Tercera edad

La disminución natural de las funciones renales y hepáticas, del peso y del agua del organismo, hacen que haya que tener más cuidado con la interacción medicamentosa.

12 Mayo 2004
A medida que pasan los años nuestro cuerpo se vuelve más sensible a la interacción medicamentosa, lo que muchas veces representa un problema para la salud de las personas mayores de 65 años en general.
"En dosis adecuadas, los medicamentos no tienen por qué producir ningún tipo de alteración", aclara la doctora Lía Daichmann, especialista internacional en Gerontología y Geriatría y miembro de la Asociación Gerontológica de Buenos Aires, y agregó que hay estrategias de medicación que evitan esos posibles efectos nocivos.
Sin embargo, a veces la realidad de las instituciones sanitarias dificulta mucho la posibilidad de hallar e implementar la alternativa óptima de medicación para cada paciente.

Cada uno atiende su juego
La médica dio un ejemplo: "Una persona que va de especialista en especialista y está cinco minutos con cada uno recibe medicación muy variada, pero cada médico atiende su juego y el paciente termina peor que cuando entró. Cuando no se estudia a los pacientes ?resume? no se los diagnostica, y como no se los diagnostica se los trata mal."
"Hay cosas que suelen darse por sentadas en pacientes más jóvenes, pero que en gente mayor hay que evaluar", advierte por su parte el doctor Carlos Musso, miembro de las sociedades argentinas de Geriatría y de Nefrología, y resume: "Cuando uno va a medicar a una persona mayor se dan dosis menores, por su menor peso, su menor eliminación de los remedios por vías renales y hepáticas, y porque nuestro cuerpo está constituido por una proporción de agua que va bajando desde el nacimiento hasta la vejez".

Precauciones adecuadas
Además de dar las indicaciones siempre por escrito y con letra clara y legible, detallando la posología de cada medicamento para evitar posibles confusiones u olvidos (el especialista lo destaca en forma precisa), se debe procurar también, por una cuestión de facilidad de la adherencia entre otras cosas, que la cantidad de pastillas que se prescriben sea la menor posible en las personas mayores.
Otro tema a tener en cuenta a priori es la disminución con la edad de la capacidad propulsora de esófago, que puede ser un problema a la hora de tragar comprimidos: "El esófago efectúa un movimiento para trasladar lo que se ingiere hacia el estómago, pero muchas veces en la persona mayor esa capacidad está disminuida, y es muy importante que las pastillas sean tomadas con una buena hidratación, con un buen vaso de agua y no sola, porque a veces la saliva sola no alcanza para que la pastilla progrese hasta el estómago". De otra manera, según apunta Musso, se corre el riesgo de perforación en el esófago.

Evaluar los efectos colaterales
Cada medicamento afecta típicamente a determinados órganos en particular, y exige por lo tanto el monitoreo periódico de esas funciones, porque además de la efectividad de los tratamientos, en las personas mayores es necesario redoblar el cuidado de que no sean colateralmente dañinos. Así es como los tratamientos para bajar el colesterol exigen hepatogramas periódicos, o inclusive el análisis de enzimas musculares.
En el caso específico de los riñones, estos disminuyen su filtración glomerular ?es decir, la capacidad de eliminar a través de la orina las toxinas que hay en la sangre? a razón de 1ml por año a partir de la cuarta década de vida. Recomiendan especial cuidado al respecto con las dosis altas de antiinflamatorios no esteroides (del tipo de la aspirina en dosis mayores a los 300mg, aunque no las dosis bajas usadas para prevención cardiovascular) que se suelen consumir enlos tratamientos prolongados de procesos inflamatorios, y con antibióticos aminoglucócidos, como la gentamicina. "Hay que usarlos en dosis acotadas y en períodos cortos. Las dosis tienen que ver también con el peso y la superficie corporal", agrega el doctor Musso. Las personas tienen menos masa corporal que en su juventud y esto también puede requerir bajar las dosis a medida que pasan los años, inclusive a través de los tratamientos crónicos.

Evitar la polimedicación
La baja de la proporción de agua que existe en el cuerpo humano (de un 80% cuando nacemos) es otro de los motivos de que se deban reducir las dosis. El cuerpo de un adulto joven es 60% agua, y en la etapa de adultos mayores esa proporción baja al 40%. Este es un proceso natural, que no tiene nada que ver con el cuadro clínico conocido como "deshidratación". El caso es que como muchas drogas se distribuyen en el cuerpo a través el agua, esta disminución de la proporción puede ocasionar a su vez dificultades en la distribución de los componentes a través del organismo.
Además del posible riesgo debido a dosis inadecuadas, el especialista agrega que se debe tener cuidado con la interacción entre medicamentos. Como "a mayor cantidad de pastillas, mayor riesgo de interacciones", la principal estrategia que los geriatras usan para disminuir la frecuente polimedicación que muchas veces afecta a los pacientes de la tercera edad, consiste en tratar de usar drogas que actúen sobre más de una de las patologías. Si pese a esto sigue habiendo un exceso en la cantidad de drogas que un paciente debe tomar, los especialistas optan muchas veces por tratar sólo aquellos problemas de salud que coloquen al paciente ante un riesgo vital.
"Si el cardiólogo tuvo que atender a muchos pacientes ese día, tal vez no se puede poner a investigar si el paciente está tomando un antiinflamatorio porque le duele la rodilla, y tal vez el problema cardíaco del paciente sea a causa de que está reteniendo agua y sodio en la rodilla", ejemplifica a su vez la doctora Daichmann. El paciente debe tener un médico de cabecera para evitar complicaciones surgidas en los frecuentes casos en los que un especialista no sabe lo que recomendó al paciente su colega de otra especialidad: "Es algo muy nuestro, muy propio de nuestros sistemas enfermos", opina.
Por otra parte, es responsabilidad del paciente de edad "advertir al médico qué medicamentos está tomado", aunque "tiene que tener la suerte de que el médico lo escuche", concluyó.

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