17 Octubre 2004 Seguir en 

Tras el título hay dos subtítulos, de modo que la tapa y la portada se muestran así: Cómo ganar discusiones. (O al menos cómo evitar perderlas). Una introducción a la teoría de la argumentación.
Es una presentación desafortunada, tanto que un matutino porteño incluyó el libro en el rubro "Economía y Negocios". Esto es, se lo asoció con títulos como Por qué fracasan los gerentes egoístas o Las cuatro reglas del éxito.
Pero el contenido es diferente. Va de suyo que ganar una discusión sería una forma de tener éxito, pero acá se trata de un libro de Lógica y de Retórica, dos disciplinas que desarrolló de modo perdurable el genial Aristóteles.
Aparecen en Da Silveira las nociones tradicionales: argumento, proposición, definición, deducción, inducción y analogía.
El capítulo de las falacias (formales y materiales) es un enfoque muy útil. Y para mejorar nuestras posibilidades en las discusiones, el autor señala algunos principios básicos de "ética de la discusión": claridad interpretativa, respeto, parsimonia, responsabilidad y despersonalización.
También muestra estrategias que usadas con sagacidad contribuyen a debilitar la posición del adversario en la discusión, estrategias que pueden ser empleadas con buena o con mala intención.
Al ocuparse de algunas reglas deductivas, se omite toda consideración del elemental procedimiento semántico de las tablas de verdad, esquemas que dicen más que cien palabras. Paradójicamente, no acudir a las tablas por el afán de mantenerse siempre en el lenguaje natural, en este caso el idioma español, genera un desarrollo engorroso... y hasta alguna errata (en la pág. 112 en vez de "silogismo hipotético" debería decir "silogismo disyuntivo").
Falta un tratamiento (básico, pero tratamiento al fin) de las cuatro proposiciones categóricas clásicas. El autor las nombra en una nota, pero esto a quien desconoce el asunto nada le dice, pues lo importante es mostrar sus relaciones. Piénsese en la importancia de las contradictorias, en el célebre cuadrado de oposición, indispensables para entender mínimamente el falsacionismo de Popper, y los ejemplos pueden multiplicarse.
En suma, la parte de Retórica es la más aprovechable. Los temas de Lógica el lector interesado los encontrará mucho mejor en los manuales; es el caso del excelente de Copi, que Da Silveira menciona, y de otros textos no menos idóneos (Cohen y Nagel, Colacilli de Muro, Ferrater Mora, Deaño, los tres últimos escritos directamente en español), lamentablemente ignorados en la frondosa bibliografía.
El autor es vicerrector de la Universidad Católica de Montevideo y allí ejerce la cátedra de Filosofía Política, asignatura cultivada con dedicación a través de libros y artículos. (c) LA GACETA
Es una presentación desafortunada, tanto que un matutino porteño incluyó el libro en el rubro "Economía y Negocios". Esto es, se lo asoció con títulos como Por qué fracasan los gerentes egoístas o Las cuatro reglas del éxito.
Pero el contenido es diferente. Va de suyo que ganar una discusión sería una forma de tener éxito, pero acá se trata de un libro de Lógica y de Retórica, dos disciplinas que desarrolló de modo perdurable el genial Aristóteles.
Aparecen en Da Silveira las nociones tradicionales: argumento, proposición, definición, deducción, inducción y analogía.
El capítulo de las falacias (formales y materiales) es un enfoque muy útil. Y para mejorar nuestras posibilidades en las discusiones, el autor señala algunos principios básicos de "ética de la discusión": claridad interpretativa, respeto, parsimonia, responsabilidad y despersonalización.
También muestra estrategias que usadas con sagacidad contribuyen a debilitar la posición del adversario en la discusión, estrategias que pueden ser empleadas con buena o con mala intención.
Al ocuparse de algunas reglas deductivas, se omite toda consideración del elemental procedimiento semántico de las tablas de verdad, esquemas que dicen más que cien palabras. Paradójicamente, no acudir a las tablas por el afán de mantenerse siempre en el lenguaje natural, en este caso el idioma español, genera un desarrollo engorroso... y hasta alguna errata (en la pág. 112 en vez de "silogismo hipotético" debería decir "silogismo disyuntivo").
Falta un tratamiento (básico, pero tratamiento al fin) de las cuatro proposiciones categóricas clásicas. El autor las nombra en una nota, pero esto a quien desconoce el asunto nada le dice, pues lo importante es mostrar sus relaciones. Piénsese en la importancia de las contradictorias, en el célebre cuadrado de oposición, indispensables para entender mínimamente el falsacionismo de Popper, y los ejemplos pueden multiplicarse.
En suma, la parte de Retórica es la más aprovechable. Los temas de Lógica el lector interesado los encontrará mucho mejor en los manuales; es el caso del excelente de Copi, que Da Silveira menciona, y de otros textos no menos idóneos (Cohen y Nagel, Colacilli de Muro, Ferrater Mora, Deaño, los tres últimos escritos directamente en español), lamentablemente ignorados en la frondosa bibliografía.
El autor es vicerrector de la Universidad Católica de Montevideo y allí ejerce la cátedra de Filosofía Política, asignatura cultivada con dedicación a través de libros y artículos. (c) LA GACETA







