29 Septiembre 2004 Seguir en 

Todos tenemos raptos de timidez. Hasta las personalidades más maduras pueden ser embargadas por una situación que las aborda por sorpresa y las hace tartamudear. Pero, fuera de esas circunstancias, no se caracterizan por ser tímidos. Tampoco son tímidos todos los introvertidos. Aunque son reservados y viven hacia adentro de sí mismos y prefieren expresarse con parquedad, pueden establecer lazos hacia afuera cuando quieren y hasta son excelentes comunicadores.
Programa barrial
"Tímido viene de temeroso, encogido, corto de ánimo, vergonzoso", sostiene la psicóloga Eva Corsini, docente especializada en psicoanálisis de pareja, coordinadora del taller "¿Me voy o me quedo?" del Programa de Salud Mental Barrial del Hospital Pirovano de Buenos Aires y del grupo "Cómo enamorarme otra vez". Aunque no todos los participantes de los talleres de reflexión que coordina son tímidos, reconoce que algunos son muy tímidos. "Otros son tan tímidos que ni llegan al grupo", afirma. Algunos llegan al grupo, pero no pueden decir palabra. "Allí se ven los miedos. Permanecen callados, pensando en la vergüenza, tienen dificultad para presentarse, o para avanzar en una relación, para mostrarse realmente como son, en su relación con el trabajo o con la profesión. Está el miedo de mostrarse, de hacer el ridículo, de ser feo y de ser rechazado", acota.
Impulsos encontrados
Desde su óptica psicoanalítica, el rubor, síntoma de la timidez, es una manifestación de impulsos encontrados. "Sus ingredientes son la sexualidad genital y su represión, la represión orgánica. Según Freud, ésta habría surgido al aparecer los genitales por delante, al asumir el hombre la posición erecta. Ese sería el comienzo de la cultura y con ella, de la vergüenza, el asco y la moral", sostiene la entrevistada.En este marco, la represión estaría motivada por las exigencias de tener que cumplir con el ideal del yo. La pulsión tiene hambre de otros; las fuerzas contrarias evitan a los otros. La vergüenza está dirigida contra el exhibicionismo. Tengo vergüenza quiere decir: "No quiero que me vean". Así se entiende que los tímidos se escondan, aparten el rostro o cierren los ojos y se nieguen a mirar. "Ser visto es equiparable a ser despreciado. Si la persona está bloqueada, puede llegar al pánico. Según los especialistas en el tema, la timidez suele aparecer entre los cinco y los siete años. Al llegar a la adolescencia, se sistematiza. Esta etapa es crucial. Si aquí no se supera, puede volverse crónica y hasta derivar en una enfermedad mental.
La timidez está relacionada con el tipo de educación recibida. "Los tímidos tienen muy instalados los frenos. Hay una falta de confianza en sí mismo, producto de una formación muy severa", afirma Corsini. Los padres estimulan la timidez cuando no dejan a sus hijos afrontar las situaciones que pueden resolver; cuando los obligan al exhibicionismo, a que hagan demostraciones antes las visitas ; cuando destacan cualidades de otro hijo; cuando les ponen apodos descalificadores; cuando los ponen en ridículo ante los demás. En síntesis, cuando no los comprenden.
Programa barrial
"Tímido viene de temeroso, encogido, corto de ánimo, vergonzoso", sostiene la psicóloga Eva Corsini, docente especializada en psicoanálisis de pareja, coordinadora del taller "¿Me voy o me quedo?" del Programa de Salud Mental Barrial del Hospital Pirovano de Buenos Aires y del grupo "Cómo enamorarme otra vez". Aunque no todos los participantes de los talleres de reflexión que coordina son tímidos, reconoce que algunos son muy tímidos. "Otros son tan tímidos que ni llegan al grupo", afirma. Algunos llegan al grupo, pero no pueden decir palabra. "Allí se ven los miedos. Permanecen callados, pensando en la vergüenza, tienen dificultad para presentarse, o para avanzar en una relación, para mostrarse realmente como son, en su relación con el trabajo o con la profesión. Está el miedo de mostrarse, de hacer el ridículo, de ser feo y de ser rechazado", acota.
Impulsos encontrados
Desde su óptica psicoanalítica, el rubor, síntoma de la timidez, es una manifestación de impulsos encontrados. "Sus ingredientes son la sexualidad genital y su represión, la represión orgánica. Según Freud, ésta habría surgido al aparecer los genitales por delante, al asumir el hombre la posición erecta. Ese sería el comienzo de la cultura y con ella, de la vergüenza, el asco y la moral", sostiene la entrevistada.En este marco, la represión estaría motivada por las exigencias de tener que cumplir con el ideal del yo. La pulsión tiene hambre de otros; las fuerzas contrarias evitan a los otros. La vergüenza está dirigida contra el exhibicionismo. Tengo vergüenza quiere decir: "No quiero que me vean". Así se entiende que los tímidos se escondan, aparten el rostro o cierren los ojos y se nieguen a mirar. "Ser visto es equiparable a ser despreciado. Si la persona está bloqueada, puede llegar al pánico. Según los especialistas en el tema, la timidez suele aparecer entre los cinco y los siete años. Al llegar a la adolescencia, se sistematiza. Esta etapa es crucial. Si aquí no se supera, puede volverse crónica y hasta derivar en una enfermedad mental.
La timidez está relacionada con el tipo de educación recibida. "Los tímidos tienen muy instalados los frenos. Hay una falta de confianza en sí mismo, producto de una formación muy severa", afirma Corsini. Los padres estimulan la timidez cuando no dejan a sus hijos afrontar las situaciones que pueden resolver; cuando los obligan al exhibicionismo, a que hagan demostraciones antes las visitas ; cuando destacan cualidades de otro hijo; cuando les ponen apodos descalificadores; cuando los ponen en ridículo ante los demás. En síntesis, cuando no los comprenden.
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