20 Junio 2004 Seguir en 
No es casual que en el título de la novela aparezcan dos términos clave de la escritura de Soriano: el tiempo y la sombra. La hora sin sombra (1995) es la mejor novela del escritor. Puede ser leída como su testamento literario. Un libro con componentes autobiográficos que se arma como doble búsqueda: la de la vida y la de la literatura. Es la novela del amor al padre. Una novela sobre la novela misma y sobre la literatura. La historia se centra en la persecución de la delirante figura paterna al mismo tiempo que en la escritura urgente de una novela. Señala Tomás Eloy Martínez en el prólogo: "Todas las piezas encajan y, a la vez, todas están desencajadas".
Una road movie en la cual el narrador, oculto y sin nombre, rueda por los caminos en un Torino. Una escritura que se va haciendo en la carretera. Un libro al que se juega a olvidar y encontrar. En los distintos soportes -la pantalla, el diskette, el cuaderno y hasta en la carrocería del auto- la escena de la escritura se multiplica e incorpora historias. Una novela enterrada que se vuelve a escribir antes de fundirse en el autor. Como si la literatura trascendiera la hoja de papel.
Un homenaje a los sueños del hombre que quiso construir una ciudad de cristal, La hora sin sombra es la novela del padre, del amor entre el padre y el hijo. Si el padre se pierde y se encuentra en la huida o en la muerte, la madre sólo puede ser citada en películas, revistas y relatos. Los orígenes de la historia familiar están ligados al primer peronismo; el presente, al menemismo. El texto tiene mucho de autobiográfico. Se tejen en él restos de las narraciones de Soriano sobre el padre, que se leían con fruición en el diario del domingo o en Cuentos de años felices. El progenitor cree en la ciencia con el mismo entusiasmo que el hijo en la literatura. Los sueños son el legado.Como ningún otro, el relato es un inventario de las obsesiones del autor: el camino, las sombras, los personajes, las prostitutas, la novela familiar y la historia argentina, hasta Colonia Vela. Con hiperrealismo el autor registra marcas olvidadas de objetos o artículos de un mundo desaparecido. El Torino es una metáfora. Al mismo tiempo, el zumbido en la oreja del protagonista remite a la enfermedad terminal del autor.
La literatura es al hijo lo que la ciudad al padre. La hora sin sombra es el luminoso encuentro del hijo con el padre y del escritor consigo mismo. Pero sobre todo, el del escritor con la experiencia múltiple de la literatura. "Una novela es como una tormenta en el océano, pasa y no deja huella", dice el narrador. Sin embargo, esta es una de esas obras que nos suceden, modificándonos en tanto lectores. Por eso en la edición resulta absolutamente innecesaria la inclusión de textos sobre la novela en el apartado final, "Génesis y escritura de La hora sin sombra". El lector puede atravesarla con su propia bitácora sin recomendaciones que lo autoricen. (c) LA GACETA
Una road movie en la cual el narrador, oculto y sin nombre, rueda por los caminos en un Torino. Una escritura que se va haciendo en la carretera. Un libro al que se juega a olvidar y encontrar. En los distintos soportes -la pantalla, el diskette, el cuaderno y hasta en la carrocería del auto- la escena de la escritura se multiplica e incorpora historias. Una novela enterrada que se vuelve a escribir antes de fundirse en el autor. Como si la literatura trascendiera la hoja de papel.
Un homenaje a los sueños del hombre que quiso construir una ciudad de cristal, La hora sin sombra es la novela del padre, del amor entre el padre y el hijo. Si el padre se pierde y se encuentra en la huida o en la muerte, la madre sólo puede ser citada en películas, revistas y relatos. Los orígenes de la historia familiar están ligados al primer peronismo; el presente, al menemismo. El texto tiene mucho de autobiográfico. Se tejen en él restos de las narraciones de Soriano sobre el padre, que se leían con fruición en el diario del domingo o en Cuentos de años felices. El progenitor cree en la ciencia con el mismo entusiasmo que el hijo en la literatura. Los sueños son el legado.Como ningún otro, el relato es un inventario de las obsesiones del autor: el camino, las sombras, los personajes, las prostitutas, la novela familiar y la historia argentina, hasta Colonia Vela. Con hiperrealismo el autor registra marcas olvidadas de objetos o artículos de un mundo desaparecido. El Torino es una metáfora. Al mismo tiempo, el zumbido en la oreja del protagonista remite a la enfermedad terminal del autor.
La literatura es al hijo lo que la ciudad al padre. La hora sin sombra es el luminoso encuentro del hijo con el padre y del escritor consigo mismo. Pero sobre todo, el del escritor con la experiencia múltiple de la literatura. "Una novela es como una tormenta en el océano, pasa y no deja huella", dice el narrador. Sin embargo, esta es una de esas obras que nos suceden, modificándonos en tanto lectores. Por eso en la edición resulta absolutamente innecesaria la inclusión de textos sobre la novela en el apartado final, "Génesis y escritura de La hora sin sombra". El lector puede atravesarla con su propia bitácora sin recomendaciones que lo autoricen. (c) LA GACETA







