31 Octubre 2004 Seguir en 

No se desprende de la lectura de este libro que su autor, sobrino de Borges, haya leído su obra: de haberlo hecho, otros serían los resultados. Desea narrar con amenidad -según lo dice- lo que vivió en su pequeña familia borgeana, su padre, Guillermo de Torre, un intelectual español, su madre, Norah Borges, su tío, Jorge Luis Borges, su abuela Leonor Acevedo de Borges. Sin embargo, tanta prosapia literaria no le garantiza nada al lector. Efectivamente, el libro adolece de una ligereza que se percibe inevitable; la mirada del autor sobre ese mundo familiar íntimo es superficial, intrascendente. Quizás consideró útil su parentesco con Borges para ensayar la escritura, pero, sin duda, el genio no se hereda.
En líneas generales lo que hace son enumeraciones, libros leídos en la familia, fragmentos de cartas, recuerdos de distinta índole, anécdotas de su abuela, pero nada resulta atractivo. Comenta su gusto por las enumeraciones y eso, cree él, lo acerca a su famoso tío. Sin embargo, se nota un abismo entre las que él hace y las de Borges; basta recordar la fantástica y descabellada enumeración de la enciclopedia china "Emporio celestial de conocimientos benévolos", mentada por Borges con el único propósito de mostrar que cualquier clasificación del universo es arbitraria y conjetural; la lucidez e imaginación con que abordó este asunto el escritor argentino le valió su fama inicial entre los intelectuales franceses. Lejos, muy lejos de todo esto está Miguel de Torre Borges, autor de este libro. Conclusión: ya se sabe, Borges no tiene la culpa.(c) LA GACETA
En líneas generales lo que hace son enumeraciones, libros leídos en la familia, fragmentos de cartas, recuerdos de distinta índole, anécdotas de su abuela, pero nada resulta atractivo. Comenta su gusto por las enumeraciones y eso, cree él, lo acerca a su famoso tío. Sin embargo, se nota un abismo entre las que él hace y las de Borges; basta recordar la fantástica y descabellada enumeración de la enciclopedia china "Emporio celestial de conocimientos benévolos", mentada por Borges con el único propósito de mostrar que cualquier clasificación del universo es arbitraria y conjetural; la lucidez e imaginación con que abordó este asunto el escritor argentino le valió su fama inicial entre los intelectuales franceses. Lejos, muy lejos de todo esto está Miguel de Torre Borges, autor de este libro. Conclusión: ya se sabe, Borges no tiene la culpa.(c) LA GACETA







