17 Octubre 2004 Seguir en 

El Movimiento del Teatro Independiente, iniciado en Buenos Aires, entre otros, por el Teatro del Pueblo, fundado por Leonidas Barletta el 30 de noviembre de 1930, crece y se expande por todo el país al ritmo de la frase de Goethe "Avanzar sin prisa y sin pausa, como la estrella", que ese paradigmático grupo adopta como guía. Tiene, para nuestra cultura, una importancia fundacional. Nombres como los de Roberto Arlt, Agustín Cuzzani y Osvaldo Dragún, por citar algunos, están estrechamente vinculados a él.
Fue José Marial el primero en historiar su devenir en El teatro independiente (Alpe, Buenos Aires, 1955). Luis Ordaz, en su Historia del Teatro Argentino (CEAL, Buenos Aires, 1971, reeditada por el INT, 1999) le dedica tres extensos capítulos. Es de este último material que Ricardo Risetti -actor, director y escenógrafo en distintos grupos independientes- extrae los datos para construir, cronológicamente, una sintética descripción de la creación, la actividad, el repertorio y la duración de los grupos que conforman el Movimiento a lo largo de cuarenta años.
El significativo aporte de esta publicación reside, por un lado, en los numerosos testimonios de los protagonistas que lo construyeron y consolidaron; y por otro, en la profusión de documentos gráficos que, con fotografías y facsímiles de programas, insumen la mayor cantidad de las 556 páginas. Las historias personales, plenas de datos, nombres y anécdotas, permitirán reconstruir, complementar y completar lo ya escrito sobre el Teatro Independiente. Tanto para el lector interesado en saber algo más sobre lo que disfrutó como espectador, como para el investigador ocupado en precisar cada vez más el entramado de los antecedentes y trayectos de los teatristas que con su hacer han configurado el panorama actual del teatro, el contacto con esos relatos de vida se torna indispensable. Concita verdadero interés cotejar lo vertido sobre un mismo hecho por artistas que compartieron etapas.
Así sucede con los relatos de Agustín Alezzo y Augusto Fernández, actores de La Máscara, que tuvieron a Hedy Crilla como maestra, junto al de Ricardo Halac, autor de dos obras que ellos estrenaron; con los de Héctor Alterio, Pedro Asquini y Alejandra Boero, pilares fundamentales de Nuevo Teatro; con los de Osvaldo Calatayud, David Cureses, Francisco Javier, Jorge Lavelli, Onofre Lovero y Alberto Rodríguez Muñoz, fundadores y conductores de otros tantos grupos y teatros independientes; con los de Juan Carlos Gené, Carlos Gorostiza, Francisco Javier, Gastón Breyer, Leandro Hipólito Ragucci, Mario Rolla y Jorge Petraglia, quienes desde distintos roles cimentaron las bases de un tetro de arte de proyección nacional e internacional; a las que se suman las "memorias" de otros gestores, que no por menos conocidos, dejan de tener valor e interés, como las de Pablo Antón, Juan José Bertonasco, Norberto Califano, Juan Manuel Chaure, Pedro Doril, Roberto Dairiens, Marcela Sola y José Luciano Varona.
Analizando la edición en su conjunto, podríamos concluir que estas Memorias del teatro independiente argentino resultan un recomendable complemento de la Historia del Teatro Argentino, Volumen IV, La segunda modernidad (1949-1976) dirigida por Osvaldo Pellettieri (Galerna, Buenos Aires, 2003) que comentamos en LA GACETA Literaria 30/11/2003, donde sólo se describe la producción artística de dos de las numerosas agrupaciones que constituyeron el trascendente Movimiento Independiente, que mediante el aporte de autores, directores, maestros, escenógrafos, músicos y varias generaciones de actores de indudable valor -basta repasar los nombres citados- transformó sustancialmente el campo teatral argentino. (c) LA GACETA
Fue José Marial el primero en historiar su devenir en El teatro independiente (Alpe, Buenos Aires, 1955). Luis Ordaz, en su Historia del Teatro Argentino (CEAL, Buenos Aires, 1971, reeditada por el INT, 1999) le dedica tres extensos capítulos. Es de este último material que Ricardo Risetti -actor, director y escenógrafo en distintos grupos independientes- extrae los datos para construir, cronológicamente, una sintética descripción de la creación, la actividad, el repertorio y la duración de los grupos que conforman el Movimiento a lo largo de cuarenta años.
El significativo aporte de esta publicación reside, por un lado, en los numerosos testimonios de los protagonistas que lo construyeron y consolidaron; y por otro, en la profusión de documentos gráficos que, con fotografías y facsímiles de programas, insumen la mayor cantidad de las 556 páginas. Las historias personales, plenas de datos, nombres y anécdotas, permitirán reconstruir, complementar y completar lo ya escrito sobre el Teatro Independiente. Tanto para el lector interesado en saber algo más sobre lo que disfrutó como espectador, como para el investigador ocupado en precisar cada vez más el entramado de los antecedentes y trayectos de los teatristas que con su hacer han configurado el panorama actual del teatro, el contacto con esos relatos de vida se torna indispensable. Concita verdadero interés cotejar lo vertido sobre un mismo hecho por artistas que compartieron etapas.
Así sucede con los relatos de Agustín Alezzo y Augusto Fernández, actores de La Máscara, que tuvieron a Hedy Crilla como maestra, junto al de Ricardo Halac, autor de dos obras que ellos estrenaron; con los de Héctor Alterio, Pedro Asquini y Alejandra Boero, pilares fundamentales de Nuevo Teatro; con los de Osvaldo Calatayud, David Cureses, Francisco Javier, Jorge Lavelli, Onofre Lovero y Alberto Rodríguez Muñoz, fundadores y conductores de otros tantos grupos y teatros independientes; con los de Juan Carlos Gené, Carlos Gorostiza, Francisco Javier, Gastón Breyer, Leandro Hipólito Ragucci, Mario Rolla y Jorge Petraglia, quienes desde distintos roles cimentaron las bases de un tetro de arte de proyección nacional e internacional; a las que se suman las "memorias" de otros gestores, que no por menos conocidos, dejan de tener valor e interés, como las de Pablo Antón, Juan José Bertonasco, Norberto Califano, Juan Manuel Chaure, Pedro Doril, Roberto Dairiens, Marcela Sola y José Luciano Varona.
Analizando la edición en su conjunto, podríamos concluir que estas Memorias del teatro independiente argentino resultan un recomendable complemento de la Historia del Teatro Argentino, Volumen IV, La segunda modernidad (1949-1976) dirigida por Osvaldo Pellettieri (Galerna, Buenos Aires, 2003) que comentamos en LA GACETA Literaria 30/11/2003, donde sólo se describe la producción artística de dos de las numerosas agrupaciones que constituyeron el trascendente Movimiento Independiente, que mediante el aporte de autores, directores, maestros, escenógrafos, músicos y varias generaciones de actores de indudable valor -basta repasar los nombres citados- transformó sustancialmente el campo teatral argentino. (c) LA GACETA







