20 Junio 2004 Seguir en 
"Al otro, a Borges, es a quien le ocurren las cosas. Yo camino por Buenos Aires y me demoro, acaso ya mecánicamente, para mirar el arco de un zaguán y la puerta cancel; de Borges tengo noticias por el correo y veo su nombre en una terna de profesores o en un diccionario biográfico (...) No sé cuál de los dos escribe esta página", concluía Borges su célebre texto titulado "Borges y yo".
La idea del doble, que siempre lo fascinó, surge a lo largo de su obra en innumerables ocasiones, y encuentra en el espejo el impulsor casi permanente de esa imagen desdoblada o duplicada.
"Eres el otro yo del que habla el griego/ Y acechas desde siempre. (...) Cuando esté muerto, copiarás a otro/ y luego a otro, a otro, a otro, a otro"... dirá en su poema "El espejo", que integra el libro "El oro de los tigres".
Pero si bien el espejo provoca una duplicación, esa duplicidad puede existir independientemente de él. Y esa es la noción a la que se adhieren con tanto entusiasmo los escritores del siglo XIX, acaso como una respuesta romántica de rebeldía a los dictados racionales de la Ilustración.
Las obras que aparecen de inmediato a nuestra mente son "Frankenstein", de Mary Shelley, en 1817; "Dr. Jekyll y Mr. Hyde", de Robert Louis Stevenson, en 1886; "El doble", de Fiodor Dostoyevski, en 1846, y "El retrato de Dorian Gray", de Oscar Wilde, en 1891.Borges atribuye la idea del "alter ego" a los griegos. Mucho antes, los egipcios tuvieron sus creencias muy firmes al respecto.Según ellos, había un cuerpo físico y dentro de él, un alma. El alma tenía la misma fisonomía que el cuerpo denso: era idéntica, con cabeza, brazos, piernas, etc. Algo así como un doble del cuerpo.
Al producirse la muerte, el alma, es decir el doble, emergía y se dirigía hacia otras esferas. Pero ella seguía dependiendo del cuerpo físico y del estado de este. Su perfección dependía, por lo tanto, de lo intacta que se preservara esa materia con forma humana. La momificación de los cadáveres era la manera de conservarlos. Los sarcófagos, que reproducían esa conformación humana, los protegerían aún más. Los egipcios creían que cualquier herida o mutilación del cadáver podía provocar una mutilación o una herida en el doble, es decir, en el alma.
Por lo tanto, el doble aparecía como una proyección de la conciencia o de la así llamada "alma". Para los escritores de ficción, el doble se transforma en una suerte de imagen fantasmal que persigue o acosa a su dueño, imprimiéndole así un matiz terrorífico a toda esa corriente literaria.
En "Frankenstein", el doble, el monstruo, es un "hijo de la luz"; Mr. Hyde, en cambio, es un doble "hijo de las tinieblas".
En ambos casos surge claramente la diferenciación entre cuerpo y mente, como opuestos, y luego la ambigüedad de la propia mente, dividida entre el Bien y el Mal. Dice Stevenson en boca del Dr. Jekyll: "Día tras día, y desde las dos dimensiones de mi inteligencia, la moral y la intelectual, me fui aproximando así cada vez más a esa verdad por cuyo parcial descubrimiento he sido condenado a tan horrible naufragio: que el hombre no es verdaderamente uno, sino dos". Aquí se resalta la duplicidad del raciocinio entre lo moral y lo intelectual.
En Borges, las dos entidades, el Borges escritor (público) y el Borges hombre (privado), conviven más pacíficamente, pero el primero es consciente del otro, y la idea de ese doble (Borges y yo) se convierte, si no en terrorífica, al menos en inquietante. La confusión que produce está expresada: "No sé cuál de los dos escribe esta página".
De un modo absolutamente natural, muchos yoguis de la India hablaron de sus experiencias con sus dobles, explicando así la existencia del alma separada del cuerpo.Transcribimos un párrafo de Abhedananda: "Por ejemplo, usted está sentado en su habitación, absolutamente en reposo, pero consciente; está solo y a su mente le perturba mucho algún problema comercial. No sabe cómo darle respuesta. Suponga que en la habitación o en la casa no hay nadie que lo moleste. Su puerta está cerrada con llave. Ahora bien, de pronto, usted ve a su doble. Este es algo que se parece a usted, que sale de usted, que se dirige a su escritorio, toma un pedazo de papel y un lápiz, resuelve el problema y deja en ese papel la respuesta por escrito.
Entonces, usted, por así decirlo, está soñando, y de repente se despierta, se dirige a su escritorio y encuentra la solución. Usted recuerda haber visto a su doble, pero no sabe de qué se trata. ¿Cómo explica todo esto? ¿Quién lo hizo?". Y sigue Abhedananda: "Usted admite la existencia de la inteligencia, de un ente inteligente, que puede existir sin el cuerpo material, denso y físico, y que puede satisfacer su mente. Pero estos casos no pueden explicarse con ninguna otra teoría que la de la transmisión".
¿Qué es la teoría de la transmisión? En la India creen que el doble es el yo astral del individuo y que este yo astral puede vivir independientemente del cuerpo físico. Que puede salir del cuerpo, aparecer en forma "etérica" y ejecutar distintas acciones si la persona así se lo transmite.
Claro que para muchos, estos fenómenos representan sueños de la mente y de la imaginación, alucinaciones o ilusiones ópticas, producidas por nuestro cerebro.
Los creadores, y entre ellos los escritores, fueron hechizados por la otra posibilidad del doble, la vislumbrada por los egipcios y los hindúes. El fruto de estas "fantasmagorías" fue llamado de distintas maneras, entre ellas, la trillada denominación de "literatura fantástica". De todos modos, esta denominación constituye una definición y el doble forma una parte sustancial de ese temario de la fantasía. O de la realidad. (c) LA GACETA
La idea del doble, que siempre lo fascinó, surge a lo largo de su obra en innumerables ocasiones, y encuentra en el espejo el impulsor casi permanente de esa imagen desdoblada o duplicada.
"Eres el otro yo del que habla el griego/ Y acechas desde siempre. (...) Cuando esté muerto, copiarás a otro/ y luego a otro, a otro, a otro, a otro"... dirá en su poema "El espejo", que integra el libro "El oro de los tigres".
Pero si bien el espejo provoca una duplicación, esa duplicidad puede existir independientemente de él. Y esa es la noción a la que se adhieren con tanto entusiasmo los escritores del siglo XIX, acaso como una respuesta romántica de rebeldía a los dictados racionales de la Ilustración.
Las obras que aparecen de inmediato a nuestra mente son "Frankenstein", de Mary Shelley, en 1817; "Dr. Jekyll y Mr. Hyde", de Robert Louis Stevenson, en 1886; "El doble", de Fiodor Dostoyevski, en 1846, y "El retrato de Dorian Gray", de Oscar Wilde, en 1891.Borges atribuye la idea del "alter ego" a los griegos. Mucho antes, los egipcios tuvieron sus creencias muy firmes al respecto.Según ellos, había un cuerpo físico y dentro de él, un alma. El alma tenía la misma fisonomía que el cuerpo denso: era idéntica, con cabeza, brazos, piernas, etc. Algo así como un doble del cuerpo.
Al producirse la muerte, el alma, es decir el doble, emergía y se dirigía hacia otras esferas. Pero ella seguía dependiendo del cuerpo físico y del estado de este. Su perfección dependía, por lo tanto, de lo intacta que se preservara esa materia con forma humana. La momificación de los cadáveres era la manera de conservarlos. Los sarcófagos, que reproducían esa conformación humana, los protegerían aún más. Los egipcios creían que cualquier herida o mutilación del cadáver podía provocar una mutilación o una herida en el doble, es decir, en el alma.
Por lo tanto, el doble aparecía como una proyección de la conciencia o de la así llamada "alma". Para los escritores de ficción, el doble se transforma en una suerte de imagen fantasmal que persigue o acosa a su dueño, imprimiéndole así un matiz terrorífico a toda esa corriente literaria.
En "Frankenstein", el doble, el monstruo, es un "hijo de la luz"; Mr. Hyde, en cambio, es un doble "hijo de las tinieblas".
En ambos casos surge claramente la diferenciación entre cuerpo y mente, como opuestos, y luego la ambigüedad de la propia mente, dividida entre el Bien y el Mal. Dice Stevenson en boca del Dr. Jekyll: "Día tras día, y desde las dos dimensiones de mi inteligencia, la moral y la intelectual, me fui aproximando así cada vez más a esa verdad por cuyo parcial descubrimiento he sido condenado a tan horrible naufragio: que el hombre no es verdaderamente uno, sino dos". Aquí se resalta la duplicidad del raciocinio entre lo moral y lo intelectual.
En Borges, las dos entidades, el Borges escritor (público) y el Borges hombre (privado), conviven más pacíficamente, pero el primero es consciente del otro, y la idea de ese doble (Borges y yo) se convierte, si no en terrorífica, al menos en inquietante. La confusión que produce está expresada: "No sé cuál de los dos escribe esta página".
De un modo absolutamente natural, muchos yoguis de la India hablaron de sus experiencias con sus dobles, explicando así la existencia del alma separada del cuerpo.Transcribimos un párrafo de Abhedananda: "Por ejemplo, usted está sentado en su habitación, absolutamente en reposo, pero consciente; está solo y a su mente le perturba mucho algún problema comercial. No sabe cómo darle respuesta. Suponga que en la habitación o en la casa no hay nadie que lo moleste. Su puerta está cerrada con llave. Ahora bien, de pronto, usted ve a su doble. Este es algo que se parece a usted, que sale de usted, que se dirige a su escritorio, toma un pedazo de papel y un lápiz, resuelve el problema y deja en ese papel la respuesta por escrito.
Entonces, usted, por así decirlo, está soñando, y de repente se despierta, se dirige a su escritorio y encuentra la solución. Usted recuerda haber visto a su doble, pero no sabe de qué se trata. ¿Cómo explica todo esto? ¿Quién lo hizo?". Y sigue Abhedananda: "Usted admite la existencia de la inteligencia, de un ente inteligente, que puede existir sin el cuerpo material, denso y físico, y que puede satisfacer su mente. Pero estos casos no pueden explicarse con ninguna otra teoría que la de la transmisión".
¿Qué es la teoría de la transmisión? En la India creen que el doble es el yo astral del individuo y que este yo astral puede vivir independientemente del cuerpo físico. Que puede salir del cuerpo, aparecer en forma "etérica" y ejecutar distintas acciones si la persona así se lo transmite.
Claro que para muchos, estos fenómenos representan sueños de la mente y de la imaginación, alucinaciones o ilusiones ópticas, producidas por nuestro cerebro.
Los creadores, y entre ellos los escritores, fueron hechizados por la otra posibilidad del doble, la vislumbrada por los egipcios y los hindúes. El fruto de estas "fantasmagorías" fue llamado de distintas maneras, entre ellas, la trillada denominación de "literatura fantástica". De todos modos, esta denominación constituye una definición y el doble forma una parte sustancial de ese temario de la fantasía. O de la realidad. (c) LA GACETA







