Brown, el hombre perdido bajo una densa nube de hipérboles

Por Gustavo Martinelli

20 Junio 2004
La historia universal, según escribió Carlyle, es simplemente la biografía de sus héroes. La verdad de esa aseveración, corroborada por el hecho de que la épica es el más antiguo de los géneros literarios, es particularmente cierta en la Argentina. Sólo que, a veces, los héroes no son siempre lo que parecen. Según Jorge Luis Borges, la historia argentina no es ciertamente una historia de masas, como los sociólogos quieren. Es la crónica de sus próceres, es el relato individual de los actos de fe de aquellos elegidos que soñaron y dejaron sus vidas por la patria. Tal es el caso de Guillermo Brown. Sin embargo, el trato que la historia le ha dado al legendario almirante a menudo ha oscurecido al hombre y ha creado una imagen acartonada del prócer.
Este libro de Marcos Aguinis -"esta biografía con ritmo de novela", como él mismo la define- es, además, una lúcida y exitosa operación de rescate. Rescate del héroe y del personaje, puesto que el almirante Guillermo Brown aparece en toda su dimensión épica; pero también porque tal dimensión no borra ni excluye los rasgos que lo convierten en el protagonista de un libro de aventuras.
Alguien, como consigna el autor, cuyas vicisitudes hubieran apasionado por igual a los novelistas del siglo diecinueve y del siglo veinte. Y que apasionarán asimismo a los lectores, a pesar de que los libros de historia hayan relegado muchos de esos detalles épicos. De hecho, el culto a los héroes que hace la historia argentina corre este tipo de peligros. El muerto se endurece; el ser que fue de carne y hueso se vuelve de mármol. Las batallas degeneran en días feriados y las vicisitudes de las conquistas permanecen en el olvido. Y nadie sufrió más de esto que el almirante Guillermo Brown.
Redactada en tiempos difíciles, cuando la incertidumbre y el desaliento parecían volver impensable una obra de esta laya, "El combate perpetuo" invita a ser leída y releída como un cautivante relato y también como forma de tratar la historia de un modo distinto, nunca esquemático ni maniqueo, siempre riguroso e inteligente.
Marcos Aguinis ha emprendido en este volumen la difícil y benemérita labor de rescatar al hombre perdido bajo una respetuosa nube de hipérboles para colocarlo en su justa dimensión humana. "Evoco la mezcla de entusiasmo y de miedo que me embargaba mientras escribía la vida de Guillermo Brown. Eran años de soberbia, maniqueísmo y corrupción esmeradamente disimulados con altas dosis de hipocresía. Y una de las más cotizadas herramientas del encubrimiento era el culto de los héroes. Culto rígido, frío, estereotipado, que adora las apariencias. Yo quería humanizar al prócer. Devolverle carnadura, ambición, fatiga y rabia, transformando su gesta en algo verosímil, recuperando así nuestra capacidad de admiración", dice el escritor sobre su libro.
Lejos del modelo de creador virtuoso, Aguinis se ha esforzado más por las ideas que proponen sus obras que por el trabajo estrictamente literario. Si hay una línea de narradores como Saer, Piglia, Castillo o Rivera (en quienes todos reconocen lo mejor de la literatura argentina actual), también hay otra línea que propone pensar las cuestiones nacionales y universales desde la novela con una impronta más ensayística, más historicista incluso, que viene de Sábato, que sigue en Tomás Eloy Martínez y que se continúa en Aguinis.(c) LA GACETA

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