10 Octubre 2004 Seguir en 

"Abgaro, rey de Edesa, saluda a Jesús, el buen Salvador que ha aparecido en Jerusalén". Con estas palabras, cuya cita está tomada "de los Evangelios Apócrifos", comienza esta novela que tiene "la historia y la imaginación como elementos de partida" (según la indicación de la contratapa). El texto referido forma parte de una correspondencia apócrifa entre Jesús y el rey de Edesa, que Eusebio de Cesarea incluye en su Historia Eclesiástica (I, 13,6-10; cf. II, 1,6). Otro escrito conocido como la Doctrina de Addai (Tadeo) agrega que Abgaro recibió también una imagen "no hecha a mano", impresa sobre un lienzo en el que Jesús enjugó su rostro. Esta leyenda se confundiría más tarde con la de la Verónica y se uniría con la tradición del Santo Sudario conservado en Turín. Sin embargo, la peregrina Egeria, que a comienzos del siglo V visitó el Medio Oriente venerando cuanta reliquia estaba a su alcance, refiere la presencia en Edesa de las mencionadas cartas del sepulcro del apóstol Tomás, pero no da muestras de conocer la existencia del Sudario (cf. Itinerario XIX). Su tradición debe ser, por tanto, posterior a esa fecha.
Además de una misteriosa Hermandad guardiana del Sudario, en la novela aparecen los infaltables Caballeros Templarios, una Orden religiosa fundada para defender los Santos Lugares durante las Cruzadas. El misterio que envuelve su historia tiene que ver con su desaparición violenta, después de que el Concilio de Vienne promulgó, el 3 de abril de 1312, la bula Vox in excelso, que prescribía el fin de la Orden, el traspaso de sus bienes a otra orden de caballería y el encarcelamiento perpetuo de sus grandes dirigentes. La muerte en la hoguera del Maestre Jacobo de Molay y de muchos templarios por orden de Felipe IV de Francia selló uno de los juicios más complejos de la Historia. Doscientos años antes Bernardo de Claraval había escrito sobre ellos: "Como milagrosamente, son a la vez más mansos que los corderos y más feroces que los leones. Tanto que yo no sé cómo habría que llamarlos,... porque saben compaginar la mansedumbre del monje con la intrepidez del soldado" (Libro de la gloria de la nueva milicia n. 8).
La trama del relato tiene algo del film La última cruzada (1989), donde también actúa una sociedad secreta, custodia del Santo Grial. Por supuesto, falta la magia propia del cine y de quienes estuvieron detrás de las aventuras del legendario Indiana Jones: Steven Spielberg y George Lucas. Como en este film y en las anteriores partes de la famosa trilogía, En busca del Arca perdida (1981) y El Templo maldito (1984), también en la presente novela parece actuar un "Misterio fascinante", como R. Otto definía a lo divino. En estas aventuras los hombres son atraídos por la presencia divina contenida en alguna sagrada reliquia, con "el propósito tan sólo de apropiarse la fuerza maravillosa del numen para aplicarla a fines naturales" (Otto, Lo santo, Barcelona 2001 p. 52).
La posición de la autora ante la autenticidad del Sudario, reflejada en los diálogos del equipo de investigadores de su relato, es tan cautelosa como las declaraciones eclesiales. En su visita a la catedral de Turín el 24 de mayo de 1998, poco después del último incendio, Juan Pablo II refería que "al no tratarse de materia de fe, la Iglesia no tiene competencia específica para pronunciarse sobre tales cuestiones". Pero, a la vez, el Papa invitaba a la comunidad científica a estudiar la reliquia "sin posiciones preconcebidas que den por descontado resultados" y alentaba a acercarse a ella "con libertad interior y cuidadoso respeto, tanto de la epistemología científica como de la sensibilidad de los creyentes". La datación asumida en la novela es la resultante de los estudios realizados por laboratorios de Oxford, Tucson y Zurich, en base a pruebas de carbono 14, y que concluyeron como fecha los años entre 1260 y 1390. Dichos resultados fueron anunciados por el arzobispo de Turín el 13 de octubre de 1988.
A través de la vía sobrenatural la autora termina conjugando autenticidad y datación tardía. Y allí queda el Sudario, provocando a la inteligencia humana, como dice el Papa en el citado discurso. Aunque el provocado debería ser, más bien, el corazón, según continúa diciendo el Papa: "¿Cómo es posible no pensar ante la Sábana Santa en los millones de hombres que mueren de hambre, en los horrores perpetrados en tantas guerras que ensangrientan las naciones, en el abuso brutal de mujeres y niños, en millones de seres humanos que viven humillados al margen de las grandes metrópolis, especialmente en los países en vías de desarrollo?... Al evocar estas dramáticas situaciones la Sábana Santa no sólo nos lleva a salir de nuestro egoísmo, sino que además nos permite descubrir el misterio del dolor, que santificado por el sacrificio de Cristo, genera salvación para toda la humanidad".(c) LA GACETA
Además de una misteriosa Hermandad guardiana del Sudario, en la novela aparecen los infaltables Caballeros Templarios, una Orden religiosa fundada para defender los Santos Lugares durante las Cruzadas. El misterio que envuelve su historia tiene que ver con su desaparición violenta, después de que el Concilio de Vienne promulgó, el 3 de abril de 1312, la bula Vox in excelso, que prescribía el fin de la Orden, el traspaso de sus bienes a otra orden de caballería y el encarcelamiento perpetuo de sus grandes dirigentes. La muerte en la hoguera del Maestre Jacobo de Molay y de muchos templarios por orden de Felipe IV de Francia selló uno de los juicios más complejos de la Historia. Doscientos años antes Bernardo de Claraval había escrito sobre ellos: "Como milagrosamente, son a la vez más mansos que los corderos y más feroces que los leones. Tanto que yo no sé cómo habría que llamarlos,... porque saben compaginar la mansedumbre del monje con la intrepidez del soldado" (Libro de la gloria de la nueva milicia n. 8).
La trama del relato tiene algo del film La última cruzada (1989), donde también actúa una sociedad secreta, custodia del Santo Grial. Por supuesto, falta la magia propia del cine y de quienes estuvieron detrás de las aventuras del legendario Indiana Jones: Steven Spielberg y George Lucas. Como en este film y en las anteriores partes de la famosa trilogía, En busca del Arca perdida (1981) y El Templo maldito (1984), también en la presente novela parece actuar un "Misterio fascinante", como R. Otto definía a lo divino. En estas aventuras los hombres son atraídos por la presencia divina contenida en alguna sagrada reliquia, con "el propósito tan sólo de apropiarse la fuerza maravillosa del numen para aplicarla a fines naturales" (Otto, Lo santo, Barcelona 2001 p. 52).
La posición de la autora ante la autenticidad del Sudario, reflejada en los diálogos del equipo de investigadores de su relato, es tan cautelosa como las declaraciones eclesiales. En su visita a la catedral de Turín el 24 de mayo de 1998, poco después del último incendio, Juan Pablo II refería que "al no tratarse de materia de fe, la Iglesia no tiene competencia específica para pronunciarse sobre tales cuestiones". Pero, a la vez, el Papa invitaba a la comunidad científica a estudiar la reliquia "sin posiciones preconcebidas que den por descontado resultados" y alentaba a acercarse a ella "con libertad interior y cuidadoso respeto, tanto de la epistemología científica como de la sensibilidad de los creyentes". La datación asumida en la novela es la resultante de los estudios realizados por laboratorios de Oxford, Tucson y Zurich, en base a pruebas de carbono 14, y que concluyeron como fecha los años entre 1260 y 1390. Dichos resultados fueron anunciados por el arzobispo de Turín el 13 de octubre de 1988.
A través de la vía sobrenatural la autora termina conjugando autenticidad y datación tardía. Y allí queda el Sudario, provocando a la inteligencia humana, como dice el Papa en el citado discurso. Aunque el provocado debería ser, más bien, el corazón, según continúa diciendo el Papa: "¿Cómo es posible no pensar ante la Sábana Santa en los millones de hombres que mueren de hambre, en los horrores perpetrados en tantas guerras que ensangrientan las naciones, en el abuso brutal de mujeres y niños, en millones de seres humanos que viven humillados al margen de las grandes metrópolis, especialmente en los países en vías de desarrollo?... Al evocar estas dramáticas situaciones la Sábana Santa no sólo nos lleva a salir de nuestro egoísmo, sino que además nos permite descubrir el misterio del dolor, que santificado por el sacrificio de Cristo, genera salvación para toda la humanidad".(c) LA GACETA







