21 Diciembre 2003 Seguir en 

El subtítulo de este libro es revelador. En castellano: Mujeres clave del siglo XX; el del original en francés: Las que hicieron el siglo XX. Aunque es irrefutable la trascendencia de muchos célebres que aborda el libro -Einstein, Freud y Marx fundamentalmente-, la afirmación no deja de ser excesiva si el autor pretende situarse desde una perspectiva universal. Dicho esto, el posible lector se encontrará con relatos muy animados, que aportan datos interesantes sobre la vida de personalidades del siglo pasado, a través de los cuales Bruno Halioua pretende rendir homenaje a sus madres.
Es así como desfilan pequeños, humanos y vulnerables: Proust, Modigliani, Chagall...Sus historias focalizadas en la relación fusional o conflictiva con su madre, según el caso, atrapan por la "desacralización" del genio visto desde la labilidad de los primeros años de la vida. A los talentos enumerados más arriba se suman Sara Bernhardt, Romain Gary, Woody Allen, los hermanos Marx, Anne Franck, Albert Coen y Moshe Dayan.
A pesar de que el autor consultó fuentes bibliográficas -memorias, correspondencia, biografías-, sus relatos están dotados de ciertos ingredientes que resultan propios de la ficción y que los confieren el ritmo y la animación que mencionamos.
Por nombrar sólo a algunas, de entre todas las "madres" retengo a Jeanne Proust: desde el relato dedicado a ella, el lector descubre la coherente relación entre lo que la madre de Marcel "hizo" por su hijo y lo que fue y produjo el escritor. Asimismo, la historia de Nina Gary resulta conmovedoramente literaria: sintiendo próxima su muerte, escribió doscientas cincuenta cartas a su hijo Romain alistado en la resistencia y le pidió a una amiga que se las enviara luego de su muerte. Plena de colorido y divertida resulta la descripción del vínculo conflictivo entre la cocotte Judith Bernhardt y su afamada hija Sarah.
El libro confirma, por un lado, lo que se conoce como el perfil de la madre iddish pero en alguna medida, el de la madre universal. Esa que al decir de Albert Cohen "cuanto más débiles somos, tanto más nos ama". (c) LA GACETA
Es así como desfilan pequeños, humanos y vulnerables: Proust, Modigliani, Chagall...Sus historias focalizadas en la relación fusional o conflictiva con su madre, según el caso, atrapan por la "desacralización" del genio visto desde la labilidad de los primeros años de la vida. A los talentos enumerados más arriba se suman Sara Bernhardt, Romain Gary, Woody Allen, los hermanos Marx, Anne Franck, Albert Coen y Moshe Dayan.
A pesar de que el autor consultó fuentes bibliográficas -memorias, correspondencia, biografías-, sus relatos están dotados de ciertos ingredientes que resultan propios de la ficción y que los confieren el ritmo y la animación que mencionamos.
Por nombrar sólo a algunas, de entre todas las "madres" retengo a Jeanne Proust: desde el relato dedicado a ella, el lector descubre la coherente relación entre lo que la madre de Marcel "hizo" por su hijo y lo que fue y produjo el escritor. Asimismo, la historia de Nina Gary resulta conmovedoramente literaria: sintiendo próxima su muerte, escribió doscientas cincuenta cartas a su hijo Romain alistado en la resistencia y le pidió a una amiga que se las enviara luego de su muerte. Plena de colorido y divertida resulta la descripción del vínculo conflictivo entre la cocotte Judith Bernhardt y su afamada hija Sarah.
El libro confirma, por un lado, lo que se conoce como el perfil de la madre iddish pero en alguna medida, el de la madre universal. Esa que al decir de Albert Cohen "cuanto más débiles somos, tanto más nos ama". (c) LA GACETA







