Circunstancias locales y conceptos con alcance universal

Por Samuel Schkolnik

30 Mayo 2004
Hay un público que asiste a mesas redondas, que siente inquietudes culturales y que vive atento a los temas de actualidad. Lo componen personas que casi en todos los casos desconocen las leyes de la termodinámica, el número atómico del carbono y el proceso de la fotosíntesis, pero que vibran de interés ante palabras como "posmodernidad", "deconstrucción" y "crisis del sujeto".
Ese público no necesariamente cultiva las ciencias sociales, pero es en su seno donde se reclutan sus cultores, y es su masa la que depara la audiencia de aquellos voceros.El libro que comentamos forma parte de ese circuito. El pasaje que sigue ilustra acabadamente su estilo: "El Estado representa el lazo social. ¿Desde dónde se instituye el lazo? Desde algún discurso. Ese discurso monta a la vez la ficción del lazo y la de la representación del lazo en el Estado. Un mismo gesto instaura el lazo y la instancia que lo representa. Aquí conviene partir de un hecho: en el fondo de lo social sólo hay inconsistencia" (Pág. 27).
El autor sostiene que el pensamiento moderno arraiga en el Estado y se alimenta de él; que "en Mayo del ?68 surgen la subjetividad y el pensamiento antiestatales, luego llamados posmodernidad"; que el pensamiento "postestatal" es el de una radical contingencia; que "Diciembre de 2001 liquida nuestra posmodernidad"; que ese jalón del calendario nacional significa la extinción de las bases sobre las que discurría el pensar -aun siguiendo caminos opuestos-, y que "el desfondamiento nos sitúa en los umbrales de una fluidez que liquida nuestra posmodernidad y su modernidad".
Lo de la "fluidez" no es un asunto más; es la situación en la que todo lo sólido se desvanece en el aire, y en la que la existencia se descubre -como quien dice- desinstalada. A ese estado de cosas se refiere el subtítulo de este libro: "La subjetividad en la era de la fluidez".
El autor no quiere ser menos que sus colegas italianos y franceses, "que ejercen el hábito soberano de considerar sus coyunturas como grandes temas de pensamiento".
Con el mismo talante, Ignacio Lewkowicz reflexiona sobre circunstancias locales mediante conceptos de alcance universal.Hay que decir que logra ese cometido: su texto, pródigo de erudición, registra los mismos acentos actualizados y quejosos -"críticos"- que los de los trabajadores europeos de la inteligencia.
Los capítulos del volumen que comentamos son la transcripción de mesas redondas. El libro es suficientemente idóneo para agradar al público al que se dirige, que puede considerarse una extensión del que participó de las actividades culturales que le dieron origen.
Mientras tanto los naranjos están en flor, y la relación entre toda circunferencia y su diámetro sigue siendo la de siempre. (c) LA GACETA

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