El único ser que actúa es el hombre

Por Samuel Schkolnik

21 Diciembre 2003
La cuestión de fondo en este libro es la que inquiere en qué consiste la libertad. Con el fin de otorgarle a esa pregunta un contenido menos inasible que el que exhibe cuando se la formula de aquella abstracta manera, el autor examina unos conceptos más tangibles, que sin duda constituyen notas de la idea de libertad, en cualquiera de las variedades que esta admite.
Esos conceptos -digamos, previos- son los de acción y elección.
En su análisis, Savater suscribe la tesis de que el hombre es el único ser que actúa, si por acción se entiende no todo movimiento sino aquel animado de un propósito y sostenido por una voluntad. El ser humano se distinguiría, así, tanto de las cosas inertes (cuyo movimiento sólo procede de causas externas) como de los demás animales (cuya conducta emerge de un programa genético). Y no es que el hombre esté exento de esas clases de determinaciones, sino que le es dado integrarlas en una suerte de autoprogramación, en el curso de la cual el ser humano se produce a sí mismo. Savater apoya esta afirmación en el hecho de que el genoma humano difiere muy poco no solamente del que es propio del chimpancé, sino también del que define a un ratón. Por lo tanto, arguye, lo que nos distingue de esos seres no ha de radicar en los cromosomas.Estos análisis y las argumentaciones que los contienen constituyen una primera parte del libro, en la que el autor formula lo que llama una "antropología de la libertad". Una segunda parte de la obra, de carácter menos conceptual que histórico, examina algunas "elecciones recomendadas" de entre las capaces de otorgar contenido a la libertad. Se puede, en efecto, y muchos lo han hecho en el curso del tiempo, elegir la verdad, o el placer, o la política, o la humanidad, o lo apenas contingente.
Las tesis que expone Savater son por cierto discutibles, pero el libro mismo en que las expone es uno de los mejores debidos a su pluma prolífica y gallarda. (c) LA GACETA

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