederos recursos para lograr sus propósitos, o para defenderse, como toda mujer. En realidad, quien cuenta la historia es un mozo de bar que se juega por ella cuando un tratante de blancas intenta exilarla.
La ductilidad temática del libro es notable: "1937", el primer cuento, alude a la confesión en tono epistolar de un guapo del tiempo de Alvear, al mejor estilo borgeano, quien fue testigo ocasional de un intento de homicidio en el que la variante del cuchillo fue sustituida por el arsénico. Es una de las mejores narraciones de la obra. En "Dejarse ir", el amor de una pareja llega a límites extremos como dejarse morir de la misma forma, por suicidio o contagio, explorando todos los caminos. En "Eleonor Rygby", una mujer sobrevive juntando arroz arrojado a los novios en los casamientos para elaborar comidas y sobrevivir. Su actitud en realidad es mucho más profunda: una forma de comunión espiritual o participativa desde su soltería. Un hombre desconocido le regala alimentos para ayudarla. Este cuento, a mi entender uno de los más logrados, conlleva el espíritu de la solidaridad como sublimación del amor. Una maestra de escuela liberada, en "Dios te salve, Felisa". La vida de una chica correntina que va a vivir con sus tías de familia tradicional en Buenos Aires -y sus peripecias, mezcladas con los recuerdos de un abuelo inglés- en "Carmela Sagas", hasta "Ultima página del diario de Adash", todo es tema para Marcela de Laferrère en sus relatos. El cuento fantástico tiene su exponente en "Virtus Dei, ánima Mundi" y en "Nota a pie de página". La poesía se manifiesta enriqueciendo su prosa en "Les malheurs de Sophie". Explora el género epistolar con ribetes históricos en "Historia rota", todo contado con agudeza descriptiva.
En suma, palabras que son pinceladas de trazo preciso. A veces poéticas, siempre contundentes. (c) LA GACETA
La ductilidad temática del libro es notable: "1937", el primer cuento, alude a la confesión en tono epistolar de un guapo del tiempo de Alvear, al mejor estilo borgeano, quien fue testigo ocasional de un intento de homicidio en el que la variante del cuchillo fue sustituida por el arsénico. Es una de las mejores narraciones de la obra. En "Dejarse ir", el amor de una pareja llega a límites extremos como dejarse morir de la misma forma, por suicidio o contagio, explorando todos los caminos. En "Eleonor Rygby", una mujer sobrevive juntando arroz arrojado a los novios en los casamientos para elaborar comidas y sobrevivir. Su actitud en realidad es mucho más profunda: una forma de comunión espiritual o participativa desde su soltería. Un hombre desconocido le regala alimentos para ayudarla. Este cuento, a mi entender uno de los más logrados, conlleva el espíritu de la solidaridad como sublimación del amor. Una maestra de escuela liberada, en "Dios te salve, Felisa". La vida de una chica correntina que va a vivir con sus tías de familia tradicional en Buenos Aires -y sus peripecias, mezcladas con los recuerdos de un abuelo inglés- en "Carmela Sagas", hasta "Ultima página del diario de Adash", todo es tema para Marcela de Laferrère en sus relatos. El cuento fantástico tiene su exponente en "Virtus Dei, ánima Mundi" y en "Nota a pie de página". La poesía se manifiesta enriqueciendo su prosa en "Les malheurs de Sophie". Explora el género epistolar con ribetes históricos en "Historia rota", todo contado con agudeza descriptiva.
En suma, palabras que son pinceladas de trazo preciso. A veces poéticas, siempre contundentes. (c) LA GACETA







