17 Octubre 2004 Seguir en 

Esta novela corta, que ha merecido publicarse con un subsidio de la Fundación Antorchas, presenta con notoria brillantez narrativa un mundo visto desde la perspectiva de la sátira y la fantasía. El amplio registro lingüístico del narrador se extiende, desde cotidianas expresiones actuales, hasta ciertas especulaciones filosóficas apoyadas en citas de distintos autores, cuyos pensamientos arrojan un ambiguo reflejo irónico sobre hechos y personajes. En todo caso, un narrador que exhibe múltiples recursos para demostrar su superioridad respecto de los personajes, y que representa con admirable nitidez, acaso frialdad, las limitaciones -físicas, intelectuales o morales- que padecen estos seres suscitados por su relato.
La presentación de los dos personajes principales, Luciano y Mimí, que se hace sucesivamente en los dos primeros capítulos, provoca una leve reminiscencia de cierto procedimiento de Kafka: se los ve en el momento del despertar, cuando reconocen lo extraño de sus propios cuerpos. Pero pronto quedan atrás las huellas del maestro de Praga, porque el narrador no se juega entero a un personaje y la modalidad del relato kafkiano pasa a ser para él sólo un recurso. Estos dos argentinos, que se ganan modestamente la vida en París enseñando español, inventan un procedimiento fantástico con el propósito de conseguir que ejecutivos de una empresa francesa que ha sido favorecida con las privatizaciones hechas por el Estado argentino, en lugar de enviar los dividendos a la empresa, les envíen a ellos (estos docentes llamados Luciano y Mimí) cheques de increíbles cifras a la cuenta bancaria que han abierto al efecto en un banco suizo... No hay para qué seguir con la síntesis argumental: todo alude al reciente pasado argentino, en el que participaron activamente muchos que ahora se hacen los desentendidos. El espacio de la narración se amplía entonces; ya no es sólo el ámbito europeo de Luciano y Mimí, sino también Buenos Aires, adonde se trasladan los ejecutivos franceses y sus familiares.
De una enfermedad relativamente común, de dos tipos de hernia, la llamada de disco y la de hiato o hiatal, surgen dos bandas que, según se anuncia hacia el final de la novela, están destinadas a librar una lucha a muerte... El narrador sabe que las hernias son "una metáfora", pero no aclara la incógnita. Insiste, en cambio, en lo que él llama "una verdad ética", es decir: "que robar a un empresario es siempre un acto de justicia". Esto podría justificar la conducta de Luciano y Mimí, quienes se dan la buena vida con el dinero acumulado en la cuenta suiza.
Un relato que quiere ser ingenioso y divertido, una exhibición de malabarismo intelectual y fantasía que deja el sabor amargo de la sátira, tal vez útil como reactivo; a los pequeños personajes el narrador los deja ser no más lo que son, en su ignorancia, en sus limitaciones, muy por debajo de los fuegos de artificio que él compone con colores filosóficos. (c) LA GACETA
La presentación de los dos personajes principales, Luciano y Mimí, que se hace sucesivamente en los dos primeros capítulos, provoca una leve reminiscencia de cierto procedimiento de Kafka: se los ve en el momento del despertar, cuando reconocen lo extraño de sus propios cuerpos. Pero pronto quedan atrás las huellas del maestro de Praga, porque el narrador no se juega entero a un personaje y la modalidad del relato kafkiano pasa a ser para él sólo un recurso. Estos dos argentinos, que se ganan modestamente la vida en París enseñando español, inventan un procedimiento fantástico con el propósito de conseguir que ejecutivos de una empresa francesa que ha sido favorecida con las privatizaciones hechas por el Estado argentino, en lugar de enviar los dividendos a la empresa, les envíen a ellos (estos docentes llamados Luciano y Mimí) cheques de increíbles cifras a la cuenta bancaria que han abierto al efecto en un banco suizo... No hay para qué seguir con la síntesis argumental: todo alude al reciente pasado argentino, en el que participaron activamente muchos que ahora se hacen los desentendidos. El espacio de la narración se amplía entonces; ya no es sólo el ámbito europeo de Luciano y Mimí, sino también Buenos Aires, adonde se trasladan los ejecutivos franceses y sus familiares.
De una enfermedad relativamente común, de dos tipos de hernia, la llamada de disco y la de hiato o hiatal, surgen dos bandas que, según se anuncia hacia el final de la novela, están destinadas a librar una lucha a muerte... El narrador sabe que las hernias son "una metáfora", pero no aclara la incógnita. Insiste, en cambio, en lo que él llama "una verdad ética", es decir: "que robar a un empresario es siempre un acto de justicia". Esto podría justificar la conducta de Luciano y Mimí, quienes se dan la buena vida con el dinero acumulado en la cuenta suiza.
Un relato que quiere ser ingenioso y divertido, una exhibición de malabarismo intelectual y fantasía que deja el sabor amargo de la sátira, tal vez útil como reactivo; a los pequeños personajes el narrador los deja ser no más lo que son, en su ignorancia, en sus limitaciones, muy por debajo de los fuegos de artificio que él compone con colores filosóficos. (c) LA GACETA







