13 Octubre 2004 Seguir en 

La mitad de las escuelas de todo el mundo tienen estudiantes que, solos o en grupo, agreden a sus pares. Así lo reveló un estudio multicéntrico que se llevó a cabo en 25 países tan distintos como Estados Unidos y Corea. Una de las principales conclusiones a las que arribaron los científicos es que el origen de la espiral de violencia en crecimiento son los desajustes psicológicos-sociales (a veces devenidos en patologías psiquiátricas o psicológicas graves no detectadas), el consumo de alcohol, drogas y el fácil acceso a las armas. Esta última causa es uno de los factores más difíciles de controlar pues, si bien se ven numerosos episodios de ataques con pistola u otras armas de fuego, también hay innumerables agresiones con cuchillos y otros objetos cortantes o punzantes, mucho más fáciles de conseguir o fabricar.
Víctimas y victimarios
Luego de estudiar a 113.200 estudiantes con edades entre los 11 y los 16 años, en 25 países, un grupo de expertos pertenecientes -entre otros centros- al Departamento de Epidemiología de la Universidad de California, al Departamento de Psiquiatría Infantil y Adolescente de la Universidad de Chicago (ambas instituciones de Estados Unidos) y al departamento de Psiquiatría de la Universidad de Hallym, en Corea del Sur, concluyeron que, en promedio el 40% de los chicos que concurre a escuelas primarias y secundarias participan de hechos de violencia escolar, en diferentes formas: el 14% son sólo víctimas, el 9% son víctimas y victimarios alternativamente, mientras que el 17% son siempre atacantes.
Los principales tipos de víctimas están bastante parejos en el ranking establecido por las estadísticas del estudio en cuestión, y son: a) la exclusión y discriminación (violencia psicológica), 23%; b) abuso verbal (también agresión de orden psicológico), (22%); c) abuso físico (del 16 al 20%).
Otro de los datos relevantes divulgados por los expertos es que las agresiones se dan en igual porcentaje tanto en escuelas privadas como públicas. Ahora, a la hora de hacer más distinciones, la violencia escolar predomina entre varones y en familias tanto muy pudientes como pobres (los dos extremos del estatus económico) así como en familias desmembradas, es decir con ausencia de uno o de ambos padres.
Responsabilidad compartida
La investigación se publicó en los Archivos de medicina Pediátrica y Adolescente, prestigiosa revista científica mensual de Estados Unidos. (2004, vol. 158).La misma publicación divulga otro trabajo que remarca el control que ambos padres, junto con la escuela, deben tener sobre sus hijos para detectar cambios de conducta o factores de riesgo que anticipen la existencia de adolescentes equiparables a "bombas de tiempo".
Al respecto, expertos del Departamento de Pediatría del Hospital de Niños de la Universidad Estatal de Michigan, de la Universidad de Maryland y de la Wst Virginia, todas de Estados Unidos descubrieron que las reuniones padres y niños o adolescentes juntos son más eficientes que las charlas a jóvenes solos a la hora de disminuir o prevenir acciones violentas. También, luego de concluir la investigación que duró dos años y abarcó 817 alumnos de entre 13 y 16 años, los expertos determinaron que los indicadores más certeros de un niño o adolescente potencialmente o ya agresivo son: el número de amonestaciones escolares; los días de suspensión a clases; llevar un bate de béisbol como arma, consumir alcohol, fumar cigarrillos comunes o de marihuana, usar drogas ilícitas o medicamentos sin prescripción médica y estar en contra del uso de preservativo.
Víctimas y victimarios
Luego de estudiar a 113.200 estudiantes con edades entre los 11 y los 16 años, en 25 países, un grupo de expertos pertenecientes -entre otros centros- al Departamento de Epidemiología de la Universidad de California, al Departamento de Psiquiatría Infantil y Adolescente de la Universidad de Chicago (ambas instituciones de Estados Unidos) y al departamento de Psiquiatría de la Universidad de Hallym, en Corea del Sur, concluyeron que, en promedio el 40% de los chicos que concurre a escuelas primarias y secundarias participan de hechos de violencia escolar, en diferentes formas: el 14% son sólo víctimas, el 9% son víctimas y victimarios alternativamente, mientras que el 17% son siempre atacantes.
Los principales tipos de víctimas están bastante parejos en el ranking establecido por las estadísticas del estudio en cuestión, y son: a) la exclusión y discriminación (violencia psicológica), 23%; b) abuso verbal (también agresión de orden psicológico), (22%); c) abuso físico (del 16 al 20%).
Otro de los datos relevantes divulgados por los expertos es que las agresiones se dan en igual porcentaje tanto en escuelas privadas como públicas. Ahora, a la hora de hacer más distinciones, la violencia escolar predomina entre varones y en familias tanto muy pudientes como pobres (los dos extremos del estatus económico) así como en familias desmembradas, es decir con ausencia de uno o de ambos padres.
Responsabilidad compartida
La investigación se publicó en los Archivos de medicina Pediátrica y Adolescente, prestigiosa revista científica mensual de Estados Unidos. (2004, vol. 158).La misma publicación divulga otro trabajo que remarca el control que ambos padres, junto con la escuela, deben tener sobre sus hijos para detectar cambios de conducta o factores de riesgo que anticipen la existencia de adolescentes equiparables a "bombas de tiempo".
Al respecto, expertos del Departamento de Pediatría del Hospital de Niños de la Universidad Estatal de Michigan, de la Universidad de Maryland y de la Wst Virginia, todas de Estados Unidos descubrieron que las reuniones padres y niños o adolescentes juntos son más eficientes que las charlas a jóvenes solos a la hora de disminuir o prevenir acciones violentas. También, luego de concluir la investigación que duró dos años y abarcó 817 alumnos de entre 13 y 16 años, los expertos determinaron que los indicadores más certeros de un niño o adolescente potencialmente o ya agresivo son: el número de amonestaciones escolares; los días de suspensión a clases; llevar un bate de béisbol como arma, consumir alcohol, fumar cigarrillos comunes o de marihuana, usar drogas ilícitas o medicamentos sin prescripción médica y estar en contra del uso de preservativo.
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