La Biblia releída a través de la historia de una mujer

Por María Eugenia Valentié.

20 Junio 2004
En la contratapa de este libro se citan las siguientes palabras de su autor: "cierto día me pregunté si la ausencia de mirada femenina en la Biblia no sería el origen de algunas interpretaciones erróneas que han suscitado interrogantes y grandes debates entre los hombres. Intenté, pues, releer la Biblia a través de las mujeres. De pronto todo cambiaba: los acontecimientos históricos recuperaban su sentido; lo inverosímil se desvanecía". Animado por este propósito, Marek Halter escribió una trilogía que comienza con Sara y continúa con los libros dedicados a Séfora y a Lila.Esta intención de Halter -aunque quizás no sea fácil para un hombre comprender la sensibilidad y las reacciones femeninas- se cumple muy bien en cuanto a que ciertos momentos de la historia bíblica pierden su rigidez y se tornan más comprensibles. Además, el hecho de que la protagonista sea Sara, y no Abraham, lo lleva a comenzar la historia en Sumer, durante la niñez de Sara, y a describir su refinada y compleja cultura.Sara nació en un palacio y fue la hija preferida de un prohombre de reconocido prestigio en la ciudad. Pero cuando tenía nueve años se enteró de que su padre, según las costumbres, organizaba su casamiento con un novio que ella debía conocer recién el día de su boda. Todos consideraban que era un buen candidato: apuesto y muy rico. En la fiesta él casi no la miró; posiblemente la consideraba una niñita poco interesante. Sara estaba aterrada y salió corriendo. Su casa era una especie de enorme laberinto, con parques y jardines entre las construcciones. Sara la conocía muy bien, así que salió a la calle corriendo sin parar, pasó por barrios pobres que no conocía, encontró a una especie de bruja que le vendió unas extrañas pócimas para las mujeres, mezclada en la muchedumbre salió por las puertas de la ciudad y, de pronto, se encontró sola en la playa sin saber qué hacer.
Entonces vio a un muchacho que venía desde las tiendas de los mar Tu, "los hombres sin ciudad". El joven encendió fuego, trajo alimentos y cobijas para que Sara pudiera pasar tranquila la noche. Así se conocieron Sara y Abraham, y comenzó una larga historia de amor que los unió hasta la muerte. Pero, a la mañana siguiente, la descubrieron los soldados de su padre y la llevaron al palacio. En su vuelta a la vida cotidiana, Sara se siente feliz hasta que empieza a sospechar que su padre seguramente volverá a tramar su casamiento. Entonces toma los brebajes que compró en su huida y enferma gravemente. Uno de los muchos médicos consultados dice que el destino de Sara es ser una virgen consagrada a la diosa Inanna.Ya en el santuario, Sara percibe a lo lejos la presencia de Abraham. De inmediato consigue una entrevista, seguida de un rapto. Los mar Tu eran tribus de pastores trashumantes, que al llegar a un lugar hacían un contrato con el rey cediendo una parte de sus manadas a cambio del derecho de utilizar los pastizales de la región. Más tarde se los conocería como hebreos. Abraham escuchaba la voz de su Dios, único e invisible. El siempre le contaba a Sara, su esposa, las promesas de Dios: una innumerable descendencia y unas tierras en Canaán, donde podrían asentarse y fundar ciudades.
Sara ya se había convertido en la más hermosa de las mujeres y nunca envejecía, pero era estéril. A los mar Tu llegaban noticias del esplendor de Egipto y de la fertilidad de las tierras en las orillas del Nilo; pero también se decía que los egipcios constituían un pueblo feroz, que mataba sin piedad a los extranjeros que se acercaban a ellos. Pero a pesar de todo decidieron partir y hallaron una cultura superior a todo lo conocido, con ciudades magníficas, de un refinamiento artístico insuperable y cuyos habitantes se comportaban con gran cortesía. El faraón los recibió amablemente, mientras miraba fascinado la belleza de Sara.
Abraham tuvo miedo de que el faraón lo matara para quedarse con ella y la presentó como su hermana. Esa noche, el faraón invitó a Sara a sus aposentos privados. Ella se encontró con un hombre muy inteligente y refinado que la trató con gran gentileza. A la mañana siguiente le confesó sonriendo que sabía que era la esposa de Abraham, y la despidió con grandes regalos, entre los que figuraba Agar, la doncella que la había atendido durante su permanencia en Egipto. El resentimiento de Sara por el engaño de Abraham duró un tiempo, hasta que vino la reconciliación.
Sara y Agar se hicieron amigas y como pasaba el tiempo sin que llegara el heredero, Sara decidió hablar con Abraham y le propuso que buscara su descendiente en Agar. Así lo hizo y nació Ismael. Pero la situación se complicó: Sara sufría al contemplar la alegría de Abraham jugueteando con su hijo ante la mirada regocijada de Agar, quien desafiaba orgullosamente a Sara. Finalmente Sara no pudo soportar más y le pidió a Agar que se fuera con su hijo.Más tarde se cumplió el milagro: Sara quedó embarazada y tuvo un hijo, Isaac, que fue el heredero de Abraham y el origen de una numerosa descendencia. Pero pareciera que la conflictiva relación entre los dos hermanos (Isaac e Ismael) y la de las dos amigas (Sara y Agar) todavía no puede resolverse, a juzgar por lo que actualmente ocurre en Medio Oriente. (c) LA GACETA

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