Poesía popular, una ardua tarea

Por Rodolfo Modern

10 Octubre 2004
Los poetas -seres humanos, al fin y al cabo- aspiran al reconocimiento como el resto de los mortales. Muchos lo obtienen, de acuerdo con sus posibilidades, claro está; a algunos se les niega en vida. Emily Dickinson, por ejemplo; Georg Trakl, por ejemplo. En cuanto a Mario Benedetti, sin duda lo ha adquirido con creces. Con su laboriosidad innegable (no siempre un mérito), con el don de su longevidad, circunstancia que merece respeto. Su público -y el de la poesía es restringido en comparación con los demás géneros- le ha deparado el favor del que no gozan, hablando en términos cuantitativos, cuatro de los mayores poetas argentinos contemporáneos. Me refiero específicamente a Horacio Castillo, Rodolfo Godino, Alejandro Nicotra y Rafael Oteriño. La fama y la calidad están a veces celosamente compartimentadas. Y no sabemos, por supuesto, qué dirá la posteridad al respecto. Cierta dicción directa, atisbos líricos, metáforas fáciles, de efecto seguro, contribuyen a la popularidad indiscutible del autor oriental. Y, en ese sentido, el público que no busca la indagación profunda de la realidad llamada mundo, encuentra en Mario Benedetti una voz afín que lo hace sentirse bien. Y eso también debe ser considerado.(c) LA GACETA

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