Del mayordomo de Lady Di

Por Beatriz E. de Parolo

20 Junio 2004
La vida y la muerte de Diana Spencer, última princesa de Gales, interesan a un masivo público. Por el carisma que le es atribuido, porque su muerte está envuelta por la duda y el misterio, porque la actualidad se ocupa de ella, el libro que comentamos devino un best-seller (del cual se espera una segunda parte).
Sin duda, el lugar ocupado por Paul Burrell en la vida de Lady Di, en tanto su mayordomo personal, fue el trampolín ideal para que el autor se lance a la aventura de relatar experiencias interpersonales, así como también, a la de revelar secretos, confidencias y alianzas inesperadas; decisión "discursiva" que seguramente le reporta interesantes beneficios económicos.
Sin embargo -noblesse oblige-, el trabajo del autor no parece sólo responder a intereses espurios: a lo largo de las 397 páginas del libro, P.B. trasluce una amorosa lealtad a la princesa de Gales y un monárquico respeto por la reina Isabel. Por el contrario, el mayordomo pone énfasis en destacar la distancia y la indiferencia manifiestas del príncipe Carlos no sólo en relación con Diana, sino con todo aquel que no pertenezca a su entorno personal. Otros personajes "antipáticos" de la historia son delineados con esmerada sobriedad. Se trata de Dodi Al Fayed y de su padre, así como también de algunos miembros de la familia Spencer (sobre todo la señora Frances Shand Kydd, madre de la princesa, y el conde Spencer, hermano de esta última).
Escrito de manera prolija y con elegante estilo, el libro apasionará a quienes siguen con interés el mundo de las monarquías: un lugar impregnado de pasiones e intereses que en el caso de la británica, según las descripciones y las narraciones de este libro, presenta vericuetos tortuosos, casi sombríos. Como en todo texto de este género, el lector pone en duda la autenticidad de los diálogos que se reproducen, dado lo poco creíble que resulta que el autor posea una memoria tan sólida. Sin embargo, los detalles plenos de dramatismo que se describen en los últimos capítulos -los más interesantes- conmueven al lector por su aparente autenticidad. Burrell transcribe una carta de Diana en la que relata la premonición de su muerte, narra la tragedia del 31 de agosto de 1997 y detalla descarnadamente situaciones posteriores: su devoción ante los restos mortales de Lady Di, la dolorosa distribución de objetos personales de la princesa, el desarrollo del funeral en el que se devela el desagradable enfrentamiento entre los Spencer y los Windsor. La estrecha vinculación de Lady Di con su mayordomo acarrea a este último tanto menciones honoríficas, como serios disgustos judiciales. En efecto, Burrell recibe la condecoración Royal Victorian por su lealtad y servicio a la corona y es designado gerente de recaudación de dinero para la fundación para la Memoria de Diana, pero posteriormente es acusado de robo a la sucesión de la princesa, de una caja que contenía documentos confidenciales.
Finalmente se devela que la madre de Lady Di había destruido gran cantidad de escritos y, a partir de la firme intervención de la casa real, el acusado es declarado inocente. Al cerrar la última página de esa suerte de "memorias" de un período de la vida del autor, sabemos que no está todo dicho. Que la Historia británica merece hilvanar los sucesos que rodean la vida y la muerte de Diana de Gales de manera tal que respondan a la verdad. Sí, efectivamente, el libro deja entrever de manera clara y a partir de una serie de implícitos, sugerencias y omisiones que Burrell, entre otros, tendría aún mucho para contar.
Una esmerada traducción de Raquel Albornoz, así como la reproducción de fotos de calidad, realza la publicación. (c) LA GACETA

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