30 Mayo 2004 Seguir en 

Si la ansiedad es el anhelo desbordado, precipitado, perdido, abrasado, consumido, desvivido, va de suyo que la novela de Daniel Link no pudo tener un título más feliz. Es la ansiedad, pues, la pura inmediatez, la gozosa impaciencia, el fuego donde crepitan los cibernautas, mas no ya para sufrir los incordios del infierno sino para asirse a la tierra prometida del encuentro.
Habrá que ver, sin embargo, hasta dónde Internet comunica, acerca, condensa; hasta dónde responde a los afanes vinculares o si, por el contrario, será menester disipar el equívoco y convenir, como postuló Simone de Beauvoir, a propósito del teléfono, que cuanto mucho confirma las distancias.
Algo más o menos así parece sospechar Link cuando afirma, en el dossier de prensa que precede al texto propiamente dicho, que en rigor "nada puede salvarse fuera de la cibercomunidad porque las ciberrelaciones no son transferibles al mundo real". Pero la hipótesis no lo inquieta demasiado porque, en todo caso, lo que más lo convoca del asunto es su vertiente experimental ligada a la escritura y a la ficción. Y eso, dice, es un real que excede a la voluntad explícita del cultor de e-mails, de chats, de videoconferencias.
Presentada a sí misma como una novela trash (vocablo que en inglés admite equivalencias con basura, tontería, pacotilla), La ansiedad se mete con las obsesiones y las devociones de criaturas que se obstinan, con fervor y por amor, en reconciliar dos términos en apariencia irreconciliables: virtualidad y vitalidad.Manu, Michel y los otros se revelan como náufragos siglo XXI en ese océano de vértigo fragmentado, intercalado, por qué no desesperado, propiciado por una de las herramientas más impactantes de las nuevas tecnologías.
Narrador atento, minucioso mas no pretencioso, y mucho menos portador de consignas moralizantes, Link se vale de los genuinos hilos conductores que le ofrece la materia de marras, incorpora un puñado de célebres voces en sordina (Barthes, Freud, Mann, Kafka, Foucault, Mc Luhan), privilegia las pausas y los silencios indispensables y consigue, al cabo, componer un estupendo paisaje, o mejor: si se admite la herejía de poner en suspenso los límites y las incumbencias de los géneros, bien podría La Ansiedad ser recibida como un valioso aporte ensayístico a la subjetividad de nuestros días. (c) LA GACETA
Habrá que ver, sin embargo, hasta dónde Internet comunica, acerca, condensa; hasta dónde responde a los afanes vinculares o si, por el contrario, será menester disipar el equívoco y convenir, como postuló Simone de Beauvoir, a propósito del teléfono, que cuanto mucho confirma las distancias.
Algo más o menos así parece sospechar Link cuando afirma, en el dossier de prensa que precede al texto propiamente dicho, que en rigor "nada puede salvarse fuera de la cibercomunidad porque las ciberrelaciones no son transferibles al mundo real". Pero la hipótesis no lo inquieta demasiado porque, en todo caso, lo que más lo convoca del asunto es su vertiente experimental ligada a la escritura y a la ficción. Y eso, dice, es un real que excede a la voluntad explícita del cultor de e-mails, de chats, de videoconferencias.
Presentada a sí misma como una novela trash (vocablo que en inglés admite equivalencias con basura, tontería, pacotilla), La ansiedad se mete con las obsesiones y las devociones de criaturas que se obstinan, con fervor y por amor, en reconciliar dos términos en apariencia irreconciliables: virtualidad y vitalidad.Manu, Michel y los otros se revelan como náufragos siglo XXI en ese océano de vértigo fragmentado, intercalado, por qué no desesperado, propiciado por una de las herramientas más impactantes de las nuevas tecnologías.
Narrador atento, minucioso mas no pretencioso, y mucho menos portador de consignas moralizantes, Link se vale de los genuinos hilos conductores que le ofrece la materia de marras, incorpora un puñado de célebres voces en sordina (Barthes, Freud, Mann, Kafka, Foucault, Mc Luhan), privilegia las pausas y los silencios indispensables y consigue, al cabo, componer un estupendo paisaje, o mejor: si se admite la herejía de poner en suspenso los límites y las incumbencias de los géneros, bien podría La Ansiedad ser recibida como un valioso aporte ensayístico a la subjetividad de nuestros días. (c) LA GACETA







