La obesidad infantil puede ocultar desnutrición

El niño obeso será un adulto obeso, es decir que correrá el riesgo de sufrir hipertensión arterial, diabetes e infarto de miocardio. Los chicos con sobrepeso suelen sufrir carencia de nutrientes importantes, como yodo, hierro y vitamina "A"

13 Octubre 2004
Se sabe desde siempre que entre un niño bien alimentado y otro con sobrepeso, hay una gran diferencia. Por varias razones, en el mundo crece la obesidad infanto-juvenil. Aunque no hay estadísticas nacionales precisas, estudios indican que el fenómeno se repite en la Argentina. La gordura suele ser sinónimo de una dieta desequilibrada.

Tras la gordura se oculta la desnutrición

Cuanto más precozmente se instala la obesidad durante la niñez y la adolescencia, mayores posibilidades hay de que persista cuando esta persona sea un adulto, con los consiguientes riesgos que se le asocian: la diabetes de tipo II, la hipertensión, las dislipemias y el infarto de miocardio.
Si bien en la Argentina no hay estadísticas precisas a nivel nacional, hay varios estudios parciales y otros indicadores de que la obesidad infanto-juvenil (es decir, en el período que va desde el nacimiento y la lactancia hasta los 19 años) está avanzando, tal como está efectivamente comprobado que sucede en América Latina y (sobre todo) en la mayoría de los países con hábitos de vida urbanos "globalizados" de Europa y el Norte de América.
Ser obeso es estar dentro de la gran cantidad de población sin distinción social (en las clases pobres por falta de recursos, en las ricas sólo por las pautas culturales de alimentación y el sedentarismo) que tiene deficiencias alimentarias por carencias de micronutrientes, sobre todo de vitamina A, de yodo y de hierro, es decir: obesidad es sinónimo de mala alimentación.

Se actúa muy tarde
"Nuestra acción lamentablemente es tardía, porque se debe actuar en prevención y no solamente en diagnóstico y tratamiento", entiende la doctora Liliana Trifone, pediatra especialista en Nutrición y Diabetes del Hospital de Niños Ricardo Gutiérrez de Buenos Aires. En su opinión, "la gente se moviliza cuando se entera de que está en riesgo, pero hay que cambiar ese enfoque; el pediatra tiene una función de educación y de capacitación, de contención".
Una medida para conocer la calidad de la alimentación es la de saber la proporción de micronutrientes por cada 100 calorías en la dieta: "De acuerdo a esto se sabe que los alimentos consumidos por un gran número de niños en nuestro país tienen una baja proporción de vitaminas y minerales", remarcó la especialista.

Cómo revertir la situación
La doctora puntualizó que las estrategias para prevenir esa "desnutrición oculta", como llama la OMS a esa carencia de micronutrientes, pasan por:
Promover una dieta variada y completa con alimentos ricos en todos los micronutrientes.
Contar con alimentos adecuadamente fortificados con todas las vitaminas y minerales carenciales.
Añadir a la comida suplementos polivitamínicos y minerales.
La obesidad fue declarada como una enfermedad en sí misma en 1997 por la Organización Mundial de la Salud, y sólo en un 1% de los casos se debe a síndromes dismórficos, lesiones del sistema nervioso central o problemas glandulares. Hay varias formas de determinar cuando una persona se obesa, como las tablas NCEH utilizadas internacionalmente pero calculadas en base a la población de los EE.UU.
"Para la Argentina hay que hacer algunas modificaciones, y no tenemos tablas de percentilos -otro de los métodos de evaluación y diagnóstico- de acuerdo al sexo y a la edad", indica Trifone. En el primer caso, "el diagnóstico se hace con una relación de la media de peso correspondiente a cada talla y para cada edad". Otro parámetro usado es el índice de masa corporal (IMC), que relaciona el peso en kilos sobre el cuadrado de la talla en metros: para el adulto lo ideal es que no supere 25, pero no es muy usado en niños ya que los avatares del crecimiento y las diferencias de talla lo hacen muy poco preciso, sobre todo antes de los 6 años.

No saben qué es la buena alimentación
En América latina hay 12 países que cuentan con información sistemática sobre la obesidad y el sobrepeso en la población, pero la Argentina no está entre ellos. En los casos de Chile, Bolivia y Perú el porcentaje, dentro de la franja de los menores de 19 años, supera el 20%. En países de Europa la obesidad entre los niños oscila entre el 5 y el 10% y se eleva hasta un 20% al llegar a la edad adolescente.
Los estudios realizados en la Argentina, recopilados por la doctora Liliana Trifone, refieren a diferentes franjas de edad,métodos y zonas geográficas. En cualquier caso la obesidad resultó estar entre el 4 y el 11%.
La obesidad es una alteración del organismo en cuanto al ingreso de energía que necesita y el gasto, y ese equilibrio se puede romper por muchos factores, entre ellos el genéticos (si ambos progenitores son obesos hay del 70 al 80% de posibilidades de que el hijo también lo sea).
"Hay una difusión no adecuada de lo que significa una alimentación saludable, porque las industrias promocionan alimentos de bajo costo con alto contenido de azúcares y grasas".
A veces el déficit se da por falta de disponibilidad, pero en gran parte se debe, según la médica, a la falta de conocimiento de lo que es una dieta variada y óptima. "El guiso que preparan las madres es mucho más sano que lo que se come en un fast-food".
Los nutricionistas distinguen seis grupos de alimentos que deben estar en dieta equilibrada. Los lácteos aportan proteínas, calcio y vitamina D. Las carnes, proteínas, hierro y cinc. Los vegetales y las frutas contienen vitaminas A y C, ácido fólico, potasio, magnesio y fibra. Los cereales y legumbres aportan fibras, carbohidratos y vitaminas B1 y B6. Los aportes energéticos están a cargo de los lípidos (aceites) que tienen vitamina E y ácidos grasos, y de los azúcares y dulces, que proporcionan energía de rápida absorción.

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